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Marco Simoncelli: Eterno 58

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“Veo que algunos de mis amigos que han terminado el instituto no saben qué hacer con su vida, si trabajar o estudiar. Yo creo que una cosa que ayuda a vivir con más coraje es tener un objetivo. De cualquier tipo, tanto deportivo como laboral. Pero tío, si tienes en la cabeza un objetivo, cualquier cosa que tienes que alcanzar, creo que eso te ayuda a ir hacia adelante sin miedo” – Marco Simoncelli

Hace más de 5 años que te fuiste, pero aunque ya no estés en cuerpo, tu alma parece seguir cada gran premio, en cada curva, en cada recta, en cada pódium. Y sí, Marco, no te olvidan, no te olvidamos. Fuera o dentro de la pista tu nombre será por siempre recordado.

Aquel fatídico 23 de octubre, allá por 2011, la tragedia se cebó contigo. La muerte, esa con la que bailan los pilotos en cada carrera se cobró una nueva víctima. Solo tenías 24 años cuando se te llevó. Fue un duro golpe para todos los aficionados a las dos ruedas, y no me quiero ni imaginar lo que supondría para tus más allegados. Nadie lo esperaba, pero pasó. Un accidente que acabó con tu vida, pero no con tu legado, tu leyenda.

Eras grande Marco, muy grande. Cualquiera que te hubiera seguido desde tus comienzos en 125 lo sabía y aun lo sabe. Eras el llamado a ocupar el sitio de Valentino Rossi como gran icono italiano del motor. Tenías carisma y talento como para lograrlo. Además, al igual que él, no sabías de medias tintas. O todo o nada, pero siempre buscando ser el mejor.

La victoria entre ceja y ceja. Eso es lo que querías. Querías comerte el mundo. Querías ganar todo, y además disfrutabas como un enano encima de tu compañera de viaje, esa moto con la que creciste y de la que fueron cambiando las cilindradas pero no tu pasión por ella.

125 cc

Pusiste un primer pie en el campeonato del mundo, corriendo seis carreras en el año 2002, pero no sería hasta 2004, cuando ante el público de Jerez, y bajo las nubes grises y lluviosas que cubrían el cielo y empapaban la pista, celebraste por primera vez una victoria. Tu primera victoria en 125. Aquel día compartiste escenario con Jorge Lorenzo, Andrea Dovizioso o Casey Stoner, entre otros, pero ninguno pudo contigo. Cruzaste el primero la bandera a cuadros, con el 58, en amarillo, y bien marcado en tu Aprillia, dejando claro lo que venías anunciando, tú enorme potencial.

Volviste a ganar una segunda vez en 125, al año siguiente, y en Jerez de nuevo. Esta vez con un dominio casi insultante. Pole position y mandando desde el comienzo para cerrar tu casillero de triunfos en 125, antes de dar el salto en 2006 al campeonato de 250cc. No llegaste como campeón del mundo a la categoría, pero te marchaste como tal.

250cc

Una vez más, tardaste en coger feeling a las pruebas. Te costó arrancar, y te quedaste lejos de la victoria, e incluso del pódium, en tu primera y segunda campaña. Sin embargo, en 2008, los tiffosi acudieron a Mugello para verte alzar los brazos tras un duro enfrentamiento con Héctor Barberá, el cual, acabó en el suelo, muy descontento por tu maniobra. Eras osado, y lo dejaste claro. No te ibas a dejar intimidar por nadie, ni nadie te haría cambiar tu estilo agresivo a la par que valiente.

“Fueron dos años sin victorias, así que ganar de nuevo y hacerlo en un circuito como Mugello, en el Gran Premio de casa, fue lo mejor que me podía suceder” “Me entristeció ver que mucha gente pensara que fue una victoria `robada´, pero yo no he cambiado de opinión. Lo siento por Héctor, no quería que se cayera, pero no fue más que un incidente de carrera, estas cosas pueden pasar. Fue al inicio de la última vuelta y tenía que hacer algo, ya que él me seguía de cerca, desgraciadamente nos tocamos, pero pude continuar y lograr la victoria” comentaste en una entrevista al acabar aquel año.

En Montmeló, fue otro español, esta vez Álvaro Bautista, el encargado de ver como volvías a levantar el puño en señal de victoria. Le ganaste sobre la línea de meta. Al “sprint” y por dos décimas. Solo dos triunfos más (Japón y Australia) te bastaron para alcanzar tu sueño. Quedaste tercero en Malasia, en Sepang, y por fin te dieron tu corona, tu corona de campeón.

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Simoncelli en el podio en Brno, República Checa | Getty Images

No llevabas el cartel de favorito, ni tuvieron total confianza en ti, ya que no sería hasta mitad de temporada, cuando llevarías junto a ti una moto oficial de la marca Gilera, y a pesar de ello, ganaste, y enamoraste. Muchos te odiaron por tu forma de pilotar, mientras que otros se convirtieron, si no lo eran ya, en incondicionales de tu causa, esa que te llevaría a quedarte un curso más en 250 para defender tu título.

Te mantuviste para revalidarlo, pero no fue posible. El nipón, Hiroshi Aoyama, se proclamó campeón en 2009, y juntos disteis el salto a la categoría reina, Moto GP.

MOTO GP

Apostaron por ti en Honda, con una moto satélite eso sí, y les devolviste la confianza puesta en tu pilotaje, con un meritorio octavo puesto en el campeonato, en tu año como rookie. Regular, sin perder tu estilo, así lo hiciste.
Gran año el de tu estreno, y por si no fuera poco, tuviste la oportunidad de batallar sobre el asfalto con tu ídolo, Valentino Rossi, con el cual establecerías una bonita relación de amistad.

Ibas bien encaminado, pero querías más y lo querías ya. Por eso, en 2011, no dudaste en aumentar tus prestaciones, y cabalgando tu caballo metálico, la San Carlo Honda Gresini, dejaste claro la clase de piloto que eras.

El país que te vio debutar en 2002, República Checa, fue testigo de tu primer pódium en la categoría reina. Aquel día te acompañaron en él, Casey Stoner (1º) y tu compatriota Andrea Dovizioso (2º), dejándote disfrutar, en el tercer escalón, del gran éxito que suponía aquel resultado para ti.

MISANO ADRIATICO, ITALY - SEPTEMBER 04:  Marco Simoncelli of Italy and Repsol Honda Team rounds the bend during the end of the MotoGP race of the MotoGP of San Marino at Misano World Circuit on September 4, 2011 in Misano Adriatico, Italy.  (Photo by Mirco Lazzari gp/Getty Images)

Marco Simoncelli en el GP San Marino 2011 | Getty Images

En San Marino, Aragón y Japón te quedaste a las puertas de festejar (cuarto en todos ellos), pero entonces llegó Australia, donde Stoner se proclamó campeón, y estuviste más cerca que ningún otro de batirle en pista. Gran segundo puesto el que lograste, una vez más, peleando cada segundo arañado al reloj. Apurar en cada curva, exprimir tus posibilidades hasta el máximo, como hiciste con tu vida, hasta que está te lo permitió. Aprovechaste tu vida hasta el final Marco, eso es lo que hiciste, y lo mejor que siempre fue con una sonrisa al quitarte el casco.

Nadie pensaba que te quedaba tan poco cuando comenzó la carrera en Sepang. El circuito donde habías alcanzado la gloria, sería en el mismo en el que perderías la vida. Te fuiste al suelo al poco de arrancar, con tan mala suerte que Edwards y Rossi no pudieron evitar contactar contigo a lomos de sus motos. No sé ni que decir al pensar en la imagen que se me viene del accidente. La vida es cruel en ocasiones, y aquel día, aquel fatídico día….. Bueno es de sobra conocido lo que pasó, no es necesario repetirlo.

Conmocionados, cada espectador y participante en aquel gran premio, así como los millones de personas que vieron, o se enteraron con posterioridad del trágico desenlace, no supieron que decir, no había palabras para describir la desgracia, pero lo que no se podía permitir, es que tu sonrisa fuera olvidada.

Viviste al máximo. Viviste cada segundo como si fuera el último. Sabías los riesgos que suponía alcanzar tus sueños, pero no dudaste en ir a por ellos. Fuiste valiente, fuiste un soñador, y tocaste el cielo.

Bailaste entre las nubes, esas mismas que te recogieron a buen seguro tras aquel día. No dejaste indiferente a nadie durante todos aquellos años de espectáculo sobre la pista. Para bien o para mal, ahí estabas, con tu sonrisa de oreja a oreja, sonriendo por poder vivir tu sueño día a día, esperando la siguiente carrera en cada final, esas carreras que aunque ya no disputes, nunca te olvidarán, y a las cuales te quedarás ligado como parte de su historia, de la historia del motociclismo. Porque Marco, sé que no estás aquí, pero tu recuerdo y tu huella quedaron grabados en el asfalto. Eras diferente. Eras y serás, un piloto especial.

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