Tenis

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Mantener la esperanza

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La noche neoyorkina alumbra lo, hasta ahora, escondido en la sombra de las lesiones y funde las expectativas de un ‘Clásico’ a las puertas del albor. Esa grandeza lleva nombres y apellidos. Esa grandeza solo la escriben dos hombres renacidos de su ser que jamás se apearon de su esencia. Y su esencia contiene una de las mejores virtudes en un ser humano: la constancia.

Nadal y Del Potro están hechos de constancia. Corre, a raudales, en sus venas. Flirtea arteria a arteria hasta vomitarla en forma de grito al aire. Su rugido se siente en la Gran Manzana, allí donde mordisquean, a sus anchas, los libros de Historia del deporte.

Ambos han sido maltratados por la fortuna. Pero el destino, que es viejo y deudor, le devuelve su espera en forma de unas semifinales que se degustan ya, a partes iguales, en Manacor y Tandil.

Nadal y Del Potro han consumado un retorno sin parangón. Han hecho que el miedo les tema. Han hecho vibrar los cimientos de la crítica. Han demostrado que la voluntad puede más que ninguna cosa en este mundo.

Nadal volvió en Melbourne y materializó lo tangible en París. Del Potro convivió con la duda hasta Nueva York y se levantó ante Thiem en Octavos. Evidenciaron, ante los ojos del mundo, que el que les falte el respeto, no entiende nada sobre este deporte. Que el tenis son ciclos, como la vida (qué cosas) y que caerse es necesario pero lo importante es volver a ser tú para dar el paso y erigirte.

LEER MÁS: Del Potro, la mayor pesadilla del Big Five

Ahora la vida los junta, de nuevo, en una pista de tenis. Con Río de Janeiro en la mirilla. Con la Ashe -la Central más grande del mundo- como testigo. Ante el parpadeo en cada casa. Culminando el perfecto ejemplo para generaciones venideras. Sus valores sí que son el mejor de los trofeos.

No me puedo creer que esté en semifinales después de todas mis operaciones“, dice Del Potro. “Ahora es el momento de dar lo mejor de mí“, se confabula Nadal. En Queens, la vida concede nuevas oportunidades tras una sucesión de desajustes que, con el pegamento de la fe, dan a luz, de nuevo, un duelo a prueba de corazones. Volver la vista atrás sirve de mucho hoy.

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