Fútbol inglés

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Cumplir un sueño

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¿Hay algo más emocionante que cumplir un sueño? No, no un sueño cualquiera. Uno de esos sueños que llevas formando e idealizando desde bien pequeño, que se te aparece por las noches, de una forma tan espontanea como mágica, y te hacen despertar, pero con unas ganas increíbles de volver a dormir, solo para volver a sentir, para volver a vivirlo, por unos instantes.

Mi gran sueño siempre ha sido vivir un partido de la Premier League, sentirlo, con los cinco sentidos, cerrar los ojos y respirar el olor del verde césped inglés, no sin dejar de oír el entrañable concierto de canticos que te ofrece toda afición inglesa, y volver a abrirlos solo para darme cuenta, de que en esa ocasión no es un sueño, es real, estoy ahí, lo estoy viviendo.

Este fin de semana he cumplido ese gran sueño, un sueño que me ha permitido ser la mejor versión de mí, la que más disfruta, durante tres días. Una versión de mí que se sentía en casa, estando tan lejos de ella realmente. Una versión de mí que no paraba de ver y sentir lo que más le gusta, el fútbol.

He pasado un fin de semana en Manchester, una de las grandes capitales del fútbol. Llegué saliendo de otra, como es Barcelona, el viernes. Ese mismo día, nada más llegar, me esperaban en las instalaciones del Manchester City, iba a ver cómo funciona uno de los clubs más poderosos del mundo por dentro. Pude ver las oficinas, las instalaciones de entrenamiento, la Academy, el estadio del segundo equipo e incluso pude saludar a Pep Guardiola, que daba una rueda de prensa ese mismo día. Sin duda, me parecieron unas instalaciones espectaculares, en las que cualquier jugador soñaría con entrenar, y en las que cualquier entrenador estaría encantado de dirigir y trabajar. Ya había estado en la columna vertebral de uno de los componentes de la Premier League, y mis sensaciones eran espectaculares.

Iba a llegar el sábado, iba a llegar el momento soñado, iba a ver un Manchester City-Tottenham a las 18:30 exactamente de ese mismo día, pero iba a estar una hora y media antes del pitido inicial en el Etihad, para estar en el mismo césped, en el momento en el que los jugadores calentaban. En el mismo momento en el que pisé ese mágico y verde césped británico, me sentía dentro del sueño, un sueño incluso mejorado, en el que me sentía aún más dentro de la Premier League. Fue cuando ya estaba en mi asiento, en el momento en el que los jugadores salían al terreno de juego cuando cerré los ojos. Estaba definitivamente dentro, en ese sueño que tantas veces había vivido de noche, respiré, escuché, sentí la Premier League, para fijar ese momento en mi memoria, y que no se borrara jamás. Abrí los ojos para asimilar una vez más que no era producto de mi imaginación, el fútbol inglés estaba ya dentro de mí, y creo que se sentía tan cómodo como yo me sentía en sus brazos, que me acogían cariñosamente.

Aproveché y viví cada instante, cada respiración, cada cántico, cada pase, cada jugada, cada decisión arbitral, cada clímax en forma de gol, estaba en casa. En el momento en el que pitó el árbitro, como una invocación, como el mínimo sonido que despierta a la bestia, la afición empezó a cantar (sobre todo indudablemente la del Tottenham), y no paró en ningún momento del partido, quizás fue lo malacostumbrado que me tienen las aficiones españolas, pero ese concierto de música celestial me fascinó como pocas veces me había fascinado algo. La afición es indudablemente el factor diferencial con más peso entre la Premier y todo lo demás. Aficiones fieles, enérgicas y respetuosas que no deja de inyectar energía en los corazones de los 22 guerreros que les representan.

Fue un partido que terminó 2-2, en el que mis ojos y mil cosas que se movieron dentro de mí, fueron testigos de infinitas cosas y sensaciones indescriptibles. En uno de esos momentos, Dele Alli, el jugador que es para toda Inglaterra la esperanza nacional para levantar la selección, anotó gol. Otro de esos momentos, fue el salto al campo del jugador más jaleado por el Etihad, el debut de Gabriel Jesús, que salió 10 minutos, pero sin duda dejó un dulce sabor de boca en todos los citizens. También vi como Pep se lanzaba al suelo, desolado, después de que le anularan un gol a ese chico que llegaba de Brasil y debutaba, mientras este mismo se volvía loco en la banda, sin darse cuenta de que su sueño particular estaba siendo anulado, y no podía regalar la alegría que quería repartir en todos los corazones que se pararon por un momento, al creer que el City se llevaba los tres puntos.

E infinitos momentos más, que mi cuerpo vivió, pero se me hace imposible explicar, el día en el que cumplan su sueño, sabrán de lo que hablo.

El marcador se movía con una velocidad espectacular, como el niño al que el patio se le hace corto, mi sueño pasó volando.

Salía del estadio sin habla, sin sentir el gélido frio en mis mejillas, sin sentir mis piernas caminar, ni ser consciente de mi respiración. Mi mente, mi cuerpo, y todo lo que se había movido dentro de mí, estaba aún en aquella butaca vacía del Etihad, todavía seguía viviendo el sueño, y creo firmemente que una parte de mí se ha quedado viviéndolo, una parte de mí que se encargará de recordármelo toda mi vida.

Antes de volver a Barcelona, y poner fin al inigualable viaje, visité el estadio del Manchester United, el teatro de los sueños. Me pareció precioso, y pude nutrirme aún más de la tan bonita cultura futbolística inglesa.

Si tuviera que definir la Premier League con una palabra, una palabra que puede decir y significar muchas cosas, sería diferente. Diferente porque es única, diferente a todo lo demás, a todo lo que había visto, a todo lo que había vivido.

Fue duro dejar esa ciudad que tanto me había gustado, donde dejaba una parte de mí, donde había podido realizar mi sueño, donde pude llegar a ser la mejor versión de mí mismo.

Follow your dreams, they’re all we are.

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