Real Madrid

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Luka Modric, el lobo estepario

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Su abuelo fue asesinado por milicianos serbios, su padre combatió con el ejército croata y el chico tuvo que abandonar su hogar a una tempranera edad para refugiarse en un hotel de Zadar. Un niño que a los seis años de edad, estuvo inmerso en el conflicto nacional que enfrento al ejército de su país con las tropas del ejército yugoslavo. Un chico aparentemente frágil, con una melena rubia que le caracterizaba cuando galopaba por los Balcanes. Débil, no afable con la aglomeración, tímido y reservado, Luka es un lobo estepario lleno de angustias y miserias que le hace mantenerse distanciado de todos. “Lo que más odiaba era todo lo mediocre, normal y corriente”  

Frío como su origen, solía habitar en la soledad. “La soledad era fría, es cierto, pero también era tranquila, maravillosamente tranquila y grande, como el tranquilo espacio frío en el que se mueven las estrellas.” Pesimista, extraño, poco sociable y misterioso, había nacido para vivir en constante sufrimiento. Emplea todo su tiempo a la lectura, a la buena música, al vino y al tabaco. El hombre de los Balcanes es un joven huraño, solitario y desconfiado, se comporta como un perfecto licántropo compuesto por dos naturalezas: una humana y otra animal. Su angustia es debida a dolorosas experiencias que han hecho que se sienta desplazado del mundo, e intenta encontrar una vía de escape por medio de su imaginación. Luka, se construye, se rediseña intelectualmente fuera del mundo exterior.

Luka, descontento consigo mismo y con el resto del mundo,“Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, está bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente” aúna todo lo necesario para triunfar; calidad, técnica, esfuerzo, sacrificio y humildad. Detesta la normalidad y lo cotidiano. Un hombre aporreado por su propio yo, un yo desconocido para él mismo. Este héroe angustiado tiene dos caras y ha ido intercalándolas a lo largo de su vida. Unas veces es el lobo de las estepas y otras el sonriente Modric. En Londres, actuó como mediapunta dando el beneplácito a la magia, es aquí el Luka sonriente, incesante y brillante, sobre todo en el último pase. En Madrid, empezó al lado de Xabi Alonso y ahora lo hace al lado de Kroos, aquí es ese lobo de las estepas, se sacrifica, humilde y trabajador, coopera con los compañeros día y noche, con una proyección en el balón largo preciso y un último pase sensible y directo, también es verdad, que no importa donde sitúes a Modric. En la Selección, más de lo mismo, empezó actuando detrás del punta y ahora lo hace en un trivote o en el doble pivote con Rakitic. A pesar de todas sus mezquindades cuenta con una grandeza y erudición que le hace diferente.

“Ser diferente te hace ser especial, ser especial te hace ser diferente”. Luka es un jugador donde subyace el pensamiento nietzscheano, el sicoanálisis freudiano, el mundo literario de Goethe, el espíritu romántico y la magia musical de Mozart.

Ayer, se cumplieron tres años de aquella genialidad que silenció todo un Teatro, era el de los Sueños y Luka, aquel joven descontento consigo mismo y la sociedad lo convirtió en la peor de las pesadillas. Enmudeció la ciudad de Manchester y únicamente sonó el crujido de la madera haciendo rebotar el esférico hacia adentro. Como acompañante de Kroos-Benz en el inicio de la temporada, hizo que la imagen del Real fuera la mejor en años. Aquel partido en Anfield o El Clásico como partidos que quedan en la retina, Modric actuó con sus dos naturalezas: la espiritual, propia del hombre, y la instintiva, presente en todo animal. Vuelve a la sala de máquinas, a la parcela que le hizo grande, superlativo pero no ídolo. Un héroe oculto. El Madrid lo necesita, el madridismo lo echa de menos desde hace tiempo. Todos anhelan el cambio de ritmo, la simplicidad y plasticidad puesta en escena. Todos rescatan el aroma del pasado. Luka lo sabe y parece responder así “Me necesitas para aprender a bailar, para aprender a reír, para aprender a vivir.” Con Luka, el Madrid bailó sobre el césped de Anfield a orillas del Mersey, apuñaló al Barça sin llegar a matarlo, rió durante 22 jornadas consecutivas y  mientras aprendió a vivir y ser feliz, Modric cocinaba y limpiaba.

“Muchos de los que duermen en el país del polvo se despertarán, unos para la vida eterna, para el oprobio, para el horror eterno. Los doctos brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a la multitud de la justicia, como las estrellas por toda la eternidad” Daniel 12:2-3.

Tras 109 días de lesión, el lobo estepario dormido en el país del polvo, ha despertado. En una recuperación que le ha llevado por Vitoria, Amberes y Múnich. Luka ya juega. Está sonriente, entrena con sus compañeros. “Esa risa es lo que cuando un hombre verdadero ha atravesado los sufrimientos, los vicios, los errores, las pasiones y las equivocaciones del género humano y penetra en lo eterno y en el espacio universal.” Posiblemente juegue este domingo en San Mamés, más tarde frente al Schalke, el Levante y posiblemente sea titular contra el Barça el próximo día 22. Luka no esta contento con ser feliz, no ha sido creado para ello, quiere más. Un lobo que despierta en la caída de la noche.

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