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Luis Enrique, mientras haya segunda vuelta hay esperanza

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 El Fútbol Club Barcelona ha firmado su peor arranque en Liga desde la temporada 2003-2004 con Frank Rijkaard al mando. 5 victorias y 2 derrotas en los 7 primeros encuentros, 12 goles a favor y 9 en contra cuando la temporada pasada a estas alturas registraba un 19-0. Las lesiones, especialmente de Messi, la poca profundidad de plantilla, la atípica pretemporada a causa de Copa América y Supercopas o la sanción de la FIFA son algunas de las posibles causas. El Barça ha entrado en una larga travesía hasta el mes de enero que, o remedia cuanto antes, o puede que sea demasiado tarde. Pero que el pesimismo no se apodere de los aficionados culés. Con Luis Enrique como técnico, mientras haya segunda vuelta hay esperanza.

Avalado por un ascenso a Segunda División con el Barça “B” y tras realizar la siguiente temporada la mejor de la historia del filial azulgrana en la división de plata (3ª posición), Luis Enrique decide fichar por la Roma para la campaña 2011-2012. Una oportunidad de entrenar a un club histórico, un control total en el área deportivo y libertad para implantar su estilo. Pero lo que prometía ser un sueño hecho realidad se convirtió en una pesadilla. Lucho no consiguió entender el ambiente de la capital italiana, sus enfrentamientos con las estrellas y el mediocre rendimiento de un estilo poco competitivo en una liga tan diferente a la española precipitaron su salida.

La primera vuelta de aquella Serie A no fue negativa para tratarse de un proyecto nuevo; alcanzó la 6ª posición con un balance de 9 victorias, 4 empates y 6 derrotas. Con media competición disputada se esperaba una mejora para llegar más arriba. Sin embargo pronto comenzarían a surgir los problemas entre Lucho, las estrellas y la directiva. Su “affaire” con Francesco Totti y gran parte de la afición y una temprana eliminación en Europa League y Coppa de Italia hicieron que el resto de temporada fuera un suplicio tanto para Luis Enrique, con la soga al cuello desde invierno, como para el conjunto romano. La segunda vuelta no fue otra cosa que una innecesaria prolongación de sufrimiento para ambos. La Roma terminó séptima, fuera de Europa.

Un año sabático es el mejor remedio para desintoxicar la mente de la rabia y frustración de quien sabe que ha fracasado en la tarea para la cual ha sido contratado. Un nuevo Luis Enrique, más maduro como entrenador, se hacía cargo de intentar mantener al Celta de Vigo un año más en la máxima categoría del fútbol español. Fue en la temporada 2013-2014 cuando pudimos vislumbrar el estilo de fútbol que gusta al técnico asturiano, además de su idilio con las segundas vueltas. Una primera vuelta mediocre, 10 derrotas en 19 partidos, posición decimoquinta y el descenso acechando los talones del conjunto vigués no fue la mejor medicina para el herido ego de Lucho, en ocasiones cuestionado, que veía tras de sí los viejos fantasmas de Roma.

Sin embargo, después de Navidad todo cambió. La segunda vuelta del Celta de Vigo fue progresivamente mejorando hasta escalar desde la 15ª a la 9ª posición en la tabla. El equipo acabó la temporada como una de las revelaciones de la Liga llegando incluso a vencer al Real Madrid. El genial final de temporada del Celta, en contraposición al pésimo final del FC Barcelona hizo que la directiva del club catalán cesase al “Tata” Martino y contratase a Luis Enrique para intentar devolver la ilusión a Can Barça.

La temporada 2014-2015 comenzaba como un ilusionante, a la par que difícil, reto para Luis Enrique y para el FC Barcelona. 157 millones de euros invertidos en nueve fichajes. Messi, Neymar y Luis Suárez, el ego de Luis Enrique, una afición acostumbrada a ganar. Dudas. La primera vuelta fue buena en cuanto a números pero mala en lo que a sensaciones se refiere, cuyo apogeo se produjo en Anoeta, el Barça estaba por detrás de un Madrid que en diciembre parecía imbatible. Lucho estaba con un pie fuera, otra vez los malditos fantasmas. Pero de nuevo cambió la historia después de comer el turrón. El míster dio su brazo a torcer y la MSN se confabuló para conseguir el éxito. Una segunda vuelta de liga pluscuamperfecta; 50 puntos de 57 posibles, 63 goles a favor y tan solo 12 en contra, y un juego de ataque que arrasó en Europa lograron revertir la situación y el Barça acabó siendo campeón de Liga, bueno, campeón de todo en una temporada que pintaba muy mal a mitad de curso.

Otra vez en la segunda vuelta, otra vez de menos a más, otra vez un equipo que finaliza la temporada mucho más potente que como la inició. ¿Casualidad? ¿Buena planificación? Los equipos de Luis Enrique, hasta el momento, han mostrado su mejor versión en las segundas vueltas. Absténganse madridistas de celebrar prematuramente, y absténganse barcelonistas de entrar en la espiral de pesimismo y victimismo que tantas veces ha visitado Barcelona. Las segundas partes, al menos con Luis Enrique, sí que son buenas.

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