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Luis Enrique da créditos y se lo devuelven con el liderato

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Borja PARDO – El Madrigal es una plaza complicada, muy complicada. Pocos equipos van a salir airosos de allí esta temporada. El Submarino Amarillo que comanda con maestría Marcelino es un rival incómodo y de nivel. El Barça llegaba a Villarreal con las dudas razonables de saber si la incipiente renovación llevada a cabo por Luis Enrique tendría el respaldo de los tres puntos y los azulgranas sacaron la victoria, de forma agónica, sí, pero cierta al fin y al cabo.

Antes del choque Marcelino y Luis Enrique dialogaron largo y tendido. Dos entrenadores, dos amigos, dos asturianos y dos del Sporting. Lucho formó con Piqué como acompañante de un asentado Mathieu, Rafinha en el rol de Iniesta (lesionado) y con un tridente integrado por Pedro, Messi y el joven Munir (cumple 19 años hoy). Los locales por su parte dejaron a Gio como ariete, con Cani y Cherysev como escuderos y un trío en la medular integrado por Pina, Bruna y Trigueros con la intención de ahogar a Rakitic y Busquets -excepcional ayer-.

El Barça salió con determinación y personalidad, reclamaba el balón como algo propio y Pedro inquietaba a un Sergio Asenjo que está recordando en La Plana al gran portero que maravilló a España cuando estaba en Valladolid.

El Villarreal cerraba líneas y buscaba crear peligro al contragolpe con la magia de Cani, la velocidad de Cherysev y el talento de un Gio que estuvo bien atado por parte del tándem Piqué-Mathieu. Se llegó al descanso sin goles, con un Barça asentado pero sin pegada y un Villarreal un tanto timorato y reservado por la entidad y el despliegue del rival.

El segundo acto fue otra cosa. Luis Enrique quería los tres puntos y Marcelino sabía que el Barça podría dejar huecos atrás que no iba a desaprovechar. Con el progresivo desgaste local el Barça empezó a crear más peligro pero a su vez se veía obligado a desguardar la zaga y asumir riesgos. Conclusión de todo ello fue un bendito correcalles que dejó hasta 5 palos repartidos en ambos conjuntos.
 

El entrenador azulgrana movió fichas, y lo hizo con maestría. Entró Neymar, entró Xavi y no le tembló el pulso y dio entrada al canterano Sandro Ramírez. Un poco acertado Munir y unos intrascendentes Pedro y Rafinha fueron los sacrificados.

Cuando el partido parecía abocado al empate, una buena acción de Messi fue rematada por el canterano Sandro en el 82'. 0-1, tres puntos y Luis Enrique volviendo a Barcelona con una sonrisa canalla. Sus apuestas personales le sitúan como líder de la Liga BBVA antes del parón motivado por los compromisos internacionales. 

Con Neymar volviendo, Messi arrancando y Luis Suárez esperando, el asturiano ha decidido dar alas a Munir y a Sandro. Lucho tiene algo claro: no se casa con nadie. Juega quien lo merece y quien más puede ofrecer en cada momento. Es la 'Ley del Presente' y en esa prerrogativa… la cantera siempre devuelve lo que le das.

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