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Luis Aragonés, tres años sin sabiduría

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Parece mentira don Luis cómo pasa el tiempo, ya han pasado tres años desde que nos abandonaste y tu recuerdo sigue perdurando en la memoria como si hubiera sido ayer. Aquel frío sábado 1 de febrero me despertaba con numerosos whatsapps comentando la triste noticia, de inmediato conecté con internet buscando que todo hubiese sido una burla concertada, pero no, se confirmó la noticia, ‘Luis Aragonés fallece a los 75 años de edad víctima de una leucemia’.

Sin saber que hay en el más allá, y con el recuerdo en la memoria, he de decirle que su homenaje en el Vicente Calderón el día 2 de febrero fue solemne, sobrio y sencillo con sus compañeros y amigos portando una camiseta gigante con su número ‘8’ a la espalda. La afición, ruidosa como pocas en el mundo del fútbol permaneció en un silencio absoluto hasta que en el minuto ocho empezó a sonar su cántico ‘Luis Aragonés, Luis Aragonés, Luis Aragonés, Luis Aragonés’, el cántico se entrecortaba producto de la emoción, el nudo en la garganta provocaba la escasa afinación de los 50.000 allí reunidos hasta que uno de sus alumnos aventajados, David Villa, le pudo dedicar uno de los goles del triunfo por 4-0 ante la Real Sociedad.

La temporada transcurrió de éxito en éxito, las referencias a su carácter ganador fueron utilizadas por la afición en tifos, imágenes, camisetas y en las ruedas de prensa de Diego Pablo Simeone, digno sucesor suyo que ha heredado su carácter ganador y luchador. Fuimos capaces de ganar una Liga en el Camp Nou y ¡de amarillo! con lo poco que le gustaba ese color, y 40 años después de la Copa de Europa de Heysel, -de la que sólo un alemán de apellido impronunciable en el último suspiro dejó su gran gol en un recuerdo efímero para el mundo- volvimos a llegar a otra final de Champions League en la que el último minuto fue de nuevo el cruel protagonista de nuestro destino, y encima en un derby, si ya sé que para usted un derby es la moto de Ángel Nieto pero es que los anglicismos están a la orden del día míster.

El verano dejó un vacío que el Mundial de ‘La Roja’ como usted la bautizó, no pudo llenar, fuimos a Brasil presumiendo de estrella y nos estrellamos, sufrimos dos dolorosas derrotas que nos enviaron para casa, poco equipo quedaba de la que fue su selección, el tiempo pasa para todos, y el barco se fue vaciando tras la salida de Puyol, Xavi, Alonso, Villa y Torres. Finalmente el Mundial fue para ‘ese rubio que tiene el nombre tan raro, el rubio ese que se calienta, el 7 vamos’ a los que ganamos la final de la EURO en 2008.

La siguiente temporada comenzó con una pequeña ‘vendetta’ ante los vecinos en forma de Supercopa de España, y supimos seguir peleando cada partido como si fuera el último a pesar de los numerosos cambios en la plantilla, ahora nos llaman ‘violentos’, es el precio de quitarles parte del pastel que se repartían y dejar de ser el sumiso al que le pinchabas y no salía sangre. Fichamos un italiano al que le gustaba más hablar en la prensa que en los entrenamientos, y como esa relación estaba avocada al divorcio hicimos un trueque con el Milan para traernos al ‘Niño’ Torres, al que le enseñaste en segunda y primera división el oficio de delantero, aquel que culminó su obra al frente de la Selección Española, aquel que como usted es más Atlético que el oso del escudo, ya hablaremos del escudo, y aquel que es y será historia en este centenario club.

El año pasado no tocamos ‘pelo’ pero también estuvimos muy cerca, en la Liga peleamos hasta el final, y en la Champions League volvimos a una final tras ‘vengar’ su derrota en el 1974. Un partidazo en el Calderón con un gol de Saúl, el heredero suyo con el ‘8’. En la vuelta tocó sufrir para pasar, pero la gloria se consigue luchando, una lucha que no fue suficiente para ganar a los vecinos en la final europea. A uno le da por pensar si es que ya usted sabía los desenlaces y no quiso verlo. El golpe al corazón aún perdura, y perdurará hasta el día de nuestro último adiós.

Volvemos a la carga en la ribera del Manzanares, la última temporada aquí, nos llevan a la Peineta a un tal Wanda con un apellido familiar, Metropolitano, y nos cambian el escudo, dicen no se qué de ‘branding’ y ‘nuevos tiempos’ y que somos unos catetos si no entendemos los cambios. Aquí seguimos entendiendo de sentimiento y de rayas rojas y blancas, que al menos eso permanece.

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