Real Madrid

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Lucha, casta, coraje… Raúl

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Como dijo Pablo Olivares: “Nueva York no es una ciudad perfecta. Pero es una ciudad donde cada par de zapatos condensa una historia”. Eso debió pensar Raúl González Blanco para anunciar que colgará sus botas, allí, en New York, en la ciudad de los sueños con historia.

Pero a su vez, New York entraña una vida de película. Innumerables filmografías se han rodado en sus calles y, por eso, es la ciudad perfecta para poner el broche final a una historia de cine que comenzó hace 21 años. Un pequeño barrio madrileño vio nacer a un erudito en valores, porque sí, Raúl, además de jugar al fútbol, tiene multitud de valores. Sus inicios fueron turbios, hasta tuvo que mentir sobre su edad para poder jugar al fútbol, además, sufrió una lesión en su pierna derecha que le hizo mejorar sus cualidades de su pierna izquierda, pasando de ser diestro a ser zurdo, pero todo eso fue compensado cuando cumplió los trece años y demostró con virtudes su valía.

Raúl nunca ha sido un mago del balón como Oliver Aton. Pero Raúl, desde que el 24 de octubre de 1994 se enfundara la elástica blanca, ha demostrado que el fútbol aparte de darle patadas a un balón necesita de una pócima de fe para superar obstáculos. Sus títulos, sus goles, sus partidos jugados… son sabidos, pero hay algo que hace que Raúl sea especial: su carisma. Sin ser un virtuoso con el regate, sin tener la velocidad del rayo, sin tener la mejor técnica del mundo, Raúl ha marcado una época en el fútbol mundial; desde Madrid hasta Pekín, desde Qatar hasta New York, desde Gelsenkirchen hasta Río de Janeiro.

 

Raúl es Raúl, con R de roedor; con A de astucia; con U de único y; con L de luchador. Cualquier aficionado del Real Madrid, de la selección española, del Schalke 04, del Al Sadd y del New York Cosmos no puede reprocharle nada. El “siete” siempre ha dado todo lo que tenía dentro, con sus fallos y sus aciertos, pero todo. Su fair play y su respeto por el rival han sido envidiables, no ha visto ni una sola tarjeta roja en toda su carrera y, cualquier adversario le recuerda con cariño. Además, la palabra madridismo tiene los mismos valores que él, llevados con raza en cada minuto de juego.

Dicen muchos que la vida es el tiempo que pasa mientras estamos lamentándonos de nuestros fallos. Creo que Raúl eso no lo comparte, si fallaba en una jugada, en la próxima lo volvía a intentar con más ahínco, dejándose la piel en el campo y tirando del carro. Toda su carrera se puede resumir en eso, en empeño e insistencia. Así que, viajemos a New York y pongámosle título a la película de su vida: “el tesón de un jugador de fútbol que soñó e hizo soñar a miles de personas”.

Gracias, Raúl. Gracias por enseñarme todos los valores del deporte y de la vida. Un día escribí… “Raulista hasta la muerte, te defenderé siempre, digan lo que digan, permanecerás en mi mente”… lo seguiré manteniendo. Suerte en tus próximos proyectos capitán, porque como tú me has enseñado, con casta, orgullo, lucha y coraje lograrás todos tus sueños.

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