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Los lunes de resaca (16 de enero)

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Las semanas de copa se hacen más largas. Vaivenes, cansancios, rotaciones… Pero el fútbol, y todo lo que rodea a este, no para. Para abrir boca, el lunes pasado entregaron a Cristiano Ronaldo el galardón FIFA al mejor jugador de 2016, y ha vuelto a reabrirse un debate que nos tiene a todos un poco hastiados. Pese a tener jugadores premiados en el evento, la expedición culé optó por no estar presente en la gala. Tan respetable como inoportuno. Respetable porque el partido de vuelta en su eliminatoria frente al Athletic de Bilbao les exigía máxima concentración. Inoportuno debido a otros motivos de fondo, en una decisión precipitada tomada de ya para ahora.

Una copa en la que, por cierto, el Sevilla caía en una eliminatoria a doble partido tras dos años de continuas alegrías. El valor que tiene tal hito se lo dará el tiempo. Reyes cuando la cara o la cruz se decide en idas y vueltas, ausentarse de uno de los tres torneos en liza les puede insuflar de oxígeno para cuando, dentro de poco, vuelva a sonar el himno de la Champions en el coliseo sevillista. La Liga y la máxima competición europea de clubes son siempre los objetivos prioritarios de los grandes. Y el Sevilla cada vez lo es más.

La jornada liguera arrancó en Butarque, donde un Athletic visiblemente cansado tras la eliminatoria copera, se vio superado por un Leganés que puso a prueba a Gorka Iraizoz, señalado en las redes por la afición madridista más que por la propia, tras encajar goles de falta de Messi en los dos partidos disputados por los clubes que más trofeos del KO tienen en sus vitrinas. Tal vez el problema no sea por dónde cuela los golpes francos Leo, sino que debido a sus imprevisibles lanzamientos, los guardametas de turno en ocasiones se la juegan, optando por cubrir un lado de su portería, lo que conlleva a veces desproteger el palo propio. Si, como el pasado jueves, sale cruz, no queda otra que aceptar el desenlace y seguir en la pelea. No me gustó el trato hacia el portero.

Siguiendo con el F.C. Barcelona, este sábado se dio un festín ante el equipo que posiblemente mejor trata el esférico en nuestro país, la U.D. Las Palmas. La marejada provocada por la destitución de Pere Gratacós tras unas declaraciones inocentes sobre el éxito del mejor jugador del mundo, y el ecosistema ideal que le proporciona el Barça, quedó minimizada ante la tormenta blaugrana que azotó el Camp Nou. Alcácer, asistiendo, y Aleix Vidal, marcando, como paradigma de agradecida placidez. Inexplicablemente, en twitter algunas voces cuestionaban las decisiones de Quique Setién, creyendo que los amarillos pudieron presentar más resistencia. Mi óptica me hace plantearme si quizás no se esté esperando demasiado de un club que no hace tanto peleaba ante equipos menores, en un escalón inferior, y que sufría, porque en segunda se sufre, cada semana. Los que tenemos representativos en divisiones inferiores firmaríamos de buen grado recibir no 5, sino 6, 7, 8 o los goles que fuesen con tal de tener la oportunidad de pertenecer a la llamada liga de las estrellas. Al aficionado isleño le diría que disfrute del juego que practican sus chicos en cada encuentro. Y que entienda cuál es su lugar.

Aleix Vidal | Getty

A todo esto, Raúl González Blanco (no necesita presentación alguna), cometió el gran pecado, para cierto sector de la parroquia blanca, de felicitar a Leo Messi por igualar su asombroso registro de ver puerta ante 35 rivales diferentes en primera división. Twitter condenó al eterno ‘7’ merengue por dar una lección de educación, respeto, y cordura. Las masas aplauden dedos en el ojo, agresiones, insultos o humillaciones, y critican actos de buena fe como firmar la paz entre compañeros de selección o reconocer la grandeza de un contrincante. El nivel, amigos… Al hilo de todo esto, no puedo evitar preguntarme cuánta responsabilidad tiene ese periodismo de ultras al que le importa más que alguien se bese el escudo a que sea decisivo en la gloria histórica del equipo en el que juega.

El Atlético de Madrid sigue oxigenándose a base de resultados. Al final cuentan los puntos, y para ello todos los caminos son válidos. La portería a cero es una buena base, cuando sabes que, lo hagas mejor o peor, arriba tienes buenos mimbres y en cualquier jugada aislada la balanza puede acabar cayendo de tu lado. El aburrimiento ocasional no deja de ser eso, un ratito. La sonrisa tras sumar otra victoria permanece toda una semana en los labios de los fieles. Se demandaba no hace mucho la solidez defensiva de años pasados, y eso están ofreciendo los chicos de Diego Pablo Simeone.

Gaitán sigue ganando minutos en el Atlético | Getty

El Valencia y Voro. Un entrenador que no quiere serlo, pero que siempre está para salvar los muebles cuando la embarcación parece a la deriva. Segunda victoria de los ché en Mestalla, el campo que más pita a los suyos. No sé muy bien si el excepcional comienzo de siglo hizo creer a su afición que siempre deben estar metidos en la pomada. Prandelli fue claro, antes de marcharse, sobre la situación real de un club que debe tener otros objetivos. Un día volverán a ser importantes, pero eso no se consigue sin antes remar. Y si el seguidor, en lugar de impulsar a los que deben reflotar el bote, agujerea el optimismo, se entra en una espiral peligrosa que en otros tiempos ya dio con los huesos de conjuntos de más nombre en la lona de la liga.

El ‘Pitu’ Abelardo está contra las cuerdas. La afición del Sporting se desespera, y en estos casos la cabeza de alguien es lo primero que se ofrece para calmar a las multitudes. Una mejor que muchas. El entrenador tiene siempre las de perder. El estado de ánimo es el peor indicador posible, y procede cambiarlo. Todo son sombras en Gijón. Solo andan peor el Granada y Osasuna, que parecen no tener para mucho más que lo expuesto.

El mejor guión de la jornada se escribió en el Sánchez Pizjuán. En un partido en el que el demérito no puede atribuírsele a Zinedine Zidane, el Real Madrid termina con una racha absolutamente brutal, en la que habían alcanzado la cuarentena de partidos sin morder el polvo. Me incomoda ver que un Cristiano Ronaldo desaparecido se reivindica llevándose el dedo a su propia figura tras marcar de penalti, cuando sus compañeros sí que estaban jugando a gran nivel. Claro que sus números, independientemente de la manera, son indiscutibles. Pero los ojos de los aficionados no estaban en el luso. Tras el capítulo vivido días antes en la copa, con los condenables insultos a Sergio Ramos en la que fue su casa, y la discutible reacción suya en el campo y los micros, se le pitaba en cada balón que tocaba. Corría el minuto 85 cuando el central remató en sus propias redes un balón colgado por Sanabria tras una falta lateral. Un gol muy de Sergio, muy del Madrid. Por la forma y por el momento. Solo que entre los palos equivocados. Justicia poética, debió pensar alguno. Y lo de Jovetic, mención aparte. Algo tiene el Sevilla, que es un club que sienta estupendamente a excelentes futbolistas con ganas de reivindicarse. Este chico es una perla. Que se lo digan a los seguidores de la Fiorentina.

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