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Los experimentos de Lucho

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El Barcelona ha sudado la gota gorda para remontar y ganar el partido a un Borussia Mönchengladbach muy ordenado y con las ideas muy claras. Si a ello le sumas la calidad necesaria en los jugadores para desarrollarlo, el resultado ha sido un contexto ideal para derrotar o poner en serios apuros a un Barça… ¿cómo calificarlo? diferente.

Rondaban las 19:45 cuando ambos equipos hicieron públicas sus alineaciones, una hora antes del comienzo del partido tal y como indica la UEFA, y el XI dispuesto por Luis Enrique ya suscitó los primeros comentarios. Los principales medios ocupados de tratar la actualidad azulgrana apuntaban a Rafinha como sustituto de Messi. Y en ausencia del brasileño, era Arda Turan quien copaba las quinielas gracias a sus notables actuaciones a principio de campaña como extremo. Pero no fue así. El elegido fue Paco Alcácer.

Tal vez Luis Enrique quiso llevarle la contraria a sus amigos los periodistas, dar confianza y buscar el primer tanto de Paco Alcácer como culé o simplemente consideró que el encuentro requería un cambio de sistema: del 4-3-3 al 4-4-2. Con Neymar haciendo de Messi, de enganche, el clásico ‘10’ trescuartista y dos delanteros. Y quién es el osado de discutirle a Lucho la razón; los números y títulos lo abalan y cuando ha realizado una variante táctica, ha funcionado (véase la defensa de tres contra el Leganés). Pero esta vez no funcionó.

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El juego de posición que el Barça tan magistralmente ha utilizado como su principal arma esta década de glorioso recuerdo para los azulgranas es mucho menos efectivo sin Messi -como cualquier tipo de juego- pero además la ausencia de extremos y la superpoblación en el centro colapsaron el ataque culé. Los dos ‘9’s se contrarrestaron y se limitaron el espacio de actuación en lugar de complementarse. Los interiores, Iniesta y Rakitic, no pudieron realizar sus movimientos característicos y echaron de menos los extremos para filtrar pases. Esto no funciona, Juan Carlos. Tenemos que cambiar algo, Luis.

Y lo cambiaron. Siete minutos del segundo acto tardó Luis Enrique en dar entrada a Rafinha para cambiar al 4-3-3, devolver a Neymar a la banda -aunque con total libertad de movimientos- y regresar a los automatismos habituales. El partido cambió, la actitud también tuvo que ver, y el remate que culminó la remontada fue Arda Turan y su magia traída de Mesopotamia para que el Barça ganase en Mönchengladbach y aprovechase el pinchazo del Manchester City para afrontar el doble duelo fratricida con Pep Guardiola con mucha más tranquilidad.

Reconoció el técnico culé que esperaban otra versión del Gladbach; creía que lo buscarían arriba con un presión intensa desde el nacimiento de la jugada y el club alemán optó por esperar atrás bien replegados para salir a la contra con la velocidad de sus puntas. Ni es el primero, ni será el último experimento de Luis Enrique. Y es aplaudible. Un entrenador con personalidad y variedad de recursos técnicos en función del contexto. La defensa de tres cuando es necesaria, la nueva ubicación de Messi como todocampista, el invento de Sergi Roberto como lateral, la mejoría a balón parado, ahora una prueba con dos delanteros que no duden que seguirá puliendo hasta que funcione. Porque eso es Luis Enrique: inteligencia, personalidad y valentía.

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