NBA

article title

Los ‘Big Three’ se imponen como medida anti Warriors

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

La temporada de la NBA empieza mañana y, sin que haya entrado la primera canasta, todos los analistas predicen que una vez más al final de campaña serán los Golden State Warriors los que alcen el trofeo en junio del próximo año.

Los Cleveland Cavaliers de LeBron James han incorporado a Dwyane Wade y los Oklahoma City Thunder a Carmelo Anthony y Paul George. Pero ninguno, según los especialistas, es capaz de equipararse en profundidad y talento a los monarcas reinantes.

Y es que los Warriors de Stephen Curry, Kevin Durant, Klay Thompson y Draymond Green se han constituido en la esencia más pura del fenómeno de los llamados “súper equipos”, la definición que se le ha dado a estas poderosas combinaciones de jugadores que con una misma camiseta arrollan a sus rivales con un superioridad prodigiosa.

Algunos aplauden estas máquinas de artillería. Otros, como Michael Jordan, las han criticado. “Creo que esto va a lastimar a la liga desde un punto de vista competitivo. Va a haber uno o dos equipos que serán espectaculares, y otros 28 que terminarán siendo una basura“, señaló el que es considerado el mejor jugador en la historia en una entrevista con la revista “Cigar Aficionado”.

En realidad, los llamados “súper equipos” no son un fenómeno nuevo. El mismo Jordan participó en uno, los Chicago Bulls, y junto con Scottie Pippen y Dennis Rodman dominó la NBA con tres títulos al hilo de 1996 a 1998.

Wilt Chamberlain se juntó con otros dos futuros miembros del Salón de la Fama, Elgin Baylor y Jerry West, en los Lakers de finales de los sesenta y principios de los setenta. Los Philadelphia 76ers, en la primera parte de los ochenta, contaron con Julius “Dr.J” Erving y Moses Malone, junto con otra estrella destacada como Maurice Cheeks.

A principios de esta década se organizó otro “súper equipo”, quizás el primero que se produjo por un impulso de los jugadores, por el deseo de buscar el título en lugar del máximo de dinero. Fue el caso del Miami Heat de 2010 con la comunión de LeBron James, Dwyane Wade y Chris Bosh.

Para James, que ha caído en las últimas finales ante el quinteto californiano, la posibilidad de estructurar estas súper alineaciones constituye no solo una realidad del baloncesto moderno, sino también un elemento positivo para el desarrollo de la liga.

“¿Es justo? No me importa”, dijo James en las finales pasadas. “Creo que es grandioso para la liga. Es cuestión de ver la sintonía de los juegos. Es cuestión de ver todo el dinero que está entrando a la liga”.

Según la encuestadora Nielsen, la serie final de la NBA de 2017 fue la de mayor sintonización desde la de 1998, con un promedio de 20,4 millones de televidentes. Pero no todo el mundo celebra el poderoso despliegue de Golden State o Cleveland.

Para Charles Barkley, miembro del Dream Team original que dominó el baloncesto olímpico de 1992 e integrante del Salón de la Fama, los “súper equipos” eventualmente producirán un efecto contrario en los aficionados, que pudieran terminar aburriéndose frente a un mismo resultado.

“Todo el mundo sabía el año pasado que las finales se jugarían entre los Cavaliers y los Warriors y que los Warriors iban a ganar“, aseguró Barkley, hoy en día analista de la cadena de televisión TNT. “Todos esos muchachos (los jugadores) lo que quieren es jugar juntos, no quieren competir. Al final terminas perdiendo siete meses de tu vida. Sencillamente vamos directo a las finales”.

Al igual que Jordan, Barkley y los críticos alegan que estas simbiosis estropean la paridad de la liga. Pero la realidad es que en la NBA, los equipos chicos nunca han solido tener muchas opciones.

Desde 1947, cuando se formó el circuito que más tarde se convertiría en la NBA, cinco franquicias han ganado 49 de las 70 coronas en juego, y 33 de ellas han sido por parte de solo dos clubes, Boston Celtics y Los Angeles Lakers.

Hoy, el dominio de unos pocos se sostiene, aunque con otros nombres. A los demás equipos, como dijo Jordan, sólo le resta encontrar fórmulas para contener a los gigantes y dejar de ser “basura”. Y si bien la tarea luce cuesta arriba, la realidad es que las dinastías nunca han durado para siempre.

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Artículos relacionados