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Los alemanes, el azar y la chuleta de Jens Lehmann

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Ahora está de moda analizar cada gesto de los futbolistas, cada sonrisa o mirada, cada maldito “tuit” en una prensa deportiva que no parece tener otra cosa que hacer. Nosotros nos dedicamos a preguntarnos que les habrán dicho, que habrán hablado, qué información es tan valiosa como para tener que apuntarla en un papel y darlo en medio de un partido, como ocurrió con Pep Guardiola y Philipp Lahm en Bundesliga, cuando minutos después el Bayern marcaba un gol, liberando así el juego bávaro. Los estrategas tienen que comunicarse y esta no es la primera vez que un papel con ordenes escritas hace las veces de salvación o incluso de “abre latas” -si se me permite la expresión.

En un país como el teutón, la suerte tiene poco que ver, ellos trabajan duro, y cuidan los más mínimos detalles para que la victoria sea el único fin. Una de esas historias que hace de los alemanes el perfecto ejemplo de que la suerte se trabaja es la historia de la “chuleta” de Jens Lehmann del mundial de 2006, una de las pruebas más concluyentes del carácter alemán.
 

 

30 de Junio de 2006, aproximadamente 70.000 personas en las gradas para presenciar los cuartos de final del mundial de Alemania que enfrente a la anfitriona contra Argentina, uno de los duelos más repetidos de la historia de este torneo y también de los más recordados por los espectadores. Este tampoco iba a ser menos. Faltas, nervios, sudor, hasta ‘la Merkel’ inquieta en las gradas mientras la selección “schwarz-rot-gold” se enfrenta a los “Gauchos” como ellos le llaman. De un córner se adelanta Argentina y Klinsmann se desespera. Pékerman, el entrenador argentino decide sustituir a Riquelme y luego Klose se encarga de marcar el empate. Todo ocurre en una opera dónde ni los solos ni los intermedios se acompasan como son debidos. Y las dos naciones se marchan a tirar esa “suerte” o “tómbola” que son los penaltis.

En el borde del césped Lehmann tirado en el suelo, aún maldiciéndose por el 0-1 de los Argentinos recibe una charla motivacional de Kahn que ha decidido quedarse durante el mundial relegado al segundo portero, admitiendo que poco a poco su ciclo se ha ido, cogiendo a Jens casi de la mano y seguramente recordándole su actuación en 2001 en la final de Champions League contra el Valencia. Pero para el número uno bajo palos de los germanos está por llegar el más astuto de todos. Klinsmann es un especialista en cuanto a motivación y psicología deportiva, pero su entrenador de guardametas, Andreas Köpke es mucho más pragmático y mientras el resto de la plantilla está en círculo recibiendo ordenes de su entrenador, Andreas se acerca a Jens y le entrega la prueba absoluta y definitiva del carácter alemán. Una chuleta, un trozo de papel, garabateado casi, en lápiz, conteniendo los apuntes de los tiradores habituales de la pena máxima de Argentina con una descripción detallada de su técnica y su dirección. Sin embargo en este momento Jens mira el trozo de celo que se le acaba de entregar muy poco seguro. Nadie sabe realmente quién tirará los penaltis. Quién hará de juez y sentenciador. Pero le llaman y con la chuleta entre los enormes guantes de portero se dirige a sus tres palos.

Mira y relee los apuntes de su maestro y su mentor. Alemania marca el primero. Él se encamina a la primera lanzada de sus adversarios con las manos entorno a sus directrices. Los argentinos miran curiosos, algo incluso asustados. Es también una estrategia para desconcentrar y sacar de su determinación al enemigo. Cruz marca el primero para los “gauchos”, a pesar de que Jens encontró su nombre en el papel entre sus manos, se tira hacia el lado correcto pero la pelota consigue entrar y argentina empata la tanda. Instantes después, Ballack pone el 2-1 y celebra con rabia, Jens se encamina al segundo acto.

Ayala se dispone a lanzar y Lehmann mira y repasa las notas que tiene entre las manos. Encuentra el nombre de Ayala con su dorsal y a la derecha escribe el entrenador: “larga carrera: derecha”. Ayala chuta, Lehmann para la pelota con la seguridad de una águila sobre su presa. No es suerte, es fiabilidad alemana. Los germanos se adelantan con el 2-1.

Podolski hace el tres de tres para la Mannschaft. Rodríguez se encamina al punto de penalti. Él también aparece en la chuleta. Sin embargo Lehmann roza la pelota y acaba entrando, no ha adivinado el lado, lo ponía escrito en lápiz: “izquierda”. Siempre. Se le escapa por milímetros. 3-2 se pone el marcador. Borowski marca el cuarto, Alemania sabe que si los argentinos marcan tendrán que lanzar los cinco penaltis y ellos quieren dejarlo en el pleno 4/4.
 

 

Jens sabe que Cambiasso no sale en el papel, no aparece, sin embargo mientras se colocan las piezas él saca su Klinsmann interior. Con cada chute ha mirado antes el papel, y creen que ha adivinado todos los lados, y además parado uno de los penaltis. Su contrincante está nervioso, es una herramienta que desconoce y psicológicamente le afecta. Jens se toma su tiempo y el último penalti no está, tiene que confiar en su instinto. Ahora si es azar, o suerte, o llámenla como quieran. Se guarda el trozo de papel de nuevo en la espinillera y Cambiasso chuta a su derecha. Lehmann detiene la pelota. Alemania está clasificada para semifinales.

Los argentinos no lo creen, los alemanes chillan y sonríen. Kökpe se puede ir a casa con una sonrisa en los labios, con la seguridad de haber ayudado y Klinsmman puede respirar tranquilo tras haber inculcado algo de juego psicológico en su plantilla. Pero recuerden, los alemanes no juegan al azar. Para ellos es como una gran partida de Póker, imitando un poco al gran Gary Lineker: “ellos tienen siempre la mejor mano”.

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