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Los 6 presidentes más pintorescos de los 90

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Los 90, esa época tan curiosa donde se podían hacer chistes de gangosos y homosexuales sin que hubiera ninguna polémica, una época donde el “cuñadismo” campaba a sus anchas y no existía lo políticamente correcto. Así, en ese mundo aparte llamado fútbol, surgieron una serie de personajes, polémicos a la par que naturales, con múltiples polémicas y problemas con la justicia, y aunque eran odiados y amados a partes iguales, no se les puede negar que eran totalmente auténticos. Estos son sin duda los mejores:

José María Ruiz Mateos y Teresa Rivero

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Matrimonio que estuvo al cargo del Rayo Vallecano durante la época de los 90/2000 y donde gozó de su mejor etapa deportiva. Ruiz Mateos compró el club como una herramienta más de popularización de su imagen, en aquellos principios de los 90, donde intentó pegar a Miguel Boyer o fue vestido de Superman al congreso. Para la posteridad dejó un anuncio de flan Dhul que firmaría el mismísimo Don Draper de Mad Men, donde le marca un penalti a Miguel Boyer. Luego colocó a su mujer en la presidencia, ella, que no tenía casi ninguna idea de fútbol, proporcionó a El Día Después de infinidad de vídeos en los que se la veía quedarse dormida en el campo, y esto en Vallecas, con lo animado que siempre está, es realmente complicado.

Joan Gaspart

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Aunque llegó a la presidencia en el año 2000, ya era conocido por ser vicepresidente del Barça en la década de los 90. Fue el que acuñó como Dream Team al equipo mítico de Cruyff, y tras la victoria de este en la Copa de Europa del 92 se bañó en el Támesis como había prometido. Vivía los partidos con mucho fervor e incluso tuvo que abandonar alguna vez el palco en pleno Barça-Madrid por la tensión que sufría. Alguno podría pensar que fingía debido a sus dotes para la interpretación mostradas en la película “El Reportero” (en la que hizo de recepcionista de hotel), por la que injustamente no fue nominado a ningún Oscar. Pasará a ser recordado como uno de los peores presidentes de la historia del Barça, ya que bajo su mandato el club no ganó nada, perdió a Figo, fichó “jugones” de la talla de Christanval y se llevó algún meneo para la historia como un 0-3 del Sevilla que acabó con una pañolada ante la que Gaspart aguantó estoicamente.

Augusto Cesar Lendoiro

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El hombre que llevó al Deportivo a la gloria. Lo cogió en segunda siendo un equipo que como mucho podía pelear por el ascenso y 5 años después se quedó a un penalti de ganar la Liga. Tenía un gran ojo para fichar y así se trajo a aquellos grandes brasileños como Bebeto o Djalminha que enamoraron a Riazor. Para convencerlos les dijo que A Coruña era un pequeño Copacabana. Y es que otra de las grandes virtudes del presidente coruñés era su capacidad para negociar, nunca en un despacho, siempre en un restaurante con cenas dignas de “Crónicas Carnivoras” en las que no se podía hablar de fútbol hasta después de los postres, momentos en los que solo Lendoiro seguía en pie y conseguía todo lo que quería. Fue el presidente mejor pagado del mundo, llegándose a embolsarse 100 millones de las antiguas pesetas. Por último cabe señalar su intento de triunfar en la política sin éxito, ya que se presentó a alcalde de A Coruña en dos ocasiones pero en ambas perdió frente al socialista Paco Vazquez.

 

Manuel Ruiz de Lopera

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Salvó al Betis de la desaparición. Os podría contar más sobre esta historia pero no creo que sea necesario cuando el propio Lopera grabó una especie de corto cinematográfico, con unas actuaciones dignas del Multicine de Antena 3, en las que relata de forma dramática y finalmente épica como salvó al club de sus amores. Y es que el ego de este hombre era tan grande que le puso al estadio su propio nombre, llegando a colocar su busto en un Betis-Sevilla. Entre sus grandes logros, aparte de la Copa del Rey de 2005, se encuentra el haber logrado el fichaje más caro de la historia en su momento, cuando fichó a Denilson por 5.000 millones de pesetas, aunque nunca terminó de triunfar con los verdiblancos. Duro negociador como Lendoiro, mandó a Joaquín cedido al Albacete cuando este pidió marcharse con el club, y de hecho llegó a ir hasta las instalaciones del equipo albaceteño, aunque finalmente se canceló la cesión. Por último cabe recordar la historia de uno de los perros mas famosos de España, Hugo, un Husky que según Lopera, se ponía de pie para celebrar los goles del Betis, y con un dueño así a nadie le extrañaría.

Jesus Gil y Gil

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El “Rey de Reyes” de los presidentes de esta época. Merecería un artículo para él solo o incluso un libro para contar todas sus historias, pero vamos a destacar alguna. Después de conseguir ganar las elecciones del Atlético de Madrid, también lo hizo en el ayuntamiento de Marbella, donde tuvo multitud de polémicas y donde acabaría con varios problemas con la justicia y con su delfín, un tal Julián Muñoz con el que acabó peleándose por los platós de televisión. Fue una máquina de quemar entrenadores, durar en el cargo del Atlético de Madrid era casi milagroso y su trato a los jugadores no se queda atrás, para la posteridad la frase “Al negro le corto el cuello. Me cago en la puta madre que parió al negro. Ya estoy harto de aguantar. Cuando no veo actitud me cago en mi padre” en referencia al Tren Valencia. Una de las imágenes más bochornosas se produjo a las puertas de la Liga, cuando tras un enfrentamiento con Caneda, presidente del Compostela que también podría estar en esta lista, emuló a Mohamed Ali para golpear al gerente del club compostelano. También hay que destacar su labor como presentador en “Las noches de tal y tal”, un programa de género indefinido que Jesús Gil presentaba desde un jacuzzi acompañado por mujeres en bikini, una cosa que se debe estudiar en las facultades de comunicación, pero para que no se vuelva a repetir jamás. Por último hay que destacar su lado amable, y ese viene como Lopera con los animales, y es que si Lopera hizo famoso a su perro, Jesus Gil lo hizo con su caballo Imperioso, al que consideraba su confidente y pasaba horas hablando incluso sobre fichajes.

Hasta aquí este pequeño repaso a aquellos presidentes que eran casi tan famosos o más que las estrellas o el entrenador de sus equipos, una época donde el fútbol se tomaba con mayor naturalidad y se generaban historias  tan surrealistas que no las habría podido escribir ni el mejor guionista de Hollywood.

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