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Los cinco pecados capitales del HSV

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La peor pesadilla de los seguidores del Hamburgo se está repitiendo nuevamente, si bien este año las opciones de un final feliz parecen tornarse realmente remotas. A falta de apenas 6 jornadas para el final del campeonato el cuadro hanseático ocupa la última posición de la tabla con apenas 25 puntos y la sensación de una manifiesta falta de capacidad de reacción por parte de un equipo ‘devorado’ por la ansiedad y la responsabilidad ante una situación que no es capaz de gestionar. Dos meses sin ganar y casi 500 minutos sin hacer un gol, justo cuando estamos en el momento decisivo de la temporada, son datos más que elocuentes. Si nada lo remedia, el HSV se apresta a vivir su primer descenso tras 52 campañas en la Bundesliga.

Pero, ¿cuáles han sido los detonantes que han llevado a un histórico como el HSV a esta situación? Como es lógico, causas hay muchas, especialmente muchos pequeños detalles que, acumulados, han terminado generando una losa imposible de levantar. Sin embargo, nosotros vamos a centrar nuestro análisis en cinco grandes aspectos:

 

1.- EL BANQUILLO: Desde que Ernst Happel abandonara el banquillo del HSV allá por junio de 1987, justo después de que su equipo levantara en Berlín la Copa de Alemania, pocos imaginaban que el por entonces exitoso club del norte de Alemania no volvería a ganar un título importante y, ni mucho menos, que el puesto de entrenador sería desempeñado  hasta el presente por 25 entrenadores, si bien es cierto que algunos de ellos (Schehr, Hieronymus, Moniz, Arnesen, Cardoso o Knäbel) lo han hecho de manera interina.  Esa situación de falta de continuidad y ausencia de una idea clara de lo que realmente se quería, se ha hecho mucho más patente en los últimos dos años, donde se han traído técnicos de todo pelaje y condición sin que ninguno de ellos lograra dar con la tecla del éxito.

La pasada campaña el equipo comenzó a naufragar con Thorsten Fink, un técnico que colmó la paciencia de la directiva del Club tras usar tres sistemas tácticos diferentes antes de terminar perdiendo por 6-2 en Dortmund. Tras él, ni Bert van Marjwik ni Mirko Slomka fueron capaces de evitar el naufragio de un equipo que, mucha dosis de fortuna, logró alcanzar el 16º puesto que le permitió disputar una eliminatoria por la permanencia ante el Greuther Fürth. Un gol de Lasogga en el partido de vuelta sirvió para racanear un empate que dejaba al HSV otro año más en la Bundesliga. Se suponía que era el momento de aprender de los errores y sentar las bases para un futuro más halagüeño.

Sin embargo, y a pesar de que muchas cosas cambiaron en el seno del Club, la sensación de que algo estaba ‘podrido’ dentro del equipo seguía latente. Los nuevos gestores intentaron a toda costa sentar en el banquillo a Thomas Tuchel, pero su compromiso con el Mainz no lo hizo posible, por lo que casi a regañadientes decidieron confirmar a Mirko Slomka, un técnico que desde el primer día se sintió señalado, sabedor de que no se iba a tener paciencia ninguna con él si no llegaban los resultados de inmediato. Y así fue. Tras solo tres jornadas, saldadas con un empate y dos derrotas, Slomka hizo las maletas y su puesto lo ocupó Josef Zinnbauer, técnico del equipo amateur sin experiencia alguna en la máxima categoría del fútbol alemán.

Con Zinnbauer se regeneró la ilusión. Un 0-0 ante el Bayern München era una inmejorable tarjeta de presentación ante una afición que apenas le conocía. Además, parecía tener clara la línea de juego que deseaba para su equipo, basada en el orden defensivo y la presión continua sobre el rival, si bien a costa de sacrificar el fútbol de ataque. El equipo no enamoraba precisamente por su despliegue en el campo, pero durante varias jornadas se logró revertir la situación y sumar los puntos necesarios para ir evitando al menos el caer en posiciones de peligro. Sin embargo, la falta de gol y un vergonzoso 8-0 encajado en el Allianz Arena ante el Bayern, terminaron por sentenciar su suerte. La salida de Zinnbauer del HSV fue cubierta de una manera tan o más sorprendente de lo que lo había sido su llegada: el Director Deportivo, Peter Knäbel, con título de entrenador pero carente de toda experiencia, tomó las riendas del equipo. ¿El resultado? Dos derrotas consecutivas, eso si, ante equipos del potencial de Bayer Leverkusen o Wolfsburg, que han terminado por hundir en lo más profundo de la clasificación al Hamburgo. El equipo no ha mostrado en estos dos partidos ningún indicio de vida, más bien todo lo contrario.

Y cuando ya nada podía sorprendernos, la directiva del HSV va y demuestra que su capacidad para superarse no conoce límites. Este mismo miércoles nos despertábamos con la noticia de que Bruno Labbadia sustituía a Knäbel en el banquillo. Ni un rumor. Ni un solo indicio. Es más, todo parecía atado para que Thomas Tuchel cogiera el equipo a partir de julio. Sin embargo, las negociaciones entre ambas partes se rompieron el pasado lunes y el Club puso en marcha el Plan B, que no era otro que Labbadia, quien al estar libre podía hacerse cargo de la plantilla desde ya mismo. Su contrato expira en 2016. Mantener al equipo en la Bundesliga parece una misión suicida, pero en este HSV ya pocas cosas entran dentro de lo normal.

 

2.- POLÍTICA DE FICHAJES: Tras la mala experiencia vivida al final de la pasada campaña, el HSV optó por invertir casi 36 millones de euros en nuevos jugadores cuyo rendimiento se ha quedado muy lejos de las expectativas inicialmente depositadas en ellos. Vaya en descargo del presidente Dietmar Beiersdorfer que el Hamburgo vendió jugadores por valor de unos 25 millones de euros, así que el gasto neto tampoco fue tan alto.

El primer gran fichaje del HSV fue Pierre-Michel Lasogga, quien en su año como cedido logró anotar 13 goles a pesar de sus continuas lesiones. Por él se pagaron nada menos que 8,5 millones al Hertha de Berlín con la esperanza de que ayudara al equipo a estabilizarse en la parte media de la clasificación. Nada más lejos de la realidad. Dos tristes goles en 20 partidos, si bien casi nunca ha dado la sensación de estar físicamente al 100%. También con altas expectativas llegó Nico Müller, por el que se abonaron 4,5 millones al Mainz. De él se esperaba que aportara velocidad, dinamismo y recursos en ataque, pero tras 25 partidos apenas ha sumado un gol (frente a los 10 de la pasada temporada) y cuatro asistencias, y lo que es peor: una capacidad nula para hacerse presente en el juego del equipo, tanto es así que en algunos partidos ha sido una sombra errante sobre el césped.

Buen refuerzo para la parcela ancha parecía ser el suizo Valon Behrami. Tanto en la selección suiza como en el Napoli había hecho gala de ser un líder tanto dentro como fuera del campo. En la presente temporada su juego ha ofrecido luces y sombras: partidos sólidos en los que ha mostrado un gran despliegue gracias  a sus portentosas cualidades físicas, lo que le ha permitido robar el balón y dar salida al equipo, frente a otros en los que se ha visto completamente superado por la situación y ha recurrido a las artimañas y el juego duro para salir del paso. En un equipo con mayor posesión de balón y vocación ofensiva, seguramente Behrami sería un jugador que luciría en su justa medida. En cambio, en un conjunto casi permanentemente a merced del rival y que se parte en la mitad de la cancha con cada balón perdido, se le ven todas sus vergüenzas, en este caso, su versión más agresiva. Digamos que, sin haber sido un fiasco, su incorporación al HSV no ha terminado de solucionar los viejos problemas en el puesto de mediocentro defensivo.

Otro buen jugador parecía ser Matthias Ostrzolek. En el Augsburg había mostrado muy buenas condiciones en la banda izquierda, donde se destapó como un lateral potente, de largo recorrido, buen defensor y con vocación ofensiva, sobre todo a la hora de meter buenos balones al área rival. Tras una larga negociación, el HSV logró cerrar su fichaje por 2,5 millones. La realidad es que nunca ha sido titular, incluso en varios partidos se ha quedado fuera de la convocatoria, y se ha mostrado como un jugador inoperante y errático en su desempeño. Y finalmente, otra de las grandes decepciones ha sido Lewis Holtby, cuyo fichaje supuso un desembolso de 6 millones de euros. Su llegada debía servir para ir sustituyendo en su última temporada a Rafa van der Vaart en la parcela creativa del juego. Sin embargo, Holtby no ha terminado de asentarse y, ni muchos menos, de mostrar destellos de la calidad que se le presupone. Aún teniendo en cuenta que una fractura de clavícula le tuvo casi tres meses fuera de los terrenos de juego, lo cierto es que una asistencia y cero goles en una veintena de partidos no necesitan de más aclaraciones.

Y así podríamos seguir y seguir. Si acaso merece ser tratado como caso aparte el central brasileño Cleber Reis, que  pesar de la mala situación del equipo, si que ha dejado indicios de buen jugador, con solvencia a la hora de defender y salir desde atrás con el balón jugado, si bien su error del pasado sábado ante el Wolfsburg ha enturbiado su buena imagen. El chileno Marcelo Delgado también ha dejado detalles de su capacidad para tener la pelota y poner algo de orden en la parcela ancha, pero las lesiones apenas le han dado continuidad. Y finalmente, el croata Ivica Olic llegó en enero como la solución atacante a los problemas goleadores del HSV, y aunque su garra y espíritu de lucha están fuera de toda duda, lo cierto es que a estas alturas sigue sin haber logrado un gol. En suma, diríamos que la situación global del equipo ha terminado por anular la supuesta calidad de sus individualidades.

 

3.- LA FALTA DE GOL: Sin duda, la mayor de las carencias mostradas por el HSV en la presente temporada en lo que al juego se refiere. Sus registros son absolutamente descorazonadores, hasta el punto de que el Hamburgo ha establecido diversos registros históricos por su notable falta de puntería ante la portería contraria. Que en 28 jornadas solo haya logrado marcar 16 goles es una cifra solo superada por el modesto SC Tasmania Berlín, el peor equipo en la historia de la Bundesliga y que en la campaña 1965/66 acabó con apenas 15 goles a favor y 108 en contra. Además, en nada menos que 16 de esas 28 jornadas el HSV fue incapaz de marcar, y en la actualidad suma ya 495 minutos sin haber logrado un solo tanto. El hecho de que el primer gol de la presente temporada, anotado por Lasogga en la victoria lograda por 0-1 en Dortmund, llegara tras 712 minutos de sequía, ya no presagiaba nada bueno en este sentido…

¿Las razones? El HSV ha adolecido durante toda la temporada de capacidad para desbordar por las bandas, con lo cual han faltado los centros al área buscando a Lasogga, Rudnevs o la entrada de jugadores desde la segunda línea. Sirva el dato de que el HSV no ha marcado un solo gol de cabeza en toda la temporada, algo jamás visto con anterioridad en la Bundesliga. Y por el centro han faltado automatismos, o eso que se dice ‘jugar de memoria’. No ha habido imaginación, nunca ha aparecido ese jugador capaz de meter el último pase. Tanto es así que, bajo la dirección técnica de Zinnbauer, el equipo se centró casi exclusivamente en defender, mientras que en ataque lo confió todo a un golpe de suerte en alguna acción aislada. En muchos partidos los rivales, conscientes de la ineficacia realizadora del HSV, se han limitado simplemente a esperar un error defensivo, que por lo general casi siempre ha terminado llegando (ningún equipo ha recibido más goles a la contra tras pérdida de balón), sabedores de que su capacidad de reacción tras recibir un gol es nula (esta temporada el HSV no ha remontado ni un solo partido tras empezar por detrás en el marcador).

 

4.- LAS LESIONES: Como suele decirse, cuando todo va mal siempre es susceptible de ir peor. Un año más, las lesiones de todo tipo se han cebado de una manera increíble con el equipo, de tal manera que ha resultado prácticamente imposible poder repetir un mismo once durante dos jornadas consecutivas. Resulta prácticamente imposible encontrar un jugador de la plantilla que no haya tenido lesiones de cierta consideración: así, de memoria, uno recuerda a René Adler y sus problemas de rodilla y espalda; Cleber Reis y su lesión de rodilla que le tuvo varias semanas de baja; Dennis Diekmeier y sus problemas musculares sumados a su lesión de rodilla; Marcell Jansen y sus inacabables roturas musculares que le han impedido tener continuidad; Valon Behrami y su sorpresiva operación de rodilla que le tuvo casi dos meses fuera de circulación; Marcelo Díaz y su rotura del ligamento anterior; Lewis Holtby y su fractura de clavícula (dos meses y medio de baja); Maxi Beister, que después de más de un año sigue sin estar plenamente recuperado de su rotura de ligamentos cruzados; o Pierre-Michel Lasogga y sus eternos problemas musculares (se ha perdido 8 partidos y en otros muchos su presencia ha sido meramente testimonial).

 

5.- EL ENTORNO: Pocas ciudades hay en Europa en donde la presión mediática se haga sentir tanto como Hamburgo, cuna de medios de comunicación tan significativos como Bild, Sport-Bild, Hamburger Abendblatt, Hamburger Morgenpost, Der Spiegel, Die Zeit, Stern… Y esto por citar únicamente medios escritos. Dicho de otra manera: nada de lo que sucede alrededor del HSV pasa desapercibido. Muy al contrario. Lo bueno, y sobre todo lo malo, tiene un realce que con frecuencia sobredimensiona la realidad. Si a eso le unimos el peso de la historia de un equipo como el HSV, es lógico pensar que muchos jugadores, poco acostumbrados a lidiar con esa presión, se vean sobrepasados por las circunstancias.

Si uno analiza fríamente muchos de los partidos del Hamburgo, la conclusión que saca es la de un equipo en estado de shock, mentalmente bloqueado e incapaz de sacar a relucir sus verdaderas condiciones futbolísticas. A las pocas horas de terminado un partido, cualquier error colectivo e individual es analizado pormenorizadamente en los medios, dejando al equipo y a los jugadores a los pies de los caballos y aumentando la inseguridad de cara al próximo encuentro. Está claro que son jugadores profesionales y muy bien pagados, y que esa presión que deben soportar va implícita en su contrato, pero en el fondo también son humanos y no siempre es fácil afrontar esa responsabilidad, especialmente en el caso de los jugadores más jóvenes.

Como decíamos al principio, el HSV parece tener pie y medio en la segunda categoría del fútbol alemán. Esta temporada no hay dos equipos peores o igual de nulos, como sucediera la pasada campaña con el 1.FC Nürnberg y el Eintracht Braunschweig, y mientras los de abajo compiten y suman puntos, los de Peter Knabel parecen ‘muertos’, metidos en la caja y con tres clavos metidos hasta el fondo. Restan 6 jornadas que, más que para apurar las opciones de salvación, parecen destinadas a alargar la agonía de un equipo que está dónde está por deméritos propios. ¿Será capaz Labbadia de obrar otro milagro? Está por ver, pero pase lo que pase, de eso ya hablaremos más adelante…

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