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Los 12 trabajos de Stephen Curry, la odisea de LeBron y la sexta Guerra Texana

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Seamos sinceros, a día de hoy, en la NBA, sólo tres franquicias pueden alzarse con el anillo de campeón: Golden State Warriors, Cleveland Cavaliers y San Antonio Spurs.

En primer lugar, los de la Bahía de San Francisco son los candidatísimos para volver a ganar el trofeo Larry O’Brien. ¿Por qué? Pues por todo, juegan como los dioses, su ambición no tiene límite, persiguen el récord de récords en temporada regular como es el 72-10 de los Bulls en la 95/96, son los vigentes campeones y el principal aliciente de todos, tienen al mejor jugador del planeta Tierra, Stephen Curry (ojo, que lo dice un supporter de LeBron James).

En el segundo escalón están los Cavs, actuales subcampeones y es de recibo colocarlos como segundo máximo aspirante al anillo por sus méritos la temporada pasada, por llevar el mejor récord del Este y tercero mejor de la Liga, y por supuesto por tener al animal competitivo más grande que ha dado este deporte por detrás de MJ, LeBron James.

Y por supuesto, en el tercer cajón del pódium en la pugna por el anillo no pueden dejar de estar los Spurs, campeones en 2014, mejor equipo del siglo XXI en la NBA, y con una temporada, una sed de revancha y un récord en fase regular y cómo locales que asusta. La última bala de Tim.

Lo de Curry
Todo el mundo habla del número 30, de su sonrisa de jugón, de su manera de morder el protector bucal, de cómo se gira y mira a los banquillos cuando sus triples no han empezado ni a caer inexorablemente hacia la red. Récord de triples en un mes, en una temporada, de puntos en partidos. Es tan osado que le rompe la cadera cuando quiere al mejor defensor del mundo, Kawhi ‘el octavo pasajero’ Leonard. Se ha ganado a pulso ser portada de la revista, ser trending topic en Twitter, ser el más votado en las elecciones del All Star (sólo por detrás del homenaje que los aficionados al basket han querido brindar a Kobe en su último año en activo). Y como cada vez que un jugador da semejante espectáculo y rompe tantos récords, la comparación con Michael Jordan es inevitable. Está más cerca de lo que creemos la gran mayoría de seguidores. Stephen Curry es un semidios, y como todo ser cuasimortal, debe superar los 12 trabajos que en su día superó Heracles para adoptar oficialmente el título de ‘Dios’. Algunos de ellos ya los ha completado, otros están en caminos.

WASHINGTON, DC - FEBRUARY 03: Stephen Curry #30 of the Golden State Warriors reacts after scoring against the Washington Wizards in the first half at Verizon Center on February 3, 2016 in Washington, DC. NOTE TO USER: User expressly acknowledges and agrees that, by downloading and or using this photograph, User is consenting to the terms and conditions of the Getty Images License Agreement. (Photo by Rob Carr/Getty Images)

Para empezar, venció a LeBron James en las finalísimas de la NBA, y le despojó de su túnica de monarca, para autoproclamarse ‘Rey’ de la mejor liga del planeta. Superó el récord de triples en un mes, batiendo su propia marca, este pasado mes de diciembre convirtiendo 77 triples en solo 16 partidos. Cómo era poco, su tercera hazaña fue superar el récord de triples en una temporada (batiendo su propia marca, que raro) para finalizar la 14/15 con 286 convertidos, entre nosotros, esta temporada lo batirá de nuevo. Quitarle el MVP de la fase regular a un James Harden que posiblemente cuajó su mejor temporada, se añade como cuarto logro en su lista de trabajos. Tocó el cielo con su país en el mundial de Turquía en 2010, y después en el de España 2014, donde junto a otras estrellas emergentes, arrasó a todo nación que se le puso de por medio, pero esta vez el MVP fue para don Kyrie. Para su sexto trabajo, echó mano de sus compañeros de Golden State, para firmar el mejor arranque de todos los tiempos en la NBA, con un 24-0.

6 trabajos hechos, pero aún le quedan otros tantos para ser considerado una deidad baloncestística. El séptimo será colgarse el oro olímpico en Río, el octavo, lograr el MVP de las finales que el año pasado se llevó Iguodala con su marcaje defensivo sobre LeBron James. El noveno será alcanzar y superar el récord del 72-10 citado anteriormente, el décimo, jubilar a la franquicia más prolífica del siglo XX, los Spurs, en la que presumiblemente será la final de la conferencia Oeste. Los dos últimos dictarán sentencia sobre su lugar en el firmamento baloncestístico mundial, por un lado, lograr más anillos que MJ y por último, ser el máximo anotador de todos los tiempos, lugar que por ahora ocupa el mejor pívot de la historia, Kareem Abdul-Jabbar.

El ‘Renacido’
La primera ley del baloncesto moderno dicta que el baloncesto son 5 contra 5 y que siempre gana San Antonio. Y la segunda afirma categóricamente que a LeBron James lo puedes vencer una vez, dos, tres o cuatro, pero jamás lo podrás enterrar. Siempre se levanta, siempre más fuerte, siempre renace.

Su leyenda es innegable, sus hazañas serán narradas a los más pequeños y los más mayores del lugar, como el jugador que cambió el siglo XXI. Cuatro veces MVP de la fase regular, 2 MVP de las finales, dos anillos y otros tantos oros olímpicos. ¿El problema?, las cuatro finales perdidas. La de 2007 fue perdonada, su hazaña ya tocó techo llevando a aquellos Cavs a la final frente a unos Spurs en plena madurez baloncestística. 4-0, demoledor. La derrota de 2011 si dolió, con Spurs y OKC fuera de la final, Dallas Mavericks se preveía como un rival asequible, pero no, nueva derrota para el 23. Y las derrotas de 2014 y 2015, sencillamente fueron mejores los adversarios que los equipos del ‘Rey’.

Un jovencísimo número 1 del Draft de 2003, se quedó en su Ohio natal, para tratar de lograr el anillo con la franquicia que le dio la oportunidad de ser profesional. Pero tras casi siete temporadas sin poder lograrlo, el heredero de MJ se vio empujado al éxodo, cogió sus bártulos y viajó a Miami para cambiar la historia de sus victorias en aquellos cuatro años mágicos. Ha tenido que enfrentarse a todo tipo de equipos y rivales antológicos, desde los Celtics del ‘Big Four’, pasando por el año dorado de Dirk Nowitzki y dos equipos de leyenda como son San Antonio y los Warriors.

Pero había llegado el momento, tras cuatro temporadas acompañado de Wade y Bosh, aquel niño que salió de Cleveland para triunfar, tenía la necesidad de volver a su hogar, a The Q, para conseguir el anillo de campeones que una ciudad ansiaba a lagrima viva, y sólo él, LeBron Raymone James, podría darles. Al igual que el héroe Ulises en el poema homérico, el 23 comenzó su larga odisea de vuelta hasta Cleveland, rodeado de críticas, haters y derrotas. Su segunda etapa no comenzó de la mejor manera, tras juntarse otro Big Three’ con Love y el número 1 del Draft de 2011 y MVP del pasado mundial, Irving, las cosas empezaron de forma irregular. Hasta que no llegó el mercado, y se hicieron con tres piezas claves como fueron Mozgov, JR Smith e Iman Shumpert, los Cavs carburaban solo a medio gas. Tras encontrar la clave y plantarse en la final de la NBA sin despeinarse casi en el Este, cayeron hasta los Warriors dando la cara hasta el último momento y si, acusaron las bajas de dos miembros del ‘Big Three’.

Pero LeBrom siempre se levanta, siempre aprende de sus errores, siempre tiene ganas de hacer historia, y que mejor manera de seguir agrandando su leyenda que ganar su tercer anillo frente a los sempiternos Spurs o los maravillosos Warriors. Y si, señoras y señores, antes de que DiCaprio interpretase a Hugh Glass, ya existía otro renacido coetáneo nuestro, LeBron James. El hombre.

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Los hombres que miraban fijamente al anillo
La vida en San Antonio es relajada, feliz, cordial. Saben lo que tienen que hacer y cuando hacerlo. Es cierto que no contaban con perder e forma tan estrepitosa en Cleveland y en San Francisco, es cierto, pero los que llevamos años viendo la NBA sabemos que, de lo que veas de San Antonio en la fase regular, sólo te puedes quedar con lo bueno, porque lo malo lo mejoran en los playoffs y lo convierten en ceniza. Popovich es para mí, el mejor técnico de la NBA. Y para los enfrentamientos directos seguro que encuentra una solución con la que plantar cara a los de Steve Kerr y Tyronn Lue. Que los gane ya es otro cantar, pero competir y dar la cara, lo harán seguro.

Posiblemente sea el último año de Tim Duncan, esperemos que no pro el bien del baloncesto. Pero si lo es, el mejor ‘4’ de la historia querrá despedirse ganando su sexto anillo e igualando el hito de aquel chico llamado Michael. A Ginobili no le quedará más de una temporada y lo que resta de esta, pero el legado de los Spurs parece bien custodiado. Por un lado Aldridge, al que le queda aún por encajar en el engranaje de los texanos, para poder llegar a hacer olvidar a Tim (cosa prácticamente imposible) la incidencia e importancia del 21 alcanza cotas casi oníricas. Y por el otro está Leonard, para mí el jugador más polivalente de la Liga. Una máquina perfecta y tan completa que sólo el pondrá límite a sus capacidades.

Los más ‘listillos’ del lugar, sólo les dan opciones de llegar a la final del Oeste, nada más. Mejor para los hombres de negro, que les den por muertos, es su terreno, lo manejan como nadie. Con el segundo mejor récord de la temporada en la NBA, sólo superado por los Warrios, el ejército texano aguarda en su base el momento, la oportunidad de sacar todo su potencial, de seguir haciendo historia. Prepárense amigos, pues la sexta guerra texana está a punto de llegar, y esta vez, sólo podrá quedar uno.

Desempolvad vuestras zamarras, tomar parte de esta partida de ajedrez que arranca en dos meses. De Curry, de LeBron o de Duncan. Todo vale, pero sólo uno campeonará.

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