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Los 11 fichajes que pudieron la historia del Barça

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La historia reciente del FC Barcelona, pese a breves sequías, está colmada de éxitos, y gran culpa de esta dulce etapa la tienen sus protagonistas, que han dejado su nombre escrito con letras doradas en la historia del club. Desde Cruyff a Luis Enrique, pasando por Guardiola, Messi o Ronaldinho, todos ellos, en mayor o menos dosis, comparten el honor de haber llevado al Barça a la gloria. El destino quiso entrelazar sus carreras con la andadura del cuadro catalán, ¿pero qué hubiera ocurrido si su lugar lo hubieran ocupado otros jugadores? Algo que en muchos casos estuvo muy cerca de suceder…

Francesco Toldo

El fichaje del meta italiano se dio por hecho a comienzos de verano de 2001 por 4.800 millones de pesetas (cerca de 30 millones de euros). El entonces jugador de la Fiorentina parecía tener la maleta hecha para poner rumbo a la ciudad condal. Sin embargo, todo se torció y el italiano se marchó a la Lombardía para salvaguardar la meta del Inter de Milán durante una década. Su fichaje por los neroazurris propició que el inquilino de la portería del Camp Nou fuera el argentino Roberto Bonano, un nombre que se unió a la interminable lista de cancerberos que fracasaron en su andadura en el FC Barcelona.

Quién sabe si el bueno de Francesco Toldo hubiera sido capaz de romper la dinámica tan negativa que sufría cada huésped que osaba defender las redes del cuadro culé. Quizá un buen rendimiento del italiano hubiera obligado a un joven Víctor Valdés a buscarse las habichuelas en otro entorno, aunque el reino del absurdo que supuso la etapa de Joan Gaspart al cargo de la presidencia invita a pensar que el italiano no se hubiera librado de la espiral devora-porteros.

David Trezeguet

El franco-argentino fue uno de los mejores delanteros de la década del 2000, su efectividad y elegancia le convirtieron en uno de los símbolos de la Juventus de la época, y sobre todo en uno de los iconos de la Francia campeona de todo de comienzos del milenio. Su gol en la final de la Eurocopa ante Italia es uno de los recuerdos más felices del fútbol galo. Su gran olfato goleador llevó al FC Barcelona a interesarse por él en verano de 2004. Ronaldinho acababa de cambiarle la cara al club, su sonrisa se contagió en el entorno culé, pero el brasileño necesitaría buenos escuderos para convertir esa alegría en títulos.

Durante un largo mercado estival, Trezeguet parecía estar destinado a acompañar al 10 en el ataque blaugrana, pero las exigencias de la Juventus rompieron las negociaciones, y el conjunto catalán activó una alternativa. El as bajo la manga era Samuel Eto’o, que se acabaría convirtiendo en la pareja de baile perfecta del Gaúcho, y en uno de los mejores 9 de la historia del FC Barcelona. Sus goles, y sobre todo su espíritu indomable conquistaron al Camp Nou. El recuerdo del africano ya está en la galería de la eternidad culé gracias a sus dianas y también, a su presión incansable sobre el rival, símbolo del mejor Barça de siempre y una virtud en la que hubiera sido muy difícil ver brillar a un delantero como Trezeguet.

Steve McManaman

El espigado extremo inglés llegó al Real Madrid a finales del pasado siglo, en 1999, y al igual que otros compatriotas suyos como BeckhamOwen, fue víctima del temido síndrome de Ulises que afecta a tantos futbolistas británicos que abandonan las islas. Macca no terminó de cuajar en Chamartín, y aunque sí disfrutó de las mieles del éxito colectivo e incluso marcó en la final de la Champions ganada al Valencia, nunca fue el crack decisivo que debía ser.

Seguramente peor le hubiera ido en el Barcelona, y es que el conjunto catalán estuvo a punto de hacerse con sus servicios el último día de mercado de 1997. El inglés aguardó la noche en el Hotel Palace de la ciudad condal, y a la mañana siguiente se marchó triste y enamorado de la capital catalana: “Me voy y estoy un poquito decepcionado. Barcelona es una ciudad preciosa”. Su tristeza se debió a que el equipo blaugrana se decantó por un zancudo y elegante brasileño que acababa de maravillar en A Coruña. Rivaldo regaló al Barça sus mejores años de fútbol, dos Ligas, y una Copa, él a cambio recibió un Balón de Oro y el amor de una afición totalmente entregada, que vio en el brasileño uno de los pocos motores de alegría en una etapa bastante gris ante la que McManaman tampoco hubiera podido hacer mucho más.

Philipp Lahm

El menudito lateral alemán estuvo muy cerca de llegar al Barça en verano de 2008, en una operación que se fraguó varios meses atrás. El actual capitán del Bayern de Múnich tuvo problemas con la directiva del conjunto bávaro por discrepancias en la planificación deportiva. Esos desencuentros le llevaron a rechazar el contrato ofrecido por la entidad alemana y a sondear otras ofertas de equipos extranjeros, entre los que se encontraba el FC Barcelona. El club catalán pactó con el lateral los años de contrato y la remuneración que recibiría en su estancia en la ciudad condal, pero las altas exigencias económicas del Bayern y la reconciliación del club con el jugador tiraron al traste la operación, que finalizó con la renovación de Lahm con el cuadro germano.

Despierta curiosidad saber qué hubiera pasado si las carreras del alemán y Guardiola se hubiesen entrelazado varios años antes de que Pep llegara a Baviera. ¿Hubiera sido capaz de reconvertirlo en un fantástico mediocentro en el Barça? Y un asunto aún más inquietante, ¿qué hubiera pasado con Dani Alves? El mejor lateral en la historia del conjunto blaugrana nunca se hubiera enfundado esa camiseta, y hubiera sido un temible contrincante en cualquier otro club, quién sabe si en el máximo rival.

Adebayor-Arshavin

Tras el ocaso de la era Rijkaard, llegó Guardiola con una carta de presentación muy contundente. No contaba con Ronaldinho, Deco ni Eto’o, lo que obligó a la dirección deportiva a buscar sustitutos de garantía a los tres pilares básicos del anterior proyecto. Los protagonistas de esta búsqueda fueron dos nombres: Adebayor, que acababa de ser el máximo goleador de la Premier con 24 tantos, y Arshavin, que acababa de confirmar en la Eurocopa la categoría de jugador que había demostrado ser en el campeonato ruso y en la Europa League que conquistó brillantemente con el Zenit de San Petersburgo.

El fichaje del togolés se dio por hecho a comienzos de verano, pero las dificultades que surgieron en la venta de Eto’o paralizaron la operación. En el caso del ruso, el alto precio que el club pedía por su jugador franquicia rompió las negociaciones. El FC Barcelona se quedó sin dos nuevas y relumbrantes caras con las que ilusionar a su afición para su nuevo proyecto, que acabaría siendo el más exitoso de su historia. ¿Hubiera sido así con Arshavin y Adebayor?

Filipe Luis

La marcha de Sylvinho dejó una vacante en el lateral izquierdo del FC Barcelona. El candidato a ocuparla destacaba entre el joven plantel de un Deportivo  en clara decadencia, por lo que su carrera pedía a gritos un salto de calidad que el Barça estaba dispuesto a darle, no así Lendoiro. La clásica dureza negociadora del dirigente gallego frenó en seco una operación que tanto Filipe Luis como el conjunto catalán deseaban con todas sus fuerzas.

Fue finalmente un compatriota del hoy jugador del Atlético, Maxwell, el que recaló en el cuadro blaugrana, donde nunca demostró ser más que un gran suplente. Nadie sabe qué rendimiento hubiera aportado en el juego de orfebrería culé el que es en la actualidad uno de los mejores laterales del mundo, pero lo que sí es cierto es que Messi hubiera tenido como socio a uno de los rivales que mejor ha sabido descifrar sus endiablados movimientos.

José Mourinho

No todo son futbolistas en esta lista de nombres, y es que la apuesta por los técnicos también marca el rumbo de los conjuntos. La elección equivocada de un entrenador puede suponer un golpe de timón devastador, una tragedia de la que se libró el Barça en 2008 cuando Mourinho estuvo cerca de tomar el mando de la nave blaugrana.

La era Rijkaard había finalizado y el FC Barcelona necesitaba un nuevo comandante, Marc Ingla y Txiki Begiristain recibieron el pendrive en el que el luso trazaba las líneas maestras de un nuevo proyecto culé, y en el que detallaba poco más que los descartes de la plantilla, la propuesta de entrenamiento y su staff técnico. El club en cambio, prefirió apostar por un hombre de la casa; el inmortal éxito de Guardiola debe ser un recordatorio de que la fidelidad a un estilo está por encima de cualquier temor al fracaso por imperiosa que sea la necesidad de victoria.

Ayala-Albelda-Aimar

Central, mediocentro y mediapunta compusieron parte de la columna vertebral del Valencia de una década atrás. El altísimo nivel de la ‘Triple-A’ les convirtió en un pack tan apetecible como poco asumible para los candidatos a la presidencia del Barça en el verano de 2003. El enganche argentino ya fue protagonista en las elecciones del 2000, en las que fue la carta electoral de Bassat, y volvió a serlo en 2003 con la junta de Laporta ya al mando de la entidad catalana.

En unas negociaciones dignas de aparecer en un programa como Empeños a lo bestia, el Valencia rechazó los múltiples trueques más varios millones de euros ofrecidos por Rosell y Txiqui, que no cesaron en sus intentos de vender la moto implicando a Gabri, Gerard, Saviola, Luis García, Christanval, Rochemback y Geovanni. Al conjunto che no le sedujeron ninguno de estos nombres y el FC Barcelona centró sus esfuerzos en traer a un sonriente brasileño que jugaba en París…

David Beckham

El inglés se convirtió en el principal antagonista de Ronaldinho en el mercado de fichajes del verano de 2003. El británico fue el último galáctico en la primera etapa de Florentino al mando de la nave madridista, pero el hasta entonces jugador del Manchester United también era el principal caballo de batalla del candidato a la presidencia del Barça, Joan Laporta. La a priori estabilidad del modelo blanco frente a las incógnitas que despertaban en el nuevo proyecto blaugrana hizo a Becks decantarse por la capital española, y a la nueva junta culé poner toda la carne en el asador por Ronaldinho. El resto de la historia ya se sabe: el preciado pie derecho del inglés no hubiera sido capaz de alzar una idea deportiva como sí hizo la sonrisa del brasileño.

Gerd Müller

El mítico goleador alemán, autor de 85 tantos en 1972, estuvo a un paso de vestir la zamarra blaugrana. El Barça y el Bayern de Múnich cerraron el traspaso del Torpedo rumbo a la ciudad condal, pero el gobierno germano impidió que el fichaje fructificara, según desveló Catalunya Ràdio hace unos años. Ambos clubes llegaron incluso a firmar el contrato, a falta de que el jugador superara la protocolaria revisión médica, pero la política alemana frustró la operación. El FC Barcelona se vio entonces obligado a buscar un plan B que encontró en la figura de un holandés llamado Johann Cruyff, cuya llegada a la capital catalana acabaría cambiando totalmente el modelo deportivo del conjunto culé.

Alfredo Di Stéfano

El caso de la Saeta rubia es uno de los temas con más cola en la historia del fútbol. El argentino llegó en el verano de 1953 a la capital española procedente de Bogotá en una rocambolesca operación que se convirtió en todo un asunto de estado durante la época franquista. ¿El resultado? Di Stéfano se convirtió en el emblema del mejor Real Madrid de la historia, que en compañía de Gento, Kopa, Rial y Puskás, conquistó cinco Copas de Europa. Ningún culé puede evitar imaginarse qué hubiera sucedido si el argentino hubiese formado tándem con Kubala, como debió haber pasado según unos documentos a los que tuvo acceso La Vanguardia. Di Stéfano es sin duda el nombre más importante de esta lista, en la que seguro cabrían más protagonistas que tuvieron en su mano cambiar su destino y también el del FC Barcelona.

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