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Lorenzo Insigne, la vespa napolitana

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Sarri no tiraba humo, cogía aire. El segundo 5-0 en apenas cuatro días, primera vez que esto ocurría en los 89 años de historia napolitana. Ni Maradona, el autor de gran parte de esta historia, fue capaz de realizar dicha gesta. “Maurízio Sarri no sirve para entrenar al Napoli. El equipo no juega a nada. Yo me hubiera quedado con Benítez” así salía Maradona ante los malos resultados del equipo en el inicio de este nuevo curso. Ante la Lazio, acción-reacción. Fue una revancha plácida, asimilando conceptos y contestando desde el verde a los más escépticos. El equipo dejó la portería a cero, acción que no se veía en el San Paolo desde el pasado 5 de mayo frente al Milan (3-0).

La pareja de centrales, Albiol-Koulibaly mostraron una solidez impropia de los propios en tiempos pasados. Jorginho parece haber encontrado su sitio en el eje de la medular y más si cabe si por los acostados son Allan y Hamsik quienes acompañan al ítalo-brasileño. Allan ha llegado y ha cuajado. Soberbia su actuación el pasado domingo y mejores más si cabe, sus números hasta la fecha. Higuaín ya ha encontrado el tono, le come la oreja a Éder por ser el capocannoniere desde bien temprano y las cuentas de final de temporada han sido saldadas. Y entre toda esta masa de hombres, destaca Lorenzo Insigne. Nunca en Nápoles tan poco había reunido tanta magia. Sensación, acción y motor de este nuevo equipo.

Sarri comenzó su nueva etapa con un sistema diferente, al menos al habitual en estos últimos años. Era 4-3-1-2 y por ende alguien debía de hacer de enganche entre el trivote y los dos puntas. Con un Hamsik cansado de jugar de espaldas, algo que confesó el propio jugador tras la marcha de Benítez, la necesidad de ubicar a alguien en la posición de diez era máxima. Entre Insigne y Mertens estaba la solución. Y con el representante apretando, Insigne queriendo asumir galones, Nápoles queriendo que asuma y su amor por la ciudad y el escudo no hubo pega alguna por la que apostar por Insigne detrás de los puntas. En la posición de diez, al fin después de tanta espera, el pequeño extremo asumía galones y cargaba con un papel mucho más trascendental dentro del juego napolitano.

Con una pretemporada brillante, parecía funcionar y así empezó la temporada regular. Ante el Sassuolo, fue un espejismo como todo el equipo de lo que Sarri quería que fuese. Ante la Sampdoria, fue el mejor del campo al menos por cincuenta y cinco minutos. Ante el Empoli, fabricó una obra de arte para poner las tablas en el partido e hizo mejorar a un Napoli en la segunda mitad que se quedó a las puertas de darle la vuelta a la tortilla. Y en este ascenso progresivo, llegó la Lazio de Pioli en horas bajas. No estaba De Vrij, ni Candreva, ni Klose y Anderson era suplente.

El Napoli comenzaba la jornada en puestos de descenso, el casillero de victorias se encontraba en blanco y la urgencia por conseguir los 3 puntos hacía afilar los dientes a los más críticos. No hubo tiempo ni para el sofoco, Insigne en el cambio de sistema, caído a banda, filtró un dardo envenenando para Gonzalo que por poco no abrió la lata. En la segunda, Mauricio quiso derribarlo y le faltó tiempo al bueno de Lorenzo para que le mirara por el retrovisor. Como una vespa napolitana, se traslada, esquiva y encuentra el camino más rápido.

El peligro lo lleva consigo y así lo demostró durante los noventa del pasado domingo. En forma de peligro, un sinfín de diagonales, jugadas por dentro, paredes, regates y apoyos al medio que desquiciaron a la zaga lazial. Llegó el gol en la segunda mitad para poner la guinda al pastel. Pese a caer a banda, vimos a un Insigne zapador, activando y desactivando. Facilitó los movimientos de sus compañeros y anuló toda barrera o dificultad planteada por la retaguardia romana. Callejón sabe que su socio número uno no pasa del metro sesenta y cinco mientras que Basta y Mauricio no supieron como frenarle en una noche para el olvido.

Igual de bien encaminaba la temporada pasada hasta que el 10 de noviembre en el Artemio Francchi, el italiano sufría un esguince de rodilla con ligamentos afectados que lo tuvo alejado de los terrenos de juego más de seis meses. La temporada ponía casi punto y final para un Insigne que parecía acercarse al jugador deseado por muchos napolitanos. Esta temporada ha empezado casi que mejor. Un Fuoriclasse total. La exhibición del pasado domingo marca el camino por donde seguir. Sarri no se equivocaba de hombre, quizás si de sistema. Maradona todavía es pronto para juzgar sus palabras. Zeman afirma que ha sido uno de los mejores que ha entrenado. Y tanto Conte como Prandelli están seguros que entre otros nombres, figura el de Lorenzo como el futuro de la Nazionale. Los napolitanos viven encantados, saben que desde sus botas pasa el futuro de este Napoli y posiblemente en pocos años el de la Selección. Insigne pedía galones y ahí los tiene. Disfrutemos.

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