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Londres, fútbol y el gran placer de superar al enemigo

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Esteban GÓMEZ – Londres tiene el prestigioso valor de ser una de las grandes capitales del fútbol. Sus 15 equipos, entre todas las categorías, la convierten en una de las ciudades que todo apasionado del fútbol debe visitar al menos una vez en la vida.

La FA Cup, competición romántica donde las haya, echaba a rodar en su Tercera Ronda con una jornada repleta de partidos en su jornada de sábado. Sin embargo, uno relucía con luz natural, como el más puro de los rayos del Sol. Era la gran cita del fin de semana, tanto a nivel británico como europeo.

La capital londinense acogía uno de los derbis más apasionantes del fútbol inglés. El Norte de Londres se vestía de gala, con sus mejores detalles en las calles, con su gente vistiendo sus mejores trajes. Llegaba el esperado derbi en FA Cup, a partido único. La rivalidad entre Arsenal y Tottenham expandida a su máxima expresión. Quien ganara, se clasificaría para la Cuarta Ronda del torneo copero. Quien perdiera, a parte de caer eliminado, debería soportar sobre su espalda el peso de una derrota ante su máximo rival.

El Emirates Stadium era la localización elegida para la cita. Sus gradas rebosaban pasión, sentimiento, tensión y nervios a partes iguales. Era el gran partido del año para ambas aficiones, y no faltaron a su cita. Recriminaciones y cánticos de un sector a otro. Una guerra dialéctica que envolvía el Arsenal – Tottenham bajo el romántico aroma de un fútbol donde las pasiones se desatan, donde el deporte se ve superado por las emociones incontrolables de miles aficionados.

El Arsenal vencía al Tottenham por 2-0 con goles de Santi Cazorla y Rosicky, en un partido cómodo, en el que dominó al rival en el apartado de la posesión y en el que, pese a la derrota, Sherwood sigue implantando sus cambios y sus metodologías en la etapa posterior a la marcha de Villas-Boas.

Los Gunners ganaban a los Spurs. Una victoria ante el eterno rival, ante el eterno enemigo. La rivalidad entre ambos clubes se convertía en máxima cuando el Arsenal trasladaba su estadio al Norte de Londres, territorio habitado por el Tottenham. El club Spur sintió cómo invadían su espacio, y desde entonces se ha ido instaurando una rivalidad que roza (y llega a superar) el odio.

Ganar al máximo rival, al equipo de sabes que al día siguiente puedes convertir en objetivo de burlas o, por el contrario, saber que recibirás días desagradables. Un partido que puede salvar una temporada, que puede ser catalogado y etiquetado de casi un título. El objetivo, ganar, y puestos a pedir, humillar al rival. El mejor regalo, hundir al contrario.

Un encuentro que marcará las dinámicas de ambos. El Arsenal sigue en su camino triunfal, sigue adelante en su objetivo de aspirar realmente, de verdad, a algún título tras años de sequía. El Tottenham, por su parte, sigue inmerso en el comienzo de etapa post-Andre Villas-Boas. Ahora bien, los Gunners sonreirán durante días; todo lo contrario los Spurs. Quizás este resultado esté presente hasta el próximo derbi de Londres, allá por la segunda semana de Marzo.

Ganar al máximo rival. El clímax del fútbol. Tras un resultado positivo, ante ese equipo, todo será recordar resúmenes donde el aficionado verá imágenes gratificantes, donde además los piques entre amigos o conocidos marcará la rutina cercana. La larga espera del partido ya será historia, y ahora tocará disfrutar o sufrir comentarios, según sea el resultado.

El fútbol y sus grandes citas. Todo gira en torno a un terreno de juego, pero su grandeza recala en el exterior, en sus historias, en sus anécdotas, en los rincones de las ciudades, en su pasión.

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