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Londres, clímax de una rivalidad legendaria

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“El partido de mañana es como el final de una película. Una película que he protagonizado todos estos años junto a Andy [Murray]. El de mañana es el encuentro más importante de todos aquellos que hayamos jugado. Con esta frase se despedía anoche Novak Djokovic del O2 Arena tras barrer de la pista a Kei Nishikori en la segunda semifinal del Masters de Londres. Era la antesala al partido que todo el mundo quería ver: el enfrentamiento entre los dos mejores tenistas de la temporada por el cetro del tenis masculino. Tras diez meses de incesante batalla, todo se va a decidir a una carta.

Es cierto que los enfrentamientos entre balcánico y escocés no han generado nunca la expectación mediática que sí lo hacían los duelos entre Roger Federer y Rafa Nadal. No era un duelo tan dispar con dos estilos tan contrapuestos como sí podían tener el suizo y el español, que mostraban las dos formas más diferentes de poder jugar al deporte de la raqueta: la elegancia y la garra. Djokovic y Murray son, en cierta manera, tenistas de un perfil similar, basados en su solidez desde el fondo de la pista, con los dos mejores reveses a dos manos de los últimos tiempos y con una increíble capacidad para ser eficiente en los momentos clave de los partidos.

La conexión entre ambos viene de lejos. Ambos nacieron el mismo año, en 1987, y en el mismo mes, en mayo. Andy lo hizo siete días antes que Novak, eso sí. Parece como si, desde entonces, estuvieran destinados a encontrarse. Y no tardaron en hacerlo, puesto que ambos batallaron, en categorías inferiores, por trofeos a nivel europeo, hasta llegar a ‘junior’, donde Murray solía batir a Djokovic -el escocés se llevó un Grand Slam junior, en el US Open 2003, mientras que su coetáneo rival llegó a la élite sin un palmarés especialmente llamativo en este aspecto.

Sin embargo, y pese a que Murray venía con una mayor predestinación hacia el estrellato, fue el de Belgrado el que explotó primero. En 2006, Novak, a sus 19 años, ya había pisado los cuartos de final de un Grand Slam -cediendo en Roland Garros ante otro joven ilustre, Nadal-. A Murray le costó un par de años más alcanzar esa cota. Ambos llegaron al top-10 del ranking ATP algo antes de llegar a la veintena de edad. Djokovic lo hizo en marzo de 2007, tras una gira americana que le consagró, siendo finalista en Indian Wells y campeón en Miami. Murray, un mes más tarde, al ser semifinalista en ambos torneos, cediendo, curiosamente, en las dos ocasiones ante el serbio. Fueron sus dos primeras derrotas ante el balcánico, pero no serían las últimas.

Ambos deberían convivir en una época en la que la perfección de Federer y la perseverancia de Nadal por destronar al suizo les hacía imposible acceder al cetro de la ATP. Sólo podían llevarse las migajas que los dos tenistas más laureados de todos los tiempos iban dejando por el camino. Y ahí fue Djokovic más espabilado que Murray. Aprovechó el Open de Australia de 2008, en el que Federer se encontró con fiebre durante todo el torneo, para anotarse su primer major. Andy también dispondría de su primera oportunidad ese curso, pero no pudo con el suizo en una final sin mucha historia en el US Open. Ambos cerraron el curso tenístico 2008 como tercero y cuarto de la clasificación. Había nacido el famoso Big Four.

Los dos siguientes años seguirían el mismo curso. De los ocho Grand Slams en juego, cuatro fueron para Nadal y tres para Federer. El restante, para un sorprendente Del Potro. Murray se dejó otro Grand Slam por el camino -derrota fácil ante Roger en Australia’2010- y Djokovic bordeó su segundo éxito al perder con Nadal en un apasionante duelo en Nueva York. Sin embargo, al final de esa temporada 2010, asomaban vientos de cambio en la ATP. Federer llegaba a la treintena de edad y Nadal comenzaba a ser algo menos competitivo en las pistas rápidas. Había llegado el momento de Djokovic y Murray. Estaba por ver quién sería el que aprovecharía el resquicio.

Una vez más, el precoz fue el serbio. Así lo muestra la final del Abierto de Australia de 2011. Nadal, lesionado, había dicho adiós en cuartos, mientras que Federer, barrido por Djokovic en semifinales, comenzaba a dar, por primera vez en su carrera, síntomas de debilidad. En la final, Novak fue muy superior a Andy, y dejó claro que era él el sucesor del binomio Roger-Rafa -acabaría siendo número 1 en el mes de julio-, mientras que Murray perdía la tercera final de Grand Slam que disputaba. Ese curso marcaría la irrupción de Djokovic como nuevo dominador del tenis mundial -fue campeón de tres de los cuatro grandes-, y el estancamiento de Murray como cuarto en discordia.

Pero algo iba a cambiar en Murray. A finales de 2011, decide contratar a Ivan Lendl como nuevo entrenador, algo que dejó resultados de inmediato. En la semifinal del Open de Australia de 2012, el escocés estuvo a punto de batir al serbio en un apasionante encuentro de más de cinco de horas. Era el comienzo de una nueva era en los Djokovic-Murray. Durante los dos siguientes años, 2012 y 2013, Andy fue capaz de batir a Novak en numerosas ocasiones, incluyendo la semifinal olímpica de Londres’2012, o las finales de sus dos primeros títulos de Grand Slam, en el US Open’2012 o en Wimbledon’2013. Por primera vez en su carrera, Murray estaba preparado para ser número 1 del mundo. Pero una lesión en la espalda frenó en seco su progresión.

2014 fue un curso terrible para Murray. Cerró el año sin pisar una sola final de Grand Slam o de Masters 1000 y con un sonrojante 4-0 en sus enfrentamientos contra el serbio, que regresaba a lo más alto del ranking tras un pequeño periodo de crisis. Tras tocar fondo en el verano de 2014, en el que llegó a salir del top-10, Murray comenzó un lento pero progresivo ascenso que le ha llevado, hace un par de semanas, al número 1 del mundo. Por el camino, muchas derrotas contra Djokovic. Algunas, muy dolorosas, como la de la final del Open de Australia de 2015, o la del Masters 1000 de Miami de ese mismo curso, ambas cerradas con un 6-0 en el último set.

En el periodo más dictatorial de Djokovic, fue Murray el único que aguantó regularmente el temporal. Y, por tanto, debía ser él el que recogiese los frutos una vez que el serbio bajase el nivel tras la culminación a su carrera deportiva con la consecución del título en Roland Garros. 23 victorias consecutivas en un otoño espectacular le han llevado al escocés al trono del tenis masculino, el cual deberá defenderlo, delante de su público, ante el hombre que le ha acompañado durante una década en la mayoría de sus éxitos y sus fracasos.

Un abultado 24-10 adorna el historial de enfrentamientos entre los dos tenistas que han protagonizado, en mayor parte, la actual temporada. Resulta casi imposible que, en lo que les queda de trayectoria deportiva, Murray pueda darle la vuelta a la tortilla, pero Londres examinará si el de Dunblane es realmente el nuevo rey del tenis o un monarca pasajero que aprovechó un momento de desconcierto. Londres, la ciudad que ha visto los mayores éxitos de Murray, marcará el clímax a una rivalidad casi tan legendaria como la de Federer y Nadal. Como dijo Djokovic, el final de una bonita película. Un final, eso sí, totalmente incierto.

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