Fútbol italiano

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Locatelli, el nuevo chico de oro del Milan

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Menos de un año después de la aparición superlativa y asentamiento como titular indiscutible de Gianluigi Donnarumma, el Milan está gestando un nuevo cambio generacional en su once tipo con la figura del joven mediocentro Manuel Locatelli, otra de las perlas de su cantera dispuesta también a echar la puerta abajo.

Tras un lustro como dueño de los mandos del peor Milan de la historia reciente y a sus casi 32 años, Riccardo Montolivo está acusando el desgaste y cada curso está siendo más señalado como uno de los factores que hacen que el conjunto rossonero no parezca terminar nunca de alcanzar un nivel óptimo de juego y prestaciones.

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Y aunque es cierto que la lentitud de movimientos de Montolivo le resta al Milan agilidad en su propuesta es aún más cierto que sentar al internacional italiano o desplazarlo de su posición de regista preponderante, es una tarea todavía ardua. De hecho, Montolivo sigue siendo el mejor futbolista rossonero en cuanto a porcentaje en acierto de pase y el mejor centrocampista de la pasada Serie A en términos de recuperación de balones. Registros muy serios que siguen poniendo de manifiesto la importancia de su presencia.

Sin embargo, con Montolivo como eje y piedra de toque en la demarcación de mediocentro posicional, el equipo de Montella está echando en falta una mayor agilidad de movimientos con balón y, especialmente, sin él. No se trata tanto de precisión en la ejecución como de capacidad y frescura para ofrecerse constantemente y, sobre todo, de poner a funcionar las piernas en transición defensiva a la hora de replegar y ofrecer ayudas en la frontal del área o a los costados. Cuando el Milan necesita a su iniciador, Locatelli siempre está libre de marca. Y cuando el Milan necesita más efectivos para defender un contraataque, también. Dos fases que Montolivo cumple pero no cuando se dan en la misma jugada.

Manuel Locatelli está en vías de ofrecer todo lo que Montolivo ofrece como regista y está preparado desde ya para paliar los déficits que el capitano rossonero evidencia cada vez con mayor asiduidad. El jovencísimo canterano del Milan de 18 años es elegante en el manejo del cuero, jerárquico y sencillo en sus decisiones, un entregador de pelotas pulidas, seguras, también verticales y que siempre, siempre benefician al circuito asociativo milanista, en ocasiones todavía demasiado verde, aturullado y desordenado posicionalmente.

Y sabe, como un veterano, cuándo tiene que dar dos pasos adelante y cuándo dos hacia atrás para colocarse entre centrales y dar amplitud y vías de pase desde el inicio de la acción. La pide y se ofrece como un gran gestor de juego. Oxigena, ordena las líneas y hace avanzar paulatinamente a sus compañeros en el juego de posición. Distribuye, ayuda, repliega y mete el pie.

De notable golpeo a puerta y a balón parado y de técnica de pase sobresaliente, Locatelli siempre juega con la cabeza alta y hasta el momento, su fútbol se está caracterizando por el pase pragmático y por un rol posicional muy interiorizado que hace que el Milan se ordene y se organice mucho mejor cuando el joven y eminente distribuidor sale al campo y toma las riendas, pese a que todavía le hace falta coger confianza y galones para soltarse, especialmente, con los envíos laterales largos que también domina y dejarse ver ocasionalmente en la media luna para sacar a pasear su buen disparo lejano. Poco a poco.

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De hecho, los rossoneri remontaron al Sassuolo con un golazo suyo cuando iban perdiendo 1-3 en el momento en el que Locatelli saltó al césped de San Siro, ganaron a la Sampdoria en Marassi por 0-1 cuando iban 0-0 al entrar él al terreno de juego, sentenciaron a la Lazio en casa pasando del 1-0 al 2-0 con el canterano ya en el campo y mantuvieron el valioso empate en Florencia tras su salida al Artemio Franchi. Motivos de más, en forma de rendimiento y puntos, para que Montella empiece a considerar a Locatelli como un titular en potencia.

Manuel Locatelli es ya un jugador muy estable para su corta edad. Y la sencillez de sus trazos y su clase mezclada con un entusiasmo bien canalizado, está sacando al Milan de un desorden habitual en las transiciones que debe cortar de raíz para hallar una estabilidad estilística y de resultados que Montella todavía está buscando. Es una cuestión de puro ritmo, de fluidez, de dar sentido a toda la propuesta con un jugador inexperto sí, pero llamado a ser un especialista en su demarcación. Un organizador que no descuida nunca su zona y que permite muchas menos recepciones a la espalda de la medular rossonera que ningún otro. La forma, junto al contragolpe, con la que más daño precisamente se le puede hacer a este Milan. Un especialista que no tenían en plantilla pero sí en la cantera.

Además de su incidencia lógica en el 4-3-3 de Montella que debería aumentar con el paso de la temporada y la suma de minutos en la pura élite, Locatelli le ofrece a su entrenador una variante de juego que ningún otro de los centrocampistas rossoneri pueden darle. Y no es otra que el paso, incluso con el partido en curso, del sistema habitual de ‘L’Aeroplanino’ a un 4-1-4-1 con Montolivo en la posición de interior izquierdo, en ese rol tan particular de segundo regista avanzado que era básico para Montella en la Fiorentina con la figura de Borja Valero para plantar el bloque en la mitad de campo rival.

Es en esa disposición en la que Locatelli ha entrado más veces en los planes de su técnico como revulsivo desde el banquillo. Un reemplazo que Montella no sólo utiliza para darle a los suyos una mayor estabilidad posicional y con pelota sino que también usa cuando tiene que cambiar el signo del marcador por las dotes de mando equilibrado que el canterano le ofrece y que permite a todo el frente de ataque desde el llegador Kucka, pasando por los hombres abiertos, hasta llegar al mediapunta reconvertido en interior Bonaventura liberarse, enfocar su juego hacia el arco rival y posicionarse unos cuantos metros más arriba desde un primer momento, además de por ser un tipo diestro en las aperturas que pueden permitir contragolpes y esgrimir un juego más vertical, del que el Milan está viviendo seguramente por encima de lo que desearía su técnico y al que un tipo de finalizador de desmarques como Bacca siempre condiciona.

No era su debut pero Manuel Locatelli acabó el partido ante el Sassuolo bañado en lágrimas. Lágrimas de emoción y también de gloria tras marcar su primer gol -y qué gol- en Serie A. Consciente él, como todos los que estaban en San Siro, de que su magnífico tanto era la señal que el nuevo chico de oro del Milan estaba esperando. La señal de que ya ha empezado a tirar la puerta abajo y a sentirse pieza importante del equipo que siente como propio. Ahora le queda lo más difícil. Entrar y distribuir todo a su gusto. Y en este Milan de vacas flacas y poco sagradas, con un Montolivo en la cuesta abajo física de su carrera, tiene todas las papeletas para poder hacerlo mientras sigue creciendo.

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