Fútbol alemán

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SV Darmstadt, lirios marchitos sin Johnny

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Nos pensamos expertos, con nuestras sonrisas burlonas y nuestros teléfonos de última generación. Creemos que lo tenemos todo en la palma de la mano. Pero como siempre en nuestra estupidez humana se nos está escapando de las manos el significado de muchas palabras. Se nos escurren entre los dedos los discursos y los argumentos y nos quedan palabras huecas y carentes de acepciones. Todo acaba por ser una falacia en la que nos intentamos justificar, e intentamos convencernos de que sabemos el verdadero significado de las cosas. Pero no sabemos nada. Nada de nada. No llegamos ni a atisbar los bordes de las implicaciones de las palabras que usamos a diario: amor, lealtad, voluntad, sacrificio…

Es curioso que tenga que venir alguien a recordarnos nuestra estupidez, alguien que ama con todo lo que ello conlleva. Ama noventa minutos más prorroga. Hasta llegar a los penaltis, hasta lanzar la última vez el esférico hasta el fondo de la red. Hay gente como Johnny que nos ha mostrado que no sabemos nada del amor, que todas esas canciones que hablan de él son sólo los bordes de una acepción enorme que engloba mucho más que decir ‘te quiero’.

Johnny supo lo que significaban todas esas cosas. Johnny tenía cáncer y luchó. Luchó hasta el último de sus días. Y amó, amó como nadie. Amó por encima de todas las cosas a sus lirios. Porque él era del Darmstadt hasta lo más hondo de su ser.

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Cuando se enteró que tenía cáncer se dedicó al 100% a ganarle el partido de su vida a una enfermedad que consume y requiere un sacrificio descomunal, tanto física como mentalmente. Además de la voluntad de vivir, Johnny tenía un sueño y un deseo: que el Darmstadt -su equipo- ascendiera. Por aquél entonces de tercera a segunda división. Él se acercó a los jugadores de los lirios y les entregó en persona a cada uno de ellos una pulsera dónde rezaba: “debes luchar – Esto aún no está perdido”; el lema de su organización benéfica para su lucha y la de muchas otras personas que cada día libran su batalla contra el cáncer.

Los lirios no sólo consiguieron el ascenso a segunda división alemana, sino que navegaron con el viento a favor hasta atracar en la categoría reina del país teutón. En un estadio que rezuma fútbol setentero, de aquel que movía pasiones y amores en cada esquina. Con barro en las botas y con los gritos desde las pocas gradas que se levantan en los cuatro lados del terreno de juego. Aquel muchacho lo vivía todo desde primera línea. Estaba luchando su batalla mientras sus ídolos cada fin de semana se dejaban la piel en el correoso césped dónde el cuero rueda de manera diferente. Y el amor ahí cobra una acepción que pocos conocen, que pocos comprenden. Es ese amor sin barreras y sin condiciones.

Sin embargo en su partido personal, el cáncer ganó. La enfermedad marcó un gol más que él y acabó venciéndole. Tras los noventa minutos y el tiempo extra, se lo llevó en los penaltis. Se marchó dejándonos el ejemplo de cómo es vivir amando de verdad. Amaba a los lirios y ahora ellos le echarán de menos. Johnny murió a la edad de veintiséis años tras doce de ardua batalla contra el cáncer. Johnny se fue.

“Goodbye my lover, Goodbye my friend. You have been the one, you have been the one for me.”

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