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Leyendas sin anillo (Capítulo I)

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No es fácil ganar un anillo. Desde que existe la NBA (anteriormente BAA), la meta final del juego ha sido lograda por contados equipos. Teniendo en cuenta que entre Celtics, Lakers, Bulls y Spurs suman 44 títulos, el número de jugadores que puede presumir de haber alcanzado la gloria colectiva no es muy elevado. Coincidir en el tiempo con los Celtics de los 60, los Lakers de Magic o los Bulls de Jordan, era limitar mucho las aspiraciones del resto de contendientes. Solo los 76ers fueron capaces de arrebatar un trofeo a los de Massachusetts en la década prodigiosa, únicamente súper equipos liderados por figuras como Erving, Malone, Bird o Thomas pudieron hacer frente al Showtime, e incluso el mismísimo Hakeem Olajuwon debió aprovechar la ausencia de Su Majestad para lucir dos joyas en sus manos.

A día de hoy, si eres baloncestista y participas en la mejor liga del mundo, más vale que tengas hueco entre los hombres del Rey, o sirvas en la legión de la Bahía. El Larry O’Brien parece de momento coto reservado para dos plantillas que se elevan por encima de las demás. El resto de grandes estrellas que lucha, a priori, deberá esperar. Con suerte, formarás parte de los posibles outsiders, liderados por los Spurs del maestro Popovich, y en cuyo grupo caben entre dos y cuatro equipos más, siendo generosos.

Mientras las esperanzas de algunas figuras a los que aún les queda carrera por delante se mantienen, y descartando hasta que se den las retiradas de cracks ya en el ocaso, como Vince Carter, hemos creído conveniente hacer una lista de hasta 20 jugadores que son leyendas sin anillo. Aquellos que serán recordados por un legado que no incluye el propósito final de toda competición.

De esta veintena bien podrían formar parte astros como Jack Twyman (11 temporadas/6 veces All Star), Lenny Wilkens (15/9), Walt Bellamy (14/4), Nate Thurmond (14/7), Dave Bing (12/7), David Thompson (9/5), Walter Davis (15/6), Sidney Moncrief (12/5), Chris Mullin (16/5), Grant Hill (18*/7) o Yao Ming (8*/8), pero por cuestiones de espacio, procedían descartes. También posibles candidatos como Dan Issel o Artis Gilmore quedan descartados debido a que, como mal menor, lograron vencer en la ABA. Así pues, la lista queda reducida a los siguientes jugadores.

Primera entrega: del 20 al 15.

20. DIKEMBE MUTOMBO

18 temporadas. Medias carrera: 9,8 puntos; 10,3 rebotes; 1,0 asistencias; 2,8 tapones.

Reconocimientos: Hall of famer. All Star (x8), All NBA Team (x3), defensor del año (x4), All Defensive Team (x6)

Dikembe Mutombo Mpolondo Mukamba Jean-Jacques Wamutombo. Para quien no lo recuerde (empresa complicada, todo sea dicho), ese es su nombre completo. Llegó a la NBA en 1991 para jugar en Denver Nuggets, en una de las épocas doradas de grandes pívots (Olajuwon, Robinson, Ewing, O’Neal, Mourning…), y allí nos regaló aquella icónica postal suya en el suelo, con el balón en las manos y llorando de alegría, tras eliminar en primera ronda, siendo los de Colorado octavos cabezas de serie en 1994, a los poderosísimos Seattle Supersonics. Formarse en Georgetown era sinónimo de capacidad defensiva. Y es que, ciertamente, nunca se prodigó demasiado en ataque (solo en su primer año superaría los 15 puntos de media). Por el contrario, como ancla en la propia zona valía su peso en oro. Mutombo no fue un cualquiera aunque no viese aro: dos veces máximo reboteador y tres máximo taponador. Cosa seria.

Sirvió, además de en los Nuggets, en Hawks, 76ers, Nets, Knicks y Rockets. Jamás estuvo tan cerca del anillo como en 2001, cuando jugaba en la Philadelphia de Larry Brown, y Allen Iverson era por entonces MVP de la competición. Caerían en la final ante Los Angeles Lakers, en unos años en los que sólo las Torres Gemelas de los Spurs hacían sombra al brutal poderío de Shaquille O’Neal.

19. TIM HARDAWAY

13* temporadas. Medias carrera: 17,7 puntos; 3,3 rebotes; 8,2 asistencias; 1,6 robos.

Reconocimientos: All Star (x5), All NBA Team (x5)

Hardaway era una base rápido, con excelente manejo de balón y maestro de los crossovers. Gran penetrador y buen pasador. Llegó a la liga en 1989 para formar un Big Three atípico en Golden State Warriors. Él como base, Mitch Richmond en la posición de escolta y Chris Mullin de tres, taladraban los aros rivales desde el perímetro. El Run TMC de Don Nelson adelantaba en cierto modo el Small Ball tan actual. Aunque tuvieron poco recorrido. El oeste, plagado de equipos con tipos duros en la zona, apenas les dio opción. Siempre agradeceremos, por otra parte, el hacernos pasar buenos ratos en esos escasos dos años de convivencia.

Sus verdaderas opciones llegarían tras salir de la Bahía rumbo a South Beach. Luego de superar una lesión de rodilla que lo tuvo una temporada fuera de las canchas, año y medio después era traspasado a los Heat de Pat Riley. Junto a Alonzo Mourning y hombres como Jamal Mashburn, P.J. Brown, o Dan Majerle, serían candidatos durante un lustro, llegando a firmar una final de conferencia. Claro que por entonces jugaba un tal Michael Jordan. Todo dicho. Las series ante New York Knicks serían el principio del fin de aquel conjunto. Tras su periplo en Miami, recalaría en Dallas, Denver e Indiana, antes de colgar las zapatillas. En sus buenos años superó en cinco temporadas los 20 puntos de media por encuentro y en tres las 10 asistencias.

Tim Hardaway (d), Miami Heat | Getty

18. ADRIAN DANTLEY

15 temporadas. Medias carrera: 24,3 puntos; 5,7 rebotes; 3,0 asistencias; 1,0 robos.

Reconocimientos: Hall of famer, All Star (x6), All NBA Team (x2), rookie del año.

Buffalo Braves no parecía mal destino. Semifinales de conferencia el año anterior y una estrella como Bob McAdoo. Además, en Randy Smith había otro jugador consistente. A ellos se unía Adrian Dantley, un alero con facilidad para anotar. Sobre el papel, mucho que ganar. Pero McAdoo abandonaría la nave a los 20 partidos rumbo a New York, y todo se desvanecía. No había que preocuparse, en principio quedaba mucha carrera por delante. Cortos periplos en Indiana Pacers y Los Angeles Lakers antes de dar con sus huesos en Utah Jazz. En Salt Lake City, estuvo cuatro años sin bajarse de los 30 puntos de media por partido. Dirigidos por Frank Layden (coach of the year), el equipo mormón accedió en 1984 por primera vez a playoffs y Dantley era el máximo anotador del campeonato (hito que logró hasta en dos ocasiones). En los dos años posteriores, aterrizaban en la ciudad John Stockton primero, y Karl Malone después. La post temporada ya no era una utopía, sino una obligación. Pero en 1986, Dantley salía del equipo destino Detroit.

En la Motown se estaba creando un grupo muy sólido. Con Chuck Daly en el banquillo, los Thomas, Laimbeer, Dumars, Johnson, Rodman, Salley y compañía, alcanzaban ya, junto al recién llegado, nada menos que a finales de conferencia en 1987 ante los Celtics de Larry Bird. Forzarían siete partidos. Y siete serían de nuevo los choques de la final de 1988, que les enfrentó a Los Angeles Lakers de Magic Johnson. Rozando el anillo con la yema de los dedos. Se presentía que 1989 era el año, estaba todo dispuesto. Sin embargo, la pieza que parecía faltar en Michigan jugaba en Texas. Mark Aguirre era el objetivo. Y solo con Dantley podía darse el traspaso. Detroit sería dos años consecutivos campeón ya sin Adrian en el equipo. Posteriormente, tanto en Dallas como en Milwaukee no tuvo opción.

17. BOB LANIER

14 temporadas. Medias carrera: 20,1 puntos; 10,1 rebotes; 3,1 asistencias; 1,5 tapones; 1,1 robos.

Reconocimientos: Hall of famer, All Star (x8) MVP All Star.

Nativo de Buffalo, Nueva York, sería número uno del draft en 1970. Detroit Pistons fue su primer equipo profesional. Hasta 1974, pese a sus extraordinarios números año tras año (hasta en siete ocasiones superaría los 20 puntos por partido y el ocho los más de diez rebotes), no alcanzaría playoffs. Aunque nunca estaría cerca de lograr ahí algo grande. Propenso a las lesiones (era raro que alcanzara los 70 partidos jugados), se veía impotente en una franquicia que no tenía mucho más.

En 1980 era traspasado a Milwaukee Bucks, grupo ganador dirigido por Don Nelson. Entre 1981 y 1983 firmaron balances extraordinarios, pero siempre toparon con la misma piedra en el camino: los Sixers de Juluis Erving. Cuando en 1984, los Nets sorprendían a todos apartando a Philadelphia a las primeras de cambio, el cielo parecía abrirse en Milwaukee. Tras superar a los de New Jersey, quedaba Boston como único escollo antes de participar por fin en unas finales. Pero en los Celtics jugaba el por entonces mejor jugador del planeta. Larry Bird y los suyos no dieron opción, alejando a Lanier del sueño en cinco partidos.

16. ANFERNEE HARDAWAY

14* temporadas. Medias carrera: 15,2 puntos; 4,5 rebotes; 5,0 asistencias; 1,6 robos.

Reconocimientos: All Star (x4), All NBA Team (x3)

Igual a alguno le sorprende ver a Penny en este selecto grupo. El motivo bien podría darlo el más grande. Al ser preguntado, Michael Jordan señaló a Anfernee Hardaway como el jugador con más condiciones para dominar la liga en los años posteriores a aquel momento exacto. Esa era la verdadera dimensión de un jugador al que las lesiones impidieron reinar. Hoy nuestra memoria contiene algunos highlights sueltos, precisamente aquellos que nos impiden valorar en su justa medida lo que el mejor base alto desde Magic Johnson significó. Porque era mucho más que flashes. Y es que Anfernee de talento iba sobrado. Los fans de Orlando Magic, que no se explicaron en un principio el traspaso que cedería los derechos de Chris Webber a cambio de su nuevo jugador, acabarían rendidos. Shaquille O’Neal, que llevaba un año ya en Florida, encontró en el base/escolta al complemento perfecto. Y ya en la segunda temporada compartida, alcanzaban las finales, donde serían barridos por los Rockets de Olajuwon y Drexler. Se habló mucho del rendimiento de Nick Anderson y, sobre todo, Dennis Scott en aquellas series, los supuestos especialistas en el tiro. Los cuatro, junto al curtido Horace Grant, formaban un quinteto sólido llamado a pelear en los cursos siguientes.

Pero Michael Jordan había decidido regresar, y en las finales de conferencia de la 95-96 firmaría la disolución del binomio con más proyección del baloncesto. Shaq haría las maletas rumbo a Hollywood, dejando en las espaldas de Hardaway el peso de la franquicia. Y no fue su espalda, sino su rodilla, la que cedió. Con 25 años, y tras haber sido dos veces miembro del mejor quinteto de la liga, la salud le negó el futuro. Múltiples operaciones que jamás devolvieron siquiera una versión cercana a lo que ya era Penny. Con 28 saldría en dirección a Phoenix, para formar con Jason Kidd un backcourt de renombre. La calidad seguía intacta. Su físico quedaba atrás. Jamás volvería a estar entero. Jamás supimos de sus límites reales. New York y Miami vivirían el ocaso de un genio mermado.

15. CHRIS WEBBER

15 temporadas. Medias carrera: 20,7 puntos; 9,8 rebotes; 4,2 asistencias; 1,4  tapones; 1,4 robos.

Reconocimientos: All Star (x5), All NBA Team (x5), rookie del año.

Golden State Warriors fue el primer destino de C-Webb. Allí sería novato del año, y formaría un grupo que parecía tener un futuro prometedor junto a Latrell Sprewell o Billy Owens, pero no alargaría estancia. En Washington, siguiente parada, jugaría cuatro temporadas, alcanzando los playoffs en la tercera. Aunque la gran época de Webber llegaría a continuación. Con 25 años arriba en Sacramento. Y ahí sí vivimos un cuento fantástico, aunque sin final feliz.

Rick Adelman cambia de registro y en California apuesta por el juego alegre. Tener a Jason Williams a los mandos también incitaba a ello. Se van añadiendo piezas y el roster, de pronto, parece capaz de competir. El batacazo, en forma de barrido en semifinales de conferencia de 2001 ante los Lakers, provoca la salida del base, a cambio de Mike Bibby. A pesar de que en el recuerdo colectivo la magia del primero lo impregne todo, es con el segundo cuando el grupo alcanza su cénit. Además de los mencionados Bibby y Webber, formaban una plantilla muy sólida Peja Stojakovic, Vlade Divac, Doug Christie, Bobby Jackson, o Hedo Turkoglu… Motivos para la euforia. En la final de conferencia de 2002 se dieron demasiados condicionantes extraños. Que si Horry en el cuarto partido, que si un arbitraje dudoso en el sexto, que si prórroga en el séptimo. Aquellos Kings merecían la corona. Estuvieron muy cerca. Después, la lesión de Chris ante Dallas Mavericks, al año siguiente, en segunda ronda de eliminatorias, sería el principio del fin. Tampoco en 2004 fueron capaces de superar a unos grandes Wolves, y a mitad de la campaña posterior, Webber sería enviado a Philadelphia, que ya no era el grupo aspirante que logró alcanzar la final no hacía tanto. Un breve paso por Detroit y una aciaga despedida en Warriors siendo una sombra, debido al lastre físico, como epílogo a una carrera brillante, que incluyó más de diez temporadas alcanzando al menos la veintena de puntos, y seis superando los diez rebotes (apartado que lideró en una campaña).

 

*No se contabilizan las temporadas en las que no llegaron a debutar.

 

 

 

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