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Ley Bosman, globalización y las nacionalidades

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Sergio M. POTENCIANO – Pocos aficionados al balón éramos conscientes que aquel 15 de diciembre de 1995 cambiaría la historia del fútbol, para bien o para mal, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictó sentencia declarando ilegales las indemnizaciones por traspaso y los cupos de extranjeros para jugadores nacionales de estados pertenecientes a la Unión Europea. La conocida como Ley Bosman haría que este deporte, tal y como lo conocíamos, dejara de existir.

Entre muchos otros aspectos, los clubes se llenarían de futbolistas extranjeros, con dobles o incluso más nacionalidades, raíces diferentes a las del pueblo donde nació o incluso familia lejana son suficientes para que muchos jugadores tengan la opción de elegir que camisetas defender, buscar lejos de su origen la oportunidad que en muchos casos les niegan en casa.

Con el paso de los años, el mundo del fútbol, como el de la vida en general, presenta una enorme pluralidad, esa globalización capaz de hacer que dos hermanos se enfrenten en un rectángulo de juego defendiendo banderas diferentes, los himnos que preceden el pitido inicial poco importan, la lucha en los despachos y la búsqueda de antepasados comienzan a ser prácticas habituales en las diferentes Federaciones nacionales.

Con este paisaje se ha proclamado recientemente campeón del mundo en Alemania 2006 el argentino Camoranesi con la azurra italiana. O de Europa en 2008 Marcos Senna, el último jugador que habiendo nacido lejos de España ha vestido la camiseta de ‘La Roja’. Según la vigente normativa -no entraré a valorarla-, cualquier futbolista que haya jugado al menos un minuto en partido oficial con la zamarra de un combinado nacional, no podrá defender el escudo de otro país. Quiere decirse que independientemente de su participación o no en amistosos y su pasado en categorías inferiores, el partido oficial marcará su futuro lejos de lo que hayas vivido hasta entonces.

Hace ya algunos meses Diego Costa defendió a la canarinha en un par de amistosos, ahora brasileños y españoles se disputan al jugador del momento. Y es que como decimos, Ley en mano, Vicente del Bosque tiene la posibilidad de colarle el primer gol a Scolari meses antes de dar comienzo su Mundial.
Pero no será el único que siga ese camino (en caso de sucederse), ya lo vivieron futbolistas de talla mundial como Di Stefano, Heredia, Kubala y Puskas. Hasta llegar al ya mentado Senna, unos de los que el éxito le alcanzó tras decidir cambiar de camiseta; Pizzi, Donato, Catanha, Christiansen, Becerra, Rubén Cano, o su predecesor Pernía, ya apostaron por dejar su país de origen de lado e intentar triunfar, en muchos casos, al otro lado del globo.

Al igual que el delantero de Lagarto, por el que ha empezado un partido diferente al meramente futbolístico, jugadores como Higuaín, Klose o Podolski ya tuvieron que estudiar las posibilidades que ofrecía la baraja del balón. El destino les deparó poder elegir si Polonia o Alemania, si Argentina o Francia, como sucedió en su día con Trezeguet, o incluso otro de los futbolistas más importantes de la historia, Zinedine Zidane (nacido en Marsella pero de origen argelino). Actualmente comparten situación con Diego Costa el jugador del River Plate Balanta, un central con gran futuro de origen colombiano que deberá escoger entre los cafeteros y el combinado de Sabella, o el último en aparecer, el ex del Cádiz Lucas Lobos, quien todo hace indicar que jugará para México tras la dificultad de contar para la albiceleste. También se especula con el joven del Valencia Fede Cartabia, ¿España o Argentina? Quién sabe.
Lucas Barrios en su día viajó a Paraguay única y exclusivamente para recibir los papeles y poder participar en el Mundial de Sudáfrica con la selección entonces dirigida por el ‘Tata’ Martino. Y es que la nacionalidad de la madre del argentino era argumento suficiente. Importaba poco si el ex del Dortmund sabía o no la capital de su nuevo país, el sentimiento era lo de menos. Es fútbol.  Sólo le pedían goles y de eso iba sobrado.

Deco y Pepe defendieron la camiseta de Portugal, ahí a Scolari no le importó su procedencia, al igual que hizo con Liedson. Otro brasileño, como Amauri, que apostó por el país donde despuntó, Italia, como también lo ha hecho el actual punta de los ‘Saints’: Osvaldo, ex de Roma y Espanyol. Eduardo Da Silva, el delantero que marca tantos para Croacia, Guille Franco y México u Odemwingie con Nigeria. Los Boateng (ver foto), Kevin Prince juega para Ghana, su hermano y central del Bayern hace lo propio con Alemania. Marco Tulio, nacido en Brasil e internacional con Japón, Valdivia para Chile, Owen Hargreaves apostó por Inglaterra naciendo en Canadá, el mismo país que vio a Jonathan De Guzmán ser internacional con Holanda. El central vasco Fernando Amorebieta, que decidió recurrir a Venezuela para disputar partidos internacionales, igual que los hermanos Feltscher (suizos). Venezolanos como Danny que juegan con Portugal. Edmar, el enésimo braileño de esta lista y que defiende a Ucrania. Se me pasan por la cabeza, además, futbolistas como Asamoah o Cacau en Alemania, el centrocampista del Sevilla Ivan Rakitic, los "franceses" Obraniak y Perquis para Polonia, José Holebas en Grecia, Gebre Selassie en la República Checa, Thiago Motta para Italia o Mandanda y Evra, uno de los capitanes de la actual Francia, donde hoy día es motivo de debate si Benzema quiere o no cantar el himno, curioso. 

Todo ello sin detallar de forma exhaustiva los turcos que juegan con Alemania y los alemanes que lo hacen con Turquía, o la diversidad de origen de los jugadores de la selección de Suiza o Bélgica. Un sinfín de posibilidades que el planeta fútbol te depara, sabes dónde naces pero nunca donde jugarás. Esa globalización que permite a multitud de futbolistas elegir con la camiseta que quieren jugar un Mundial. Directivos y entrenadores telefoneando con la única intención de convencerte para dejar atrás tus raíces. Jugadores sudamericanos levantando Eurocopas o Copas de Asia y Africanos campeones del Mundo defendiendo a  países europeos. Un debate que hoy día es alimentado por Diego Costa, pero no confundirse, el hispano-brasileño es el último de muchos. Y es que esto funciona así, dilema de banderas, fútbol y globalización.

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