Deporte con estilo

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Lesiones que también se producen en el lenguaje

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El periodismo deportivo es un área de especialización compleja al aglutinar un amplio y heterogéneo número de modalidades y al tratarse de una actividad profesional cada vez más interdisciplinar. El seguimiento de un deportista o equipo ya no solo nos exige cubrir torneos e interpretar resultados y declaraciones, sino también familiarizarnos con la terminología jurídica propia del estado contable de las sociedades y sus consejos de administración y de los procedimientos derivados de la competición, así como manejar con la mayor destreza posible el léxico científico sobre sustancias dopantes y aspectos médicos inherentes a la actividad físico-deportiva, como son las enfermedades y las lesiones.

La especialización en periodismo deportivo también pasa por saber explicar y contextualizar el alcance de un esguince o un traumatismo de un atleta y hacerlo, además, de forma que sea comprensible para el gran público, con un lenguaje alejado de tecnicismos propios de expertos en la materia (servicios médicos de un club o de una federación o cuerpo técnico de un equipo), que son quienes deben ser nuestras fuentes habituales en estos casos. Es cierto que el parte médico suele sacar de dudas al periodista deportivo sobre la gravedad de los hechos, pero no basta con transcribir lo ya dicho o escrito ahí sino que es necesario un trabajo de adaptación lingüística y de divulgación. No somos médicos ni juristas sino periodistas y debemos escribir como tales.

Por la reiteración con que se producen, muchas lesiones deportivas suelen darse por sabidas y entendidas en las informaciones periodísticas y apenas se explican al público, lo que puede generar confusión terminológica e ineficacia comunicativa, sobre todo teniendo en cuenta que no todas las lesiones que puede padecer un deportista suelen producirse de la misma manera ni, a pesar de llamarse igual, revestir la misma gravedad (puede variar según el deporte) ni exigir un tiempo idéntico de recuperación (mayor o menor en función de las características del deportista). Por todo ello es siempre recomendable, en primer lugar, cerciorarse de que la lesión es esa y no otra que se escribe o suena de forma parecida, y de que hemos sido capaces de aclarar al lector de qué se trata exactamente recurriendo siempre a las fuentes más solventes.

Cabe, por tanto, detenerse en el lenguaje que utiliza el periodismo deportivo a la hora de referirse a las lesiones más habituales de los protagonistas de las informaciones en este ámbito (torceduras, distensiones, roturas, desgarros, fracturas, traumatismos, luxaciones,…) para comprobar si, efectivamente, los percances y contratiempos físicos pueden verse acompañados también por otros de índole lingüística.

Así, entre los vocablos médico-deportivos que presentan dudas o se prestan a posibles imprecisiones en cuanto a su significado u ortografía se encuentran, por ejemplo, aductor y abductor (hablamos de dos músculos diferentes; el abductor es el que tiene como función mover una parte del cuerpo alejándola del eje del mismo (por ejemplo, al poner los brazos en cruz), mientras que el aductor hace justamente lo contrario, esto es, aproximarla (para juntar las piernas se utilizan músculos aductores); artritis y artrosis (la primera, artritis, es la que se puede dar en un deportista, ya que es la inflamación de una o más articulaciones, mientras que la artrosis es la enfermedad degenerativa por desgaste de las articulaciones); artroscopia o artroscopía (exploración del estado del interior de una articulación, muy común cuando se trata de menisco o ligamento cruzado de la rodilla, con reparación de sus estructuras si están lesionadas), que puede usarse como sinónimo de endoscopia articular; o diagnóstico y pronóstico, dos sustantivos distintos que no deben confundirse en expresiones como pronóstico reservado (el diagnóstico es ‘la calificación que da el médico a la enfermedad según los signos que advierte’; el pronóstico es ‘el juicio que forma el médico respecto a los cambios que pueden sobrevenir durante el curso de una enfermedad, y sobre su duración y terminación por los síntomas que la han precedido o la acompañan’).

También conviene precisar las diferencias existentes entre desgarro muscular o tirón muscular (rotura parcial o completa de las fibras musculares a causa de un fuerte impacto, que, según su gravedad, puede tratarse de una microrrotura o rotura fibrilar), elongación (microrrotura de fibras musculares que constituyen la primera manifestación de la distensión muscular), distensión (estiramiento o rotura de fibras musculares no producida como consecuencia de un golpe sino que desarrolla paulatinamente) y esguince (lesión que afecta a alguna de las fibras de un ligamento que no llega a romperse). Si el esguince es más o menos grave (que no severo), podrá ser de Grado I (normalmente en números romanos), cuando se produce por sobrestiramiento del ligamento y provoca una ligera hinchazón; de Grado II, cuando el ligamento ya sufre desgarro o rotura parcial; o de Grado III, cuando hay rotura.

Otras lesiones muy comunes, especialmente entre atletas y futbolistas, son las que afectan a la planta del pie. A este respecto, hay que distinguir entre la fascitis plantar (estiramiento o sobrecarga de la banda gruesa de tejido que recorre la planta del pie y provoca un dolor intenso que impide caminar con normalidad) y metatarsalgia (problema que se manifiesta como un dolor en el metatarso y, por tanto, se localiza en la parte superior  donde los dedos se unen al pie).

En el día a día hay sobrecargas y contracturas, que requieren un seguimiento porque pueden agravarse y convertirse en microrroturas y roturas o desgarros. Y aunque el parte médico suele centrarse en las lesiones del sistema locomotor directamente relacionadas con la actividad física, tampoco hay que perder de vista otros aspectos más generales que pueden afectar a la salud de una persona como anomalías congénitas o alguna enfermedad (que no es lo mismo que patología, ‘parte de la medicina que estudia las enfermedades’), así como los procesos posoperatorios, tratamientos y revisiones, controles, pruebas o reconocimientos (en español hay opciones más que suficientes antes que usar test o chequeo, término adaptado de la voz inglesa checkup), todo ello con el fin de determinar si el deportista sobre el que informamos está o no convaleciente (quien convalece en su cama o en un hospital no está enfermo, sino que se encuentra en proceso de recuperación).

Si el lenguaje se usa con precisión, no necesita ningún tipo de paliativo.

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