FC Barcelona

article title

Leónidas, vendrán tiempos mejores

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

No hace tanto de aquel soldado que, con un par de botas en la mano, abría la puerta de salida del Galatasaray para aterrizar en el vestuario rojiblanco. Para enfundarse bajo sus mejores armas y evocarlas en el terreno de juego. El progreso generalizado del club español también se vio reflejado en el campo, y a través de la etapa del Cholismo encaró una evolución que encasilló a los colchoneros en las partes superiores de la tabla de la competición nacional, y dio paso al acceso directo de la pelea por la Champions.

No hace tanto que ese gen de Simeone se esparció entre todo su ejército y pulverizó de lleno a Arda, enterrando bajo la arena sus carencias y sacando a flote todas aquellas virtudes que, con su visión de juego, le permitían crear en ataque y ofrecer estabilidad defensiva.

No hace tanto que aquellos cabellos largos se esfumaron con la predicha de una promesa para dar paso a una conversión, que con un estilo cada vez más hipster le asemejaba a la versión moderna del rey Leónidas. Junto a su afición crearon una milicia que superó con creces aquel filme de 300.

Tras correr kilómetros interminables, sus pasos dibujaban un camino que se teñía de verde. Dio un paso al frente para cambiar de ejército. Una nueva tropa en la que buscaba reflejarse con una estrategia menos física, y que otorgaba más valor al balón y a la libertad que combina sus opciones de ataque y sus capacidades de pasador. Para poder proteger el esférico con su estilo, siendo ese genio que vuela con alfombra mágica.

Así, con el bagaje colgado a su espalda, puso rumbo a la ciudad condal. Pero la llegada a uno de los clubes considerados como “el mejor del mundo”, no fue fácil para Turan. Debía pagar el precio de la sanción del F.C. Barcelona, que estipulaba alejarle de los minutos de juego durante medio año. Y la repercusión de ello podía ser peligrosa. Romper el ritmo en un proceso de adaptación era arriesgado.

 

Acostumbrado a su presencia en las filas, debía pelear por una titularidad que, en una puesta a punto y en un equipo en el que cuesta tanto encontrar un espacio fijo, se hizo compleja y laboriosa. La pasada temporada, sumando las tres competiciones de Liga, Champions League y Copa del Rey, jugó un total de 25 partidos, de los cuales en doce empezó desde el banquillo y fue sustituido en ocho.

La acomodación de Arda se convirtió en un debate entre la exigencia de un plus, que en aquel momento escaseaba, y las rotaciones del técnico asturiano, que le alejaban de una continuidad. Y en una historia donde las demandas y las oportunidades se polarizaban, el guerrero de Bayrampasa se encontró perdido, sin hallar su excelencia.

Tanto fue aquel imposible en el hallazgo que en la Eurocopa vivió otro capítulo, más doloroso aún si cabe. Su participación fue juzgada por los silbidos de la afición turca, y asumió el dictamen pidiendo disculpas por su juego. Ante ellos, los que recorren la calle que lleva su nombre y tanto le idolatran. Quizás se le confió un papel que no podía asumir. Quizás necesitaba ese punto de inflexión para retomar el trayecto del que se desvió.

Decirse a sí mismo, ante las dudas que generaba y que se encontraban en el punto de mira de los medios de comunicación, que vendrán tiempos mejores. Repetirse, al encontrarse frente aquellos términos que hablaban de su posible salida del conjunto azulgrana: “Sí, vendrán tiempos mejores”.

 

Parece que el Barcelona le ha dado una oportunidad merecida. Y con merecido me refiero a que, al fin y al cabo, el parón del centrocampista es debido a asuntos de papeles que nada tienen que ver con el jugador. Es evidente que el fútbol necesita resultados, pero no habría sido justo que el equipo técnico no sintiera una pizca de compromiso por recuperar a aquella estrella a la que se recibió con tanto anhelo.

Por ello, Arda Turan se incorporó bajo el mandato de Luis Enrique antes de lo previsto, en el caluroso julio, para participar en el stage de Inglaterra.

Buenos indicios surgen de los primeros partidos, que aún siendo pequeños destellos por el poco tiempo transcurrido de la nueva temporada, han dejado ver sus ganas por encontrarse con aquel futbolista que fue. Los números acontecidos hasta el momento le asignan el primer gol de la pretemporada frente al Celtic, su estreno en el Camp Nou en la vigente temporada con dos tantos en la vuelta de la Supercopa disputada con el Sevilla, y el primer gol del conjunto azulgrana en Liga ante el Betis. Además de la asistencia a Suárez en Supercopa y a Messi en Liga. Estadísticas que firman la eficacia y algo a tener en cuenta si recordamos que marcó un total de dos goles en toda la temporada pasada.

El Barça duerme en la primera posición de la tabla de clasificación definida por la primera jornada de la Liga. Y la prensa le ha hecho un guiño a Arda, poniendo en duda la necesidad de un cuarto delantero, tras verle jugar como falso extremo ante la ausencia de Neymar. Y aunque el brasileño vuelva y el medio campo se encuentre en overbooking, se ha ganado a pulso y con intervenciones decisivas que el míster le dé minutos por rotaciones, por cambio de sistema o por ocasiones debidas a desafortunadas lesiones.

Sea como sea, se auguran tiempos mejores. No hace tanto de aquel mago turco que deleitaba al Vicente Calderón con su ingenio. No es tarde para que Leónidas vuelva a acercarse a su mejor versión, y el fútbol pueda devolverle una ensanchando su palmarés con aquello que, a pesar de haber cosechado, no logró en Europa. No es tarde, nunca lo es para un hombre que sigue jugando con la ilusión de aquellos partidos callejeros en su ciudad natal, donde los equipos se escogen a dedo, las porterías se fijan con dos piedras, los campos se hacen estrechos y el fútbol se dicta con fantasía.

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Artículos relacionados