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Leo Messi: renovar la ambición

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Tiene gracia. Se ha dudado de su barcelonismo. Pese a que Messi nunca haya mostrado indicios que pudieran hacer sospechar al respecto. Sí, que lo de besarse el escudo ya igual no dice nada, que muchos lo hacen de forma habitual, a sabiendas incluso de que un día están aquí, y otro allá. Y sí, que sus renovaciones al alza son una constante. Como además racionales, ¿acaso no es lícito pedir más que el resto cuando el resto ni siquiera se te acerca? Ávaro, dicen algunos. Dictador, otros. Lo que sea con tal de sembrar la duda. Cualquier cosa si se puede desestabilizar. Tónica habitual de quienes disparan desde fuera. El problema es cuando incluso dentro se recela, que ha ocurrido. ¡Venga! Pongámonos serios, que ya es mucho tiempo en el mismo sitio. Él. Y también nosotros.

La imagen de Leo Messi mirando al público mientras sujeta su camiseta, con el diez a la espalda y su apellido estampado en la elástica blaugrana, en el templo madridista, solo es otra más. Como lo fue la celebración con la grada tras el milagro ante el PSG. Que este tío es más culé que tú que lees esto, que yo que escribo, o que los propios socios del F.C. Barcelona. Que basta ya de vender pollinos con desaires ficticios. Que cuando él pide, también mira por el club al que quiere ver ganar, con el que quiere ganar. Porque lo lleva haciendo desde que subió al primer equipo, y no conoce motivación mayor por la que jugar a esto. En lo que a mí respecta, no hace falta que sangre, que chille, o que se levante tras otra patada para convencerme.

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Se viene hablando de su enésima revisión de contrato, que vence en junio de 2018. De los requisitos que demanda el crack para volver a estampar su firma en un nuevo documento que lo mantenga vinculado al club de su vida. Y, en realidad, no parece tan claro el panorama como en situaciones pasadas. Pese a que no acecha ningún poderoso club inglés con un sueldo desorbitado, ni existe la sombra de un montante económico impensable perpetrado por un jeque al que tanto dinero parece molestarle en sus arcas. ¿Entonces, a qué se debe esta coyuntura?

Lionel Messi va a cumplir 30 años este verano. Es consciente de dos cosas. La primera, que está ante posiblemente su último gran contrato. Y la segunda, la más importante y yo diría que casi única condición innegociable: quiere seguir ganando. Así de sencillo. Se habla de sus goles, de sus regates, de su evolución como jugador; esto es, se habla de su talento. Pero no tanto de su hambre. Es un animal competitivo. Un devorador de escenarios. Un coleccionista de títulos. Leo juega contra la historia, contra el tiempo. Ese que le dice al finalizar cada temporada que el margen para ampliar su leyenda, y por ende la de su equipo, se va agotando. Es por ello que ninguna transición le vale, que la inmediatez impera. Que es ganar hoy mejor que mañana. Y, para ganar, se necesitan medios.

A Messi le queda fútbol. Por mucho que esté llegando Neymar, él no se ha ido. En el Santiago Bernabéu más de 80.000 espectadores fueron testigos una vez más. Millones en televisión. Pero ningún futbolista gana solo. Tampoco el más grande de todos los tiempos. Precisa de sus compañeros, de un cuerpo técnico a la altura, de unos despachos coherentes. Porque, pese a su constante reinvención para seguir siendo el número uno (cada vez más desde el medio campo), precisa de ellos. Leía recientemente en twitter al comunicador argentino Sergio A. González (@sagonzalezbueno) enumerar algunas claves que arrojan luz sobre lo que el ‘10’ cree necesitar. Y, por encima del asunto con Hacienda, muy delicado, dicho sea de paso, puesto que la directiva azulgrana no se ha mostrado todo lo cercana al futbolista como este hubiera deseado, está claramente lo deportivo.

Según se cuenta, un entrenador de garantías es básico. No sé cuánto de cierto hay en que Jorge Sampaoli era el preferido por el vestuario. Lo que sí me resulta evidente es que la elección del mismo dependerá de la capacidad táctica de quien arribe en Can Barça. Se dice que con Luis Enrique no hay buen feeling, más allá del carácter del asturiano. Pero en los últimos días de Pep Guardiola tampoco lo había. Sin embargo, era en la pizarra donde este no dejaba espacio a titubeos. En boca del rosarino, el de Sampedor era una bestia que ganaba partidos desde el tablero, antes de saltar al rectángulo de juego. Recientemente escuché a Xavi Hernández comentar al respecto que Pep les hizo ver cosas tan sencillas como que correr diez metros iba a ahorrarles luego carreras de cuarenta. Resulta lógico… A toro pasado. Por el contrario, el actual inquilino del banquillo parece carecer de esa riqueza estratégica, lo cual desespera a ‘La Pulga’. Los fichajes tampoco han ayudado. El rendimiento de los Alcácer, Turan o Gomes distan mucho de lo esperado para los reservas de una plantilla de primera línea mundial. Además, el declive de Iniesta ya ha comenzado, por mucho que duela, y pese a las pinceladas que de cuando en cuando elevan nuestra memoria hasta aquella no tan lejana excelencia. Xavi, piedra angular de un método, hace tiempo que ya no está. Así que de aquel núcleo fuerte que dominaba a partir del centro del campo solo queda Busquets. La ausencia de alternativas han afectado hasta el punto de renunciar a un estilo que algunos piensan agotado, pero con el que se han cosechado los mayores éxitos de la historia del Barça (extendiéndose a la mejor selección española de siempre).

Con el Mundial de Rusia en el horizonte, la decisión de Messi pasa casi exclusivamente por sentirse en disposición de ganar. Al contrario que a muchos aficionados que acuden a Canaletas, a él no le vale superar una ronda de octavos de final de manera heroica, o una victoria en casa del eterno rival. Los subidones están bien, a todos nos gusta vivirlos, y los momentos quedarán grabados a fuego en las mentes de quienes lo vivieron, pero no es algo que se pueda colocar en una vitrina. La pelota está en el tejado de Josep María Bartomeu y su directiva. Imagino que no querrán pasar a la historia como aquellos que, bajo su mandato (al que accedieron en la época de mayor esplendor del club), vieron levantar más Champions al Real Madrid que a los suyos. O, por encima de cualquier otra cosa, los que no renovaron a Lionel Andrés Messi Cuccittini, el mejor jugador que haya practicado jamás este hermoso deporte, el más grande de todos los tiempos.

Messi quiere seguir ganando en Europa. Pero solo un lugar le vale. Cuando deje de ser posible, recogerá sus bártulos, se irá a su tierra, y jugará en Newell’s, su otro amor. Ese que lleva toda la vida esperando. Ese que esperaría todas las vidas que fuesen necesarias.


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