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Leicester y la victoria del cuento perfecto

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La liga de la sorpresa. El triunfo del romanticismo, la victoria del cuento perfecto. Sí, es posible. Ha ocurrido en Inglaterra, donde el dinero abunda, donde los pequeños adquieren poder gracias a un reparto equitativo. El Leicester ha pasado de pelear por no descender a ser Campeón de la Premier League en apenas un año, en apenas doce meses.

Protagonistas de un cuento de hadas donde los zorros ganaron a los galgos, donde el pequeño plantó cara a los grandes, donde un veterano entrenador cayó rendido a la emoción como el debutante, con la inocencia de un niño. Una liga que ha dejado imágenes preciosas. Familias al completo recorriendo el país detrás del club de sus amores. Un equipo, el del King Power Stadium, que ha traspasado fronteras, que ha sido trending topic cada fin de semana en España, a miles de kilómetros, que ha enamorado a los más fieles y ha despertado interés a los menos habituales con las Islas Británicas.

El triunfo del ‘otro fútbol’. Con un Chelsea que había arrasado la pasada temporada, con otros megaproyectos como podían ser Manchester United, Manchester City, Arsenal o Liverpool. Una carrera de fondo que se han llevado los Foxes, esos jugadores de azul que fueron ganando terreno, que pasaron de anécdota a sorpresa, de sorpresa a revelación y de ahí a consagrarse como los campeones de la mediática Premier League. Sí, ellos.

Ganó el Leicester, ganamos todos esos aficionados que esperábamos cada fin de semana verles en acción, por si perdían o si seguían escribiendo ese cuento tan precioso que han publicado.

La liga de las pizzas. A comienzos de temporada saltaba a la palestra una curiosidad que se ha convertido en rutina. Claudio Ranieri, a nivel interno, había pactado con sus jugadores que les invitaría a pizza cada vez que ganaran y dejaran su portería a cero. Una anécdota que se ha convertido en rutina con el paso de las jornadas, de los meses, que ha ocurrido en 13 jornadas del campeonato (de las cuáles 6 llegaron en las últimas 7 jornadas), y que se ha convertido en una preciosa historia de rutinas para unos futbolistas que han ido acumulando premios por parte de su entrenador. Es así de sencillo. Como si de niños que premiados por aprobar y sacar buenas notas. La magia de lo simple llevado a la élite.

El equipo del pueblo. Un equipo adorado por propios extraños. Era imposible, muy difícil (a no ser que no tuvieras sentimientos), no apoyar a ese equipo menos mediático, que venía de salvarse en las últimas jornadas de la temporada anterior. Era casi ir contra el sentimiento innato del que se ilusiona ante las historias preciosas. El triunfo del Leicester ha sido una historia emotiva, familiar, humilde. Ahí su éxito. Cada victoria, una celebración. Cada triunfo, un paso de gigante hacia adelante. Un sueño que han vivido, que han disfrutado cada semana. Daba igual donde jugaran. Leicester, Sunderland, Manchester o Southampton. Ahí estaban ellos, protagonistas de una historia improvisada que ha tenido el mejor de los finales, que nos ha emocionado a todos. Siempre respaldados por familias enteras, por padres, por madres, por niños. Muchos de ellos emocionados, llorando en las últimas jornadas y consolándose entre ellos fruto del amor mutuo hacia el Leicester. La más bonita de las historias.

Un bloque. Una de las grandes características que han descrito la temporada del Leicester. Casi de memoria, Claudio Ranieri presentaba el mismo equipo semana tras semana. Una plantilla respetada por las lesiones, que se presentaba jornada tras jornada con un once casi idéntico y que, casi de forma rutinaria, además, sufría las mismas sustituciones. Schmeichel; Simpson, Huth, Morgan, Fuchs; Drinkwater, Kanté, Mahrez, Albrighton; Okazaki, Vardy. Del tirón. A los que se le solían sumar los Ulloa, Schlupp o King, entre otros. Las ideas claras, tanto a nivel táctico como en la toma de decisiones. Desgaste alto, pero regularidad absoluta, continuidad. Es por ello que cualquier aficionado que se ha enamorado de esta bella historia ha acabado por memorizar a esta plantilla.

Expansión estratosférica. En apenas dos años, el Leicester ha pasado de celebrar un ascenso de Championship a Premier League, pasando luego por una salvación épica ganando un elevadísimo porcentaje de puntos en la temporada 2014/15 y siendo campeones contra todo pronóstico en la élite. Todo ello con un entrenador, Claudio Ranieri, que no gustaba cuando llegó en verano. En su primera temporada ha escrito la más dorada página en la historia del club. El técnico italiano llegaba tras fracasar con Grecia, y tuvo muchos detractores después de que los Foxes oficializaron su fichaje. La figura clave. Y ahora, la Champions League a partir de la próxima temporada. La guinda, por si fuera poco.

Imágenes para el recuerdo. Pocas personas pudieron evitar sentir emoción, enamorarse, al ver a un entrenador de 64 años, con todo vivido, con una larga trayectoria, emocionarse, llorando, tras la victoria frente al Sunderland. Sus jugadores eran protagonistas de una preciosa historia, el sector visitante estallaba de emoción, de alegría, viendo que el cuento era real. Incluso se convirtió en algo habitual en las últimas jornadas que las aficiones rivales se quedaran a ovacionarles, a aplaudirles, tras cada partido. Un equipo querido, un equipo del pueblo. Lágrimas en el campo, lágrimas en las gradas. Protagonistas de un sueño que se ha hecho realidad. La liga de las pizzas, pero también del ruido de papeles. Sí, de papeles. Unos instrumentos fabricados con papeles que inundaban las gradas del King Power Stadium y que creaban un ambiente diferente, pero que hacía ver a sus futbolistas que ahí estaban, que no estaban solos. Un estadio el del Leicester que recibe cada semana a los futbolistas al ritmo de trompeta de caza. Conocidos como “foxes” (zorros), es tradición que un trompetista amenizara la salida de protagonistas con las clásicas melodías cuando los cazadores salían de caza. Pensémoslo un segundo. Es todo precioso, parece un cuento, pero no. Ha sido real, han ganado la Premier League más bonita en muchísimos años.

Un equipo que, además, jugará la Copa de Europa la próxima temporada. Una campaña que a nivel económico será una auténtica fortuna para sus arcas. Teniendo ya de por sí un estado económico saludable, sufrirá la inyección económica del nuevo multimillonario contrato televisivo, siendo campeón (con sus privilegios a la hora del reparto), con la inyección de disputar el máximo torneo de clubes en Europa con la Liga de Campeones y con patrocinadores que verán en ellos un gran escaparate. Razones para mantener el bloque tendrán, pero será entonces cuando entrará el factor personal de los futbolistas a la hora de buscar, y encontrar, estímulos fuera del King Power Stadium. Hasta la mascota oficial ha conseguido patrocinios gracias a Puma, marca que viste al club. Una gallina de los huevos de oro, sí, rodeada de zorros.

¿Puntos a favor del Leicester? Proyecto sólido, que vendrá de ganar en uno de los torneos más competitivos del planeta, con mucho dinero, muchísimo, en sus arcas, disputando la Champions League y con la llegada casi segura de algún futbolista mediático que se anime a ser el referente internacional del equipo para sumarse a los consolidados Mahrez, Vardy, Kanté y compañía.

El brazo “vendado” de Vardy, los recortes de Mahrez, el físico de Kanté, la mítica foto de Drinkwater bebiendo agua, el hijo del mítico Schmeichel en la portería, un exótico Okazaki enamorando a miles de kilómetros de su Japón natal. Decenas de intrahistorias que han formado el más bonito de los guiones.

Motivos para soñar en Leicester. El triunfo del romanticismo. La historia futbolística más bonita que ha vivido el fútbol inglés, y europeo, en las últimas décadas. Una liga merecida. Felicidades, Foxes.

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