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Le Petit Prince

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Paris. La ciudad del amor. Paris. Tan hermosa como cara, tan oscura como luminosa y tan suya como de todos. No, este texto no va sobre Paris, aunque sinceramente razones hay como para dedicarle uno a esta ciudad, pero bueno, sí que tiene algo de importancia en este artículo. Y es que allí nació el protagonista de todo esto. Un parisino que está copando las portadas de “tout le monde”, Lucas Pouille.

Empezó la temporada en el puesto 78, como un tenista que tenía futuro, pero no se podría imaginar lo que ahora está consiguiendo en este final de temporada. Pongámonos en situación.  Enero, primera ronda del Grand Slam de Australia y eliminado a manos de Milos Raonic, en un partido muy fácil para el canadiense. Septiembre, dieciseisavos de final de Nueva York, y le saca un partido a cinco sets a Rafael Nadal para plantarse por primera vez en cuartos de final de un torneo grande,  donde después fue apeado por su compatriota Monfils. Pero la evolución está ahí, su rendimiento en grandes citas ha mejorado enormemente y su juego ante jugadores top se incrementa, no disminuye por la presión.

Nueva York, nace una estrella | Getty

Nueva York, nace una estrella | Getty

Era el único jugador del top-100 que no había conseguido ganar ningún torneo ATP. Ninguno. Y no había estado ni cerca, es decir, no se puede decir que haya jugado muchas finales y el azar o la fortuna hayan podido jugarle una mala pasada. Ninguna final. Pero todo cambió en Nueva York, un resultado, solo un resultado pero que alimentó de confianza a un jugador que está sobrado de calidad, y el resultado estaba claro, campeón en Metz. Campeón en su Francia, donde nació y se crio. Parece un cuento.

Le Petit Prince, así es como he apodado a Lucas Pouille. Lleva buscando su sitio, su lugar en el mundo del tenis durante un gran tiempo, y aun así es un jugador joven, que gracias al trabajo ha conseguido hacerse un hueco entre los mejores, actual número 16 del mundo. ¿El futuro? Nunca se sabe, nunca se puede predecir el camino de un tenista joven con calidad. Ahora mismo es el príncipe de todo y el rey de nada.

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