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Las razones por las que Messi debe jugar más cerca del área

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En Vitoria, Messi alcanzó y superó los 350 goles en liga. Desde que debutó, Leo ha sido muchas cosas, pero nunca ha dejado de ser gol. Jugando de diez, escorado en banda, de falso nueve, de centrocampista reconvertido. No importa, siempre encuentra un atajo hasta la red.

Domina todos los registros, en cualquier parte del campo. Por eso juega de lo que quiere, y de lo que juega, es el mejor. Cuantas veces se ha oído eso de “Messi es el único capaz de dar un pase y rematarlo”. Una parte de esa definición es verdad, Leo ha fabricado jugadas que él mismo ha acabado definiendo.

A sus pies, una aldea repleta de jugadas. Es el mayor generador de la historia. El mejor creador. Pero cuanto más crea, más difícil es que sea también él quien defina. Eso se convierte en un problema, porque cualquier otro que apriete el gatillo, tendrá más posibilidades que Messi de fallar. Es pura estadística (estadística del fútbol, más que estadística numérica); cuando es Leo el que tira a puerta, la posibilidad de que acabe en gol crece exponencialmente.

Con esto quiero defender una idea; Messi tiene que jugar lo más cerca del área que sea posible. A un jugador que es una factoría de marcar, hay que acercarle al gol. Cómo falso nueve, con diez compañeros a su espalda, marcó más de 100 dianas en un año. Fue su esplendor goleador, en un Barça que andaba sobrado de generadores.

Con Luis Enrique, tuvo que escorarse a banda. Sólo era una posición de partida, una breve distracción hasta colocarse como cerebro, filtrador y arquitecto de otro Barça, ya sin Xavi y con Iniesta comenzando su deriva intermitente. Messi como faro, con Suárez heredando parte de la obligación goleadora del argentino.

Aún tan atrás, Messi ha seguido encontrando vías al gol: en un equipo con mucho más vértigo, su velocidad y desequilibrio le han abierto autopistas en defensas más abiertas; su disparo lejano ha pasado de ser diabólico a satánico; a balón parado, es casi tan fiable como un dron teledirigido. Pero que Messi siga siendo capaz de encontrar caminos hacia el gol no significa que alejándolo de él, el Barça no pierda gran parte de su potencial. La parte más importante.

Ahora, estamos ante un nuevo Barça, más débil en cuanto a pegada, lo que obliga a recuperar la versión de Messi más cercana a sus orígenes y más reñida con su presente o su físico, que apura los veintitantos. Sin Neymar, se pierde la distracción que permitía a Messi operar sin que los rivales le metieran en un embudo. Los jugadores de segunda línea del Barça son de los menos goleadores de la categoría, lo que ha derivado en un equipo dependiente del tridente a la hora de convertir. En parte, porque el tridente jugaba por y para sí mismo. Ahora, el gol, con permiso de Suárez, volverá a depender de Messi.

Valverde le ha devuelto a la punta del sistema. Bajar a recibir o caer a banda han dejado de ser norma para convertirse en recurso.Recuperar al Messi hipergoleador es la única fórmula posible para que el Barça más vulgar de la última década levante algún título. De momento, en dos jornadas, dos goles, cuatro palos y un penalti fallado. El nuevo Messi, que vuelve ser el de antaño, ha superado los 350 goles. Objetivo, 500.

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