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Las plantillas más desaprovechadas de la historia: Milan 97/98

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Después de un año en el Real Madrid donde ganó la Liga, Fabio Capello regresaba a casa para arreglar el desaguisado dejado primero por Tabárez y luego por Arrigo Sacchi. Tras cinco temporadas al mando, Capello se marchó del AC Milan en el verano de 1996 dejando los deberes hechos, habiendo ganado el último de sus Scudettos, con el que sumaba cuatro. En su regreso tendría una labor conocida para él, la de relevar a Sacchi, y otra extraña y complicada, la de recuperar a una plantilla que había tocado fondo acabando en la onceava posición, y cuyas estrellas, no acostumbradas a ello, no veían la luz al final del túnel.

Así, tras la firma, y con el evidente objetivo de volver a ser los mejores, Galliani no dudó en atender sus peticiones, renovando varios puntos del equipo, ya necesarios tras tantos éxitos que mermaban las ilusiones. El AC Milan tuvo en aquella campaña 1997/98 una de las mejores escuadras de su historia. Con una media de edad entre los habituales titulares de 28 años, finalmente, un Capello que por vez primera conocería el sabor de la derrota , no podría reflotar el barco, acabando décimo, otra vez fuera de Europa, y siendo su mayor éxito el de alcanzar la final de la Coppa Italia, donde claudicaría por 3-1 contra la Lazio de Eriksson. Esta segunda experiencia acabaría en 1998 y daría paso a la era Zaccheroni, entrenador que, con un grupo cuyo eje seguiría siendo casi el mismo, sí conseguiría alzar el título.

Fabio Capello cambio poco su idea y su dibujo en esta etapa. Aquel 4-4-2 con defennsa adelantada que le hiciera conquistar, entre otros títulos, la Liga de Campeones de 1994, formó así:

Portería: Rossi

El arquero que tomara la portería del Milan de Sacchi en el 90, aún seguía activo. Ya con 33 años, Sebastianno Rossi daba sus últimas bocanadas. Como siempre, la entereza y la colocación seguían siendo sus mejores armas. Su regularidad dependía en gran parte de la seguridad de su defensa, y fue lo que este año no tuvo. El bajo rendimiento no supo aprovecharlo su recambio Massimo Taibi (26), llegado del Piacenza, que nunca pudo tomar el testigo con garantías y acabó marchándose sin dejar un buen recuerdo. Curiosamente, Taibi renacería en el Venezia las dos temporadas siguientes y acabaría jugando su único curso fuera de Italia, el 99/00, en las filas del Manchester United, actuando -con errores de bulto- en cuatro partidos, pero pudiendo levantar dos títulos.

25 Feb 1996: AC Milan keeper Sebastiano Rossi during the Serie A match against Juventus at the Stadio Delle Alpi in Turin, Italy. Mandatory Credit: Claudio Villa /Allsport

Defensa: Maldini-Costacurta-Desailly-Ziege

Al igual que el guardameta, Paolo Maldini (29) y Alessandro Costacurta (31) eran los supervivientes de la defensa que hizo grande nuevamente a la entidad, y pese al descalabro, lo seguirían siendo durante casi una década más, tanto en el Calcio como en la azzurra. Baresi y Tassotti acababan de colgar las botas a los 36 años.

Panucci, por su parte, había sido reclamado meses antes por el propio Capello en el Real Madrid, donde ya se dejaba notar. Pese a no perder un ápice de garra y entrega, Marcel Desailly (29) alternó su clásica posición de mediocentro de contención con la que fue el mejor hombre de la final de Atenas, con la de líbero en la zaga. Lo hizo retrasado cuando el recambio de Baresi, el potente brasileño de 29 años André Cruz, partía como suplente, siendo el hombre que más encuentros disputó al finalizar el curso. Cruz llegó con las credenciales bien fijadas, tras tres años como líder del Napoli y una reciente plata en la Copa de América de 1995, que se sumaba al oro que consiguiese en 1989. Su rendimiento fue tan mediocre como el de sus compañeros, pero eso no le impediría acudir al Mundial de Francia ´98, donde acabaría subcampeón, derrotado por la gran Francia de Desailly. En el lateral izquierdo se asentaría el fichaje Christian Ziege. El carrilero zurdo de fina técnica venía de ser campeón de Europa en Inglaterra un año antes, como indiscutible en la Alemania de Berti Vogts. Este título se sumaba así, a sus sólo 25 años, a las dos Bundesligas y la copa de la UEFA que alzó con el Bayern de Munich, club en el que fue indiscutible desde que se diese a conocer en 1991.

Giuseppe Cardone (23), fichado del Bolonia para el lateral derecho y Giampiero Maini (26), intrascendente la pasada campaña, también gozarían de oportunidades. Pero no era el mejor momento para ello, para aprender de los veteranos. Cardone seguiría en la Serie A a nivel medio y Maini no daría la razón a Capello en cuanto a su confianza, ya que su carrera prácticamente se acabaría una vez rescindió el técnico.

Centro del campo: Albertini-Boban/Ba-Leonardo

La pareja de mediocentros también era de sobra conocida por Capello. A Demetrio Albertini no lo movía nadie, lógicamente. Tenía 26 años y ya era uno de los mejores organizadores de juego italianos de todos los tiempos. Jugó todo lo que pudo y quizá, junto a Weah, fue el mejor aquella temporada. Cuando Capello pretendía acaparar más el balón, el acompañante de Albertini era Zvonimir Boban (29). El croata se acercaba a los 30, pero seguía siendo la indiscutible estrella de su país, con cuya selección había maravillado a propios y extraños en la reciente Eurocopa inglesa. Su elegancia era tremenda, máxime cuando se explotaba en la competición más dura del mundo. Por el contrario, cuando quería músculo, que no eran pocas veces, el entrenador sacaba a Boban y ponía, bien a Desailly, o bien a otro de los fichajes, el laborioso Giampiero Maini (26), que había recalado tras dos buenos cursos en el Vicenza. Maini aportaba lo que tenía, pero no era suficiente. Un caso particularmente sangrante fue el de Edgar Davids (24). Davids había vencido a Capello en la final de Liga de Campeones de 1995, dando una exhibición de táctica, brega y calidad. El año anterior, pese a no ser indiscutible, había jugado casi todos los partidos ya en el Milan. Pero la llegada del técnico italiano fue su fin en los rossoneri. Cuatro partidos únicamente saltó al césped, y acabaría siendo vendido a la Juventus en el mes de diciembre, donde inmediatamente se haría con un sitio en un equipo que con Deschamps, Conte y Zidane en la zona ancha, acabaría campeón. Su influencia en el Calcio –y realmente en Europa- de ahí en adelante sería brutal.

En las bandas comenzaban la mayoría de los encuentros Ibrahim Ba y Leonardo Nascimento; junto a Kluivert, las tres incorporaciones de mayor nivel para esa reconstrucción. Leonardo contaba con 28 años, y arrastraba una mochila con la Copa del Mundo de USA ´94. Poco quedaba de aquel eléctrico lateral zurdo que aterrizó en el viejo continente en 1991 para jugar en el Valencia CF. Desde el Mundial había dejado de actuar en la defensa, pasando a ser un extremo de técnica depurada tanto en sus dos años en Japón, como en su última temporada en el PSG, donde jugando de media punta junto a Raí casi da al conjunto francés la Recopa de Europa, finalmente levantada por Ronaldo y su Barça. Un año después, como André Cruz, sería finalista de Francia ´98. El ala derecha fue para el que acabaría siendo, de largo, el mejor de los fichajes pero que, paradójicamente, tendría peor trayectoria en los años venideros. Ibrahim Ba era un extremo derecho potentísimo e incansable. Capello confió en él ciegamente, y su rendimiento estuvo acorde a la cantidad de su fichaje. Explotó en la Ligue 1 con el Girondins de Burdeos, y con 24 años recaló en el Calcio. Sus dos primeras temporadas fueron tremendas. Las lesiones y la intermitencia posteriores acabaron por dejarlo en un jugador susceptible de ser olvidado, no superando el paso del tiempo.
Técnicamente, los recambios para las bandas no eran baladíes. Roberto Donadoni fue uno de los pilares del Milan de Capello, incluso de la temporada 1995/96. Tabárez no contó con él y tuvo que pasar un año en la liga estadounidense, pero Fabio lo repescó pese a tener 33 primaveras. Fue suplente, y tuvo una aportación bastante triste. No era el mejor contexto para renacer a esa edad, seguramente. El estado y el nivel de juego del equipo perjudicaron en demasía al mítico volante italiano, que no llegaría a las veintena de partidos. Dejan Savicevic (31) era el otro interior disponible. También entrado en la treintena su caso fue incluso peor. Tuvo problemas físicos, y la escasa confianza de Capello en él acabó por alejarlo de manera casi definitiva, participando únicamente en ocho citas. Las urgencias mandaban, y su juego talentoso y lento no era lo que el míster creía necesitar.

Delantera: Kluivert-Weah

A primera vista se trataba de la mejor pareja de delanteros centros del planeta. Clase-potencia, juego de espaldas y en una baldosa-zancada superlativa, juventud-veteranía… gol-gol. Se complementaban en todo, a priori. El liberiano George Weah tenía 31 años, pero su Balón de Oro –el primero para un futbolista extranjero y único para un africano- le había llegado en 1995, sólo dos antes de la presente y con su llegada al conjunto milanés tras formar parte del mejor ataque del PSG que es posible rememorar. Aún conservaba su potencia, una participación incansable en todas las parcelas del campo y el olfato goleador. Haría 10 tantos ese año y sería de los mejores. El punto opuesto lo dejaría Patrick Kluivert, una de las participaciones más pobres de la Serie A en la década de los noventa. Capello confió en él, no se le puede echar nada en cara, pero Kluivert no logró aclimatarse. El holandés sí que birló la Liga de Campeones a Fabio con su gol, pero no supo compensarle con la dignidad de aquel equipo de 1997. Sólo 6 goles en su casillero hicieron de él un mal sustituto de Roberto Baggio –delantero de la última plantilla de Capello-, y acabaron con una inmediata venta al FC Barcelona, donde coincidiría con sus ex compañeros Bogarde y Reiziger, cerrando así, sin olvidar a Davids, el trágico circulo de futbolistas campeones de Europa con el Ajax que fracasaron en el AC Milan.

La carencia goleadora de la dupla intentó ser minimizada con tres efectivos, pero ninguno fue suficiente. Andreas Andersson, un 9 sueco de 21 años fichado a principios de año, que solía ser la sustitución para el frente ofensivo, anotó un gol. Su carrera no justificaría lo prematuro de su fichaje. Por ello, a mitad de sesión se cerraron otros dos obreros del área curtidos en mil batallas de Serie A, que sin duda ayudarían a marcar. Pero la carencia no estaba sólo arriba, sino que el problema era general. Mauricio Ganz (29) y Filipo Maniero (25) fueron contratados. El primero llegaba con una media de 12 goles en los tres recientes cursos. Ronaldo le había cerrado la puerta en el Inter y en el eterno rival lograría contar con minutos, los que arrebataba a Kluivert. Consiguió cuatro goles. Maniero, por su parte, era un itinerante del Calcio. Llegó del Parma habiendo marcado ya cuatro tantos, y en Milan sumó otros tres.

Nada fue suficiente, Capello marchó como Sacchi, fracasando en su segunda etapa, y aquélla tiene el dudoso honor de ser una de las mejores plantillas más desperdiciadas de la historia del fútbol.

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