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Las ligas perdidas de Carlo

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“Con esta mano floja he ganado tres Champions”, así de contundente (y cierto) se mostró Carlo Ancelotti en la rueda de prensa previa al partido contra el Athletic de Bilbao. Era su respuesta a las críticas que reclamaban más dureza del amable entrenador del Real Madrid. El eterno debate populista de bar que da verosimilitud a la falsa dicotomía que une disciplina y carácter con gritar y ser antipático. Que el Madrid no está muy bien desde Navidad es un hecho cierto. Que Ancelotti con su forma de ser, tranquila, negociadora, ha ganado tres Copas de Europa también es verdad. Pero las ligas, los campeonatos regulares se le atragantan a Carletto desde siempre. La liga y Ancelotti es una historia de desamor que se repite de país en país.

 

 

Una Señora decepcionada… y mojada

La Juventus de Turín fue el primer gran reto para el entrenador de Reggiolo. Había llamado la atención tras lograr grandes resultados con el Parma, incluido un subcampeonato en una durísima, por entonces, Serie A, pero tuvo que entrar en el equipo de urgencia tras sustituir a Lippi a mitad de la temporada 98-99. Debutó en febrero y acabó séptimo en liga y perdiendo una semi de Champions contra el United. Ese verano, ya desde el principio, manejaría una Juve de entreguerras pero que contaba con jugadores como Zidane, Del Piero o Inzaghi, suficientes mimbres para conseguir el Scudetto. La primera oportunidad para que Carletto empezase a escribir su leyenda. Sin embargo, lo que pasó a la historia fue la imagen de un árbitro, Pierluigi Collina paseando entre los charcos de un anegadísimo estadio Renato Curi de Perugia. La Juve había llegado con ventaja sobre la Lazio pero la lluvia se convirtió en peor enemiga que el equipo contrario. En vez de la suspensión como deseaban los bianconeri, Collina decidió jugar con una hora de retraso. Calori marcó el 1-0 para los locales en el minuto 50 en un terreno impracticable y el Scudetto voló a la Lazio. Fue el primer aviso de que el torneo de la regularidad iba a darle más de un disgusto a Carletto. En la temporada siguiente una nueva decepción llegaría para “las cebras” que volvían a dejar escapar el Scudetto, tïtulo que acabaría engrosando las vitrinas de la Roma. Si en la temporada anterior la Juventus había dejado escapar una ventaja de nueve puntos faltando ocho jornadas, en la 2000-2001 no dio la talla ante un competitiva y rocosa Roma formada por Capello que le birló el triunfo final. Los resultados europeos fueron todavía más decepcionantes y el apacible Carletto tuvo que divorciarse de una dama con demasiado carácter para conformarse con ser segunda.

 

 

Milan, una historia imperfectamente bella

El Ancelotti jugador se hizo como futbolista y como leyenda en las filas del AC Milan y tuvo que ser en este equipo donde como entrenador empezó a brillar. Entró, como le pasó en la Juventus, con la temporada ya iniciada sustituyendo a Fatith Terim. Era el principio de un idilio que condujo al Milan y a Carletto a ganar dos Copas de Europa, llegar a otra final (la celebérrima de Estambul) y convertir al Diablo en el equipo más grande de Europa en esos años. Una historia de amor con la máxima competición que no resultó igual en la Serie A. El técnico de Reggiolo fue entrenador rossonero un total de 8 temporadas. A pesar del temor que inspiraba en el viejo continente y de las excelentes plantillas que tuvo durante esos años, tan sólo ganó una liga, la de la temporada 2003-2004. Llegado a Milán con cierta etiqueta de “segundón” tras los dos años en la Juve consiguió ganar a éstos en Manchester y quitarse la espinita. No fue fácil conquistar el campeonato liguero ya que ese año pasó una época complicada tras perder en cuartos de Champions con el Deportivo de La Coruña que le remontó un 4-1 del partido de ida. A pesar de la liga ganada, esa aciaga noche de La Coruña y el trauma que supuso la victoria del Liverpool en Estambul con otra sorprendente remontada propiciaron el resurgimiento de la etiqueta de blando para Ancelotti. El dueño del equipo, el inefable Silvio Berlusconi, poniéndose medallas de que él hacía las alineaciones tampoco ayudaba mucho. A pesar de que los resultados en la A no fueron todo lo que podía esperar lo indudable es que el Milan fue una creación ancelottiana de grandísimo nivel, ofreciendo competitividad y buen gusto futbolero a partes iguales. Jugadores como Shevchenko y Kaká ofrecieron su mejor nivel en esta época.

 

 

Chelsea, repentina ruptura

Después de 420 partidos como “allenatore rossonero” Ancelotti dio por concluida su etapa y ya con un caché de nivel aceptó el reto del Chelsea de Abramovich. El magnate ruso había comprado el club blue en 2003 y la ambición era convertirse en el mejor equipo de Europa. No se aceptaba otra cosa que no fuera la Champions League. “La etapa de Ancelotti en Stamford Bridge fue un poco un puedo y no quiero. Consiguió que el Chelsea fuese un equipo que jugase increíblemente bien según lo que rigen los cánones del “buen fútbol”, nos cuenta Dalia McGrath, periodista y aficionada del Chelsea. Y es que Ancelotti consiguió batir el record goleador del equipo con 103 goles y ganó el doblete. Las altas expectativas generadas produjeron cierto sabor agridulce al no poder ganar la Copa de Europa tras caer eliminado por el Inter de Milan. “La siguiente temporada fue desastrosa. Año en blanco y sin aspiraciones de mejora. En el barrio estamos acostumbrados a lo mejor y en el equipo también.”, cuenta McGrath que considera que la destitución fue acertada y que valora positivamente la efectividad goleadora y la diversión de aquel equipo pero destaca “la irregularidad, la mala gestión de la plantilla (rotaciones) y la falta de competitividad” como defectos de la era de Ancelotti. Debilidades que ya eran visibles en la Juventus e incluso en el Milan y que se pueden notar hoy en día en el Real Madrid. Carencias que en un campeonato regular pueden suponer la pérdida de opciones para el título.

 

 

PSG, coitus interruptus

El 30 de diciembre de 2011, Ancelotti iniciaba otra aventura en los banquillos. Otra vez a los mandos de un ambicioso proyecto, el del PSG, que a base de petrodólares se había propuesto pertenecer a la élite europea en menos de cinco años. Carletto ya era una estrella y se convertía en el segundo mejor pagado tras José Mourinho. Cuando llega a la capital francesa, el PSG comanda la clasificación con tres puntos de ventaja sobre el Montpellier. En el tramo decisivo de la temporada, en primavera, el equipo sufre cuatro empates y una derrota con lo que no consigue destacarse en la clasificación. Llega con tres puntos de desventaja a las últimas jornadas y a pesar de encadenar cuatro victorias no supera al Montpellier que acaba ganando el campeonato. No le pasaría mismo en la 2012-2013 cuando vence la Ligue 1 con dos jornadas de anticipo y evidentes muestra de superioridad. EL PSG se proclamaba campeón de liga 19 años después bajo el mando de un entrenador ya con el estigma total de no ser un técnico liguero. No habría más oportunidades de demostrar en Francia que el estereotipo estaba equivocado. El Madrid llamaba. Había que cumplir un viejo sueño y Carletto hizo las maletas para Chamartín.

 

 

Real Madrid, ¿y nada más?

Tras varios años siendo relacionado con el Real Madrid, Ancelotti fue presentado como entrenador en julio de 2013. Un sueño largamente buscado por el técnico que tuvo su momento más feliz el pasado 24 de mayo cuando en Lisboa se alzaban con la añorada décima Copa de Europa. Pero ni haber conseguido ese santo grial madridista ni el, por momentos, espectacular juego realizado por los blancos le ha valido al italiano de librarse de feroces críticas de prensa y aficionados. La exigencia en el Madrid alcanza grados de histérico paroxismo y los prejuicios sobre su forma de trabajar en campeonatos ligueros le acompañan día sí y día también. Le preguntamos a Abel Rojas, de Ecos del Balón, por qué Ancelotti no pudo ganar la liga el año pasado. “Porque el Atlético fue mejor”, contesta, rebajando la exageración periodística a la calma analítica. A veces, es tan simple como recordar que los demás compiten también. “Ancelotti tiene problemas para cambiar partidos, sus remontadas consistían en meter a Isco y a Jesé, cuando Jesé se lesionó, no encontró una solución a eso”, apunta como clave de la derrota blanca. Por su parte, el periodista Manuel Mañero nos indica un dato tremendamente revelador: “contra Atlético y Barcelona sacó dos puntos de doce y eso le hizo entender que aquella no era su guerra”. No es algo extraño en la trayectoria deportiva de Ancelotti, que ha dirigido 71 partidos contra el top3 de la liga desde 1999 y sólo ha ganado 26, como recogió en Twitter, el periodista Alberto Egea.

 


Mañero considera que no “es más fecundo que otros entrenadores de Europa pero la gente debería entender que al Madrid se va a perder credibilidad y salud, es el peor sitio para optar a todo”. Ancelotti priorizó la Champions “y aun así pudó ganar la Liga pero con todo en su mano logró pinchar en tres jornadas seguidas cruciales”, añade Mañero. Fútbol es fútbol, que diría el viejo amigo Boskov. Fútbol de emociones y de azar pero fútbol ante todo de decisiones, circunstancias y detalles que en la élite trazan una delgada y a veces injusta linea entre ser el mejor y un segundón. Qué hubiera pasado sin la lluvia de Perugia, con más paciencia de Abramahovich o si en ese cabezazo de Ramos. Preguntas que se quedan en el aire, suspendidas sin respuesta. Ancelotti arquearía la ceja y nos parafrasería también a Boskov. Fútbol es fútbol.

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