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Las grandes decepciones de la Serie A 2015/2016

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En verano todo son flores, sin embargo, a falta de un pequeño puñado de fechas para que concluya la temporada, es momento de abrir diligencias para que la realidad comience a llamar a declarar a las expectativas y acto seguido, dicte sentencia, contraria o favorable, acerca del rendimiento sostenido por cualquier futbolista en cualquier campeonato.

En Italia, el dedo de este particular y anual juicio deportivo con jurado popular, tras ir apuntando a una distancia cada vez más cercana con el transcurso de las jornadas, ya está empezando a rozar las cabezas de los señalados. Entre los principales protagonistas de la historia de lo que iba ser y al final no fue del año destacan sobremanera cinco grandes chascos. Cinco nombres ilustrísimos llamados a ser estrellas absolutas de la Serie A 2015/16 que han naufragado en la decepción de un rendimiento impropio de su previo pedigrí y de las expectativas que todos, incluidos seguramente ellos mismos, teníamos por seguras en agosto pasado. El fútbol, por suerte, casi siempre ofrece una revalida aunque este año, para ellos, ya se ha hecho tarde.

Domenico BERARDI

 

Tildar de decepción a Berardi puede sonar demasiado exigente para un futbolista de 21 años que juega en el Sassuolo pero no lo es tanto para la considerada gran promesa del fútbol italiano de los últimos años con hechos y fundamentos. Si el zurdo calabrés se quedó en el conjunto neroverde otro año más fue precisamente para todo lo contrario de lo que ha conseguido. Sus dos temporadas anteriores -31 goles y 16 asistencias entre ambas- anhelaban la certificación de la continuidad de nivel para justificar definitivamente, sin ambages y con plenas garantías, su pase a un club grande, con la Juventus como opción preferencial. Sin embargo, el talento de Berardi ha aminorado la marcha de su meteórica proyección de forma un tanto inexplicable.

La joya del Sassuolo no ha conseguido todavía debutar con la selección, no ha desempañado las dudas sobre su carácter altanero ni ha maquillado las salidas de tono que le siguen costando varias jornadas de sanción cada campaña y, además, su incidencia en el juego ofensivo de su equipo ha pasado de total a puntual, con una productividad situada bajo mínimos este año: únicamente suma seis goles, tres de ellos de penalti.

La pérdida de frescura de Berardi es notoria. Su rol más retrasado y limitado a la banda derecha como jugador permanentemente abierto le ha integrado de forma más frecuente en la continuidad asociativa de los suyos pero le ha alejado de la zona de finalización y ha hecho mermar su libertad de movimientos sobre el verde.

La duda es plausible. ¿Está Berardi en un bache propio de una fase evolutiva en su carrera o se trata de un bajón preocupante? No parece que a su hermetismo fuera de los terrenos de juego le haya beneficiado cargar en cada partido con un cartel con la frase “mirádme, yo soy el futuro de Italia” escrita cada vez con letras más grandes. Su potencial se ha estancado pero es evidentemente notable y pese a que no ha logrado dar el gran salto hacia la madurez que se esperaba este año, en el que ni siquiera ha logrado ser el líder de los suyos, parece necesaria una salida de su zona de confort para revitalizarlo y medirse lejos de un Sassuolo que es su único escenario conocido en busca de una reacción para volver a ser quien era. El obstáculo principal es que hoy por hoy en la Juve, que lo tiene bien monitorizado, no podría contar con los minutos necesarios para tratar de afianzarse en la élite. Su excompañero Zaza se lo puede asegurar.

En un año ideado para confirmar certezas, Berardi ha perdido buena parte de su instinto y su confianza desbordantes, ha dejado muchas menos jugadas de fenómeno para el recuerdo, la EURO peligra muy seriamente para él y, sobre todo, ha confirmado ser todavía un proyecto, como es natural para su edad, de un atacante completísimo al que aún le faltan etapas por quemar y aspectos por pulir y asentar. Otro año será.

 

Edin DZEKO

 

La Roma había encontrado por fin en el bosnio al nueve de relieve que tanto necesitaba. Dzeko era una pieza destinada a un perfecto encaje y a un rendimiento superior, si no entre los mejores killers a nivel europeo, sí a la cola inmediata de éstos.

A sus 30 años, en plena madurez y con una capacidad goleadora demostrada, nada podía fallar entre Edin y una Roma de esencia ofensiva y vertical, construida con varios y buenos extremos para surtir al centrodelantero y con un pasador de quilates como su paisano Pjanic con quien entenderse a las mil maravillas. El hombre necesario para acometer, este año sí, el asalto definitivo al Scudetto lo tenía todo para volver a brillar como en Wolfsburgo y demostrar que merecía la confianza para encargarse de portar la responsabilidad goleadora en un club de Champions League tras alcanzar cifras dobles siendo más suplente que titular vestido de skyblue en Manchester.

El balcánico llegaba a su particular plataforma de lanzadera y, sin embargo, salvo contadas excepciones contextuales, el rendimiento de Dzeko se ha quedado a años luz de poder ser considerado como óptimo. Su nombre es quizá el más desilusionante de todos en la actual Serie A y ha sido también, a su pesar, un icono recurrente en los highlights de las grandes pifias de cara a gol de la temporada.

Aislado y desanclado en el centro del ataque entre dos depredadores pegados a línea de cal que han optado por trazar la diagonal para encarar el arco por sí solos, lo que más ha relucido en Dzeko ha sido su frustración, una escasez general de química y un nulo acomodo con todo el entorno (club, liga y juego) que el bosnio ha sido incapaz de revertir pese a sus supuestos galones de postín. Una situación agravada todavía más con la marcha de Rudi García y la llegada de Spalletti.

Sus ocho tantos hasta ahora en el campeonato son unas cifras demasiado tenues para la inversión de 20 millones y de un contrato hasta 2020 por 4’5 millones anuales que realizó el conjunto giallorosso el pasado verano para hacerse con sus servicios. Menos goles que el canterano Tony Sanabria en Gijón y los mismos que el ex Destro en Bolonia, dos puntas de muchísimo más futuro y de muchísimo menos coste. La diatriba ahora se presenta ineludible. Con la segura continuidad de Spalletti y teniendo en cuenta la edad del bosnio, la Roma tiene dos opciones: apostar todo en insistir por el acople y la respuesta esperada de Dzeko como punta de lanza titular o intentar venderlo sin perder mucho dinero después de un curso aciago.

FELIPE ANDERSON

 

Tras aterrizar desde el Santos hace tres campañas y cautivar a todos en el Calcio desde el anonimato, era esta la temporada fijada en el horizonte para la confirmación del brasileño como una de las grandes estrellas de la Serie A. La alicaída coyuntura de una Lazio deshecha e irreconocible este año ha sido un claro hándicap para Felipe Anderson pero no justifican que las anteriormente incesantes apariciones brillantes del diez biancoceleste se hayan soterrado en un socavón abrupto de juego en el que apenas ha quedado del jugador luminoso que se vio durante el curso pasado de forma regular, algún ramalazo esporádico gracias solamente a su exquisito golpeo de balón con la pierna derecha.

Desde su auge, su nombre lleva apareciendo junto al del Manchester United y a cifras próximas a los 50 millones de euros en todos los periódicos deportivos de Italia e Inglaterra. Al tiempo que, por el contrario, Felipe Anderson ha ido dejando de justificar con argumentos futbolísticos sobre el césped una operación de tal calibre hacia un gigante europeo en unos parámetros tan desmedidos.

Su aparición en la Lazio el año pasado fue tan fulgurante e inesperada como lo ha sido la desaparición de su innegable talento individual en este. La pregunta es clara. ¿Cuál es su nivel real? ¿Este o aquel? Felipe Anderson no ha logrado confirmarlo cuando todo apuntaba a que iba a hacerlo y es una incógnita si su calidad brasileña podrá hallar la continuidad necesaria para instalarse en el panorama internacional al más alto nivel como un futbolista decisivo o si, por el contrario, estamos ante un jugador guadianesco y, por tanto, limitado.

Sus diez goles y siete asistencias de la 2014/15 han caído hasta los seis tantos y los tres pases de gol actuales en esta campaña pero no son sus guarismos lo más decepcionante de la merma de su impronta sino su regular irregularidad, su polivalente escasez de incidencia en la fase ofensiva laziale y su falta de carácter cien por cien competitivo para salir del escondite y ser capaz de remar río arriba. Como si los incesantes cantos de sirena le hayan pesado como un lastre y sólo le hayan permitido aparecer pareciéndose a su yo del curso anterior, esto es siendo el mejor de su equipo, en unas pocas excepciones siempre dentro de partidos cómodos y ante rivales sencillos.

A sus 22 años tiene todo el tiempo del mundo para recuperar y afianzar el gran nivel que incluso le llevó a debutar con la canarinha y a ser considerado una opción perfectamente posible para jugar al lado de Neymar en Brasil. Precisamente con su selección y junto al crack del Barça se le presenta a Felipe Anderson una reválida inmediata y un escenario ideal en los Juegos Olímpicos de su país para demostrar qué tipo de pelotero es, si constante u ocasional.

 

Stevan JOVETIC

 

Sus goles se encargaban de ganar partidos a principio de temporada y su figura parecía claramente destinada a decidir el campeonato para un Inter calculador que tenía en él a un superdotado con el diez a la espalda capaz de ejecutar arriba por puro talento individual todo lo conseguido defensivamente por capacidad colectiva. Todo parecía ir viento en popa y, sin embargo, las circunstancias han vuelto a soplar en contra del montenegrino y su clase futbolística en forma de oportunidad perdida.

Jovetic está hoy por hoy totalmente fuera de dinámica en el Inter, inmerso en acusaciones de mal ambiente en el vestuario, sin jugar un partido como titular en Serie A desde enero, sin disputar ni un solo minuto desde hace dos meses y fuera de cualquier plan para Mancini, lo que le convierte en el reserva habitual más caro del Calcio.

El ex del Manchester City sigue empantanado en lo que prometía aquel centelleante futbolista visto en Florencia sin terminar de completar nunca el salto definitivo para colocarse la vitola de la estrella internacional que con total seguridad iba a ser. Mientras que el Inter y Mancini siguen desperdiciando al único miembro de su plantilla con aptitudes y calidad para cambiar el sino de los partidos por sí sólo y el único plenamente capacitado para inventar y causar estragos entre líneas en la frontal del área rival, Jovetic se va depreciando y poniendo en cuestión su futuro al más alto nivel como jugador determinante e indispensable para casi cualquier club.

Los cuatro goles y dos asistencias que suma en Serie A difícilmente justifican el desembolso de quince millones que los nerazzurri realizaron por hacerse con su fichaje. Una cifra considerable que parecía una ganga por un talento innegable que ahora se sienta apático en el banquillo cada jornada sin tener ni siquiera opciones de volver a jugar para resarcirse y salir de una situación que se antoja insostenible.

Geoffrey KONDOGBIA

 

Un Paul Pogba de mayor tendencia defensiva. Eso es lo que fichaba el Inter el pasado verano en clara competencia con el Milan. O lo que creía que fichaba. Que levante la mano quien recuerde este año una sola acción relevante de potencia incontenible en ataque por parte de Kondogbia, de llegador apisonadora y, en definitiva, de la estrella todoterreno que Thohir contrató por expreso deseo de Mancini y de su gusto exacerbado por las dotes físicas de las que el francés es un perfecto arquetipo.

Es cierto, Kondogbia no ha desentonado de forma chirriante en un Inter carente de grandes ambiciones ofensivas en su propuesta y sistema y no sería justo hacer recaer sobre él la responsabilidad de una temporada de más a menos expectativas a nivel de equipo pero cabía esperar infinitamente más de un futbolista por el que el Inter pagó 38 millones al Mónaco y que es el fichaje más valioso de la temporada en Italia y el segundo más caro de la historia nerazzurra tras Vieri.

Su nombre, sinónimo de dominante hace apenas unos meses, ha pasado a ser un símil de decepción que arrastra la desilusión de la parroquia interista respecto a las grandes expectativas despertadas y depositadas en él.

Kondogbia peina bien su zona, se hace valer físiciamente a nivel defensivo especialmente en los duelos individuales, cumple con su rol en el orden instaurado y suelta bien la pelota al compañero más próximo pero de un fichaje llamado a ser diferencial en la medular lo mínimo exigible se ha quedado muy corto. Kondogbia ha demostrado ser meramente un jugador complementario con mucho hype sin certificar desde hace tiempo. Nada que ver con una estrella mundial como Paul Pogba capaz de destrozar al adversario por calidad individual.

El box to box devastador que encierra su potencial no se ha podido ver apenas. A Kondogbia aún se le echa en falta lectura global, más ofrecimientos para ganar participación y peso, marcar mejor el ritmo cuando tiene la pelota, mejorar el retorno y el disparo de larga distancia, ser un apoyo más útil para avanzar y realizar muchas más internadas hacia portería que dividan, hagan aglutinar a varios adversarios y generen jugosos espacios.

En definitiva, el camino para ser una figura y situarse entre los mejores en su demarcación es todavía muy largo y no se intuye próxima la meta. Sin embargo, tiene cuajo, es pausado y suma una valiosa experiencia internacional. Elementos a los que tal vez sólo necesite rebajar las pretensiones generadas y añadir paciencia y continuidad bajo un mismo manto táctico y en un mismo equipo durante varias campañas para empezar a asemejarse al interior top de recorrido y músculo que aún se espera que sea. El obstáculo para ello es que juega en el Inter y que su historial no invita a pensar que su objetivo sea dejar su sello bajo unos mismos colores.

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