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Las cinco claves del campeonato del Spartak

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Restan siete partidos para la conclusión del campeonato liguero en Rusia, y el Spartak puede dejarse hasta 10 de los 21 puntos que quedan por jugar. Solo dos rivales aparentemente complicados aparecen en el calendario de los rojiblancos, primero el Rostov el próximo fin de semana, y el último día de abril jugarán frente al CSKA en la bala final de sus vecinos. No obstante, y tras la victoria frente al Zenit la euforia se ha apoderado de las calles ya que son diez los puntos que saca al CSKA y once a los de San Petersburgo. Analizamos las cinco claves del que, salvo debacle, será el vigésimo segundo campeonato liguero (contando los logrados en la Unión Soviética) tras dieciséis años de sequía.

Idea de juego fija

Nadie gana un trofeo que prima a la regularidad por suerte. Un campeón siempre se caracteriza su marcado estilo de juego. Una idea enseñada en la pizarra y aplicada punto por punto en el terreno de juego. El Spartak quiere la pelota, le gusta tenerla, que se juegue rasa y al pie. El césped corto, y húmedo, que no se quede seco nunca. Aspersores encendidos en el descanso y leves gotas que saltan cuando la pelota se desliza por el tapete. El Otkrytie -un estadio precioso por cierto- vive cada 15 días un juego de posesión ofensiva, ataques verticales que se cuecen a fuego lento desde la zona de la defensa y se ejecuta con dinamismo a partir de tres cuartos. Fernando dirige la batuta, escoltado siempre por un Glushakov que está de dulce, actuando de box to box, sin las riendas que le ataban a la zona defensiva en las temporadas precursoras al renacer. Quincy Promes marca la diferencia, es el jugador referencia, la estrella que ilumina el camino, aunque no está solo, Zobnin, Popov, Ananidze, Samedov… sus compañeros le acompañan en la tarea, este año no está solo.

LEER MÁS: El renacer del Spartak

Solidez defensiva

Alenichev en la pasada campaña trabajó una idea a la que le faltaba tiempo y retoques, Massimo Carrera se aprovechó del trabajo, y con ciertos retoques tácticos creó un equipo al que es muy difícil meter mano, un equipo que se mueve en bloque, cierra las filas y las estrecha para que no pase ni un alfiler. A esto se le suma el buen hacer de los zagueros, Bocchetti cuando está es un muro, y cuando no, está Tasci. El alemán tuvo muchos problemas musculares que le lastraron desde que aterrizó en Moscow, pero Carrera recuperó a uno de los mejores centrales de la liga para la causa. Kutepov es la guinda del pastel, la apuesta de Alenichev y la consolidación con Carrera, ahora compite con Giorgi Jikia, recién llegado del Amkar, cualquiera de los dos da seguridad atrás. Hace unos años se calculaba que Parshivlyuk sería el futuro lateral de la selección, la calculadora se equivocó y Eschenko llegó para poner luz en un carril que fue el dolor de cabeza de varios técnicos. Dmitry Kombarov, uno de los capitanes de la plantilla, está cada vez más adaptado a esa posición, la reconversión de extremo a lateral no es fácil, sobre todo si el equipo no brinda un buen nivel, pero Dmitry es el mejor lateral izquierdo en Rusia, y eso es indiscutible.

Luiz Adriano celebra un tanto con el Spartak | Epsilon/Getty Images

Fondo de armario

En los últimos años el Spartak no tenía una mala plantilla, en realidad, los jugadores rendían muy por debajo del nivel. El gran problema es que, con las lesiones o malos momentos de forma de ciertos jugadores, los recambios eran o bien canteranos apresurados, o fichajes de relleno que no cumplían. Se apostó por esperar la evolución de Yakovlev o Kozlov y ésta nunca llegó. En los últimos mercados se buscaron refuerzos, jugadores que aportaran algo más, que quizás todavía no estaban listos para ser titulares, como Melgarejo, pero que sí podían solucionar un partido apretado o revolucionar un encuentro. Al paraguayo se le sumaron Samedov, Luiz Adriano, Mauricio, Jikia, Tigiev, Selikhov… una mezcla de experiencia y juventud que sumaba talentos al equipo y la posibilidad de elegir entre uno y otro. Ze Luis ya no era el único delantero puro de la plantilla (contamos a Davydov como jugador del filial), Samedov aportaría una alternativa ofensiva que antes no se tenía, un extremo centrador. Tigiev, Mauricio y Jikia son las alternativas en la zaga, en especial el brasileño, que ha jugado de lateral y de central. Son detalles que antes no había, jugadores que si entran no empeoran al equipo, y que están preparados para ser titulares. El gran ejemplo lo vimos frente al Zenit, donde Carrera apostó de inicio por Ananidze, Zobnin y Popov, tres centrocampistas de más toque que velocidad por detrás del nueve y, en el segundo tiempo, dio entrada a la velocidad y amplitud que ofrecen Samedov y Melgarejo.

Compromiso y buen ambiente

Jugar en Rusia ha significado en el siglo XXI hacer dinero. Muchos han sido los futbolistas que han llegado al país en busca de sumar ceros y no de sudar la camiseta. En el Spartak se ha puesto en duda el compromiso de muchos jugadores en los últimos años, aunque a veces éste bajaba debido al mal ambiente. Artem Dzyuba se fue por problemas con el entrenador, y Serdar Tasci fue uno de los muchos que estuvieron apartados por mal comportamiento y por no querer vestir la rojiblanca. Primero Alenichev, ya que todo empieza con él, y después Carrera, han formado un bloque sólido, no solo en el terreno de juego, sino también fuera. Las concentraciones en tierras orientales ayudaron a mejorar el ambiente en el vestuario, y ha conseguido tener a todos enchufados. Fernando llegó como una incógnita, ya que era señalado como un caza fortunas, pero ni mucho menos. Tasci, uno de los ejemplos de futbolistas que no querían continuar en Rusia, al igual que el también zaguero Bocchetti. Ahora ambos están enchufados, centrados en hacer grande al Spartak y en traer una nueva liga a las vitrinas. Otro ejemplo es Ananidze, muy afectado por las lesiones, pero también uno de los señalados, no solo ha recuperado su mejor versión, también la sonrisa.

La suerte que faltó otros años

Hay partidos difíciles de sacar, donde el rival es superior, no pasas un buen día, hace demasiado frío o, simplemente, la pelota da en el palo. Para ganar una liga hay que sacar adelante esos partidos, partidos que en Rusia son muy habituales y han condenado al ostracismo al Rubin Kazan de Javi Gracia. Sin embargo, el Spartak los ha sacado adelante, muchas veces de manera épica, como cuando Glushakov perforó la portería del Amkar con un zapatazo antológico. Los rojiblancos han ganado nueve partidos por la mínima, en la mayoría lo merecía, pero otras temporadas la pelota no hubiera entrado. No solo hay que ser bueno, sino que hay que tener suerte para que, al igual que pasa en el tenis, la pelota caiga en campo rival tras tocar la red.

El Spartak de Moscow está de vuelta, es tiempo de disfrute para los aficionados rusos que, para el año, volverán a la Champions, será entonces la gran prueba para un equipo que, si no pierde a sus piezas clave (será muy complicado mantenerlos a todos), dará mucho que hablar en los campos del viejo continente.

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