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La visión de Joachim Löw

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Con un fuerte acento regional, procedente de Suabia, Joachim Löw es alguien que no es capaz de usar en su vida diaria un alemán culto. Y no por falta de preparación técnica o de estudios, es simplemente porque Joggi es un tipo sencillo, uno de esos que te hacen las mezclas de lenguajes y acaba usando un alemán de calle, aderezado con expresiones del inglés y del Suabio (dialecto de la región donde creció). El seleccionador alemán es un tipo sencillo, que sopesa los pros y los contras y toma ventaja de aquellas cosas que le parecen un acierto. Löw no tienemiedo a probar, innovar, o a ‘copiar’ estrategias.

Ya en 2006 Joachim Löw hacía mucho más que ser un segundo entrenador, algo más que ser el ayudante de Klinsmann, Joggi se encargaba del sistema táctico, de la preparación de los jugadores y de las ideas del equipo como conjunto, Jürgen -Klinsmann-, era el motivador y el inicio del cambio. El tándem Klinsmann-Löw fue poco más que un desastre para los resultadistas que esperaban ver a su selección coronada en el mundial celebrado en su casa. Sin embargo Löw empezó a formar entonces lo que hoy es Alemania. Un equipo que mira al exterior, que está abierto a nuevas ideas y no se avergüenza en reconocer que lo suyo, lo anterior, o lo que venían haciendo no era lo más correcto.

Löw sigue la tarea de Jürgen y desde entonces Alemania permuta su carácter, ese tan alemán, y se encuentra de frente contra una sociedad multicultural que se refleja en sus nuevos jugadores, esos que ya están acostumbrados a sentarse delante de la tele y ver el paquete de partidos internacionales que Sky Sports ofrece. Joggi desde entonces, desde el momento en que asumió en 2006 el puesto de entrenador de la Mannschaft ha trabajado con la DFB conjuntamente en un proyecto de futuro, en las academias del país y en la manera de implantar un cuidado por los chavales que iban a subir en los próximos años. Lo planeó no con resultados inmediatos, sino con fecha de caducidad futura, para cuajar algo que fuera suyo completamente, lejos del recuerdo de Klinsmann o de cualquier otro entrenador, haciendo un proyecto totalmente suyo y mimándolo hasta la saciedad.

El gol que dio el título al país teutón es obra y gracia de Joachim Löw, no por chutar él la pelota hasta el fondo de la red, ese fue Mario Götze, no por dar el centro que a su vez fue asistencia tras correr con el balón en el pie por la banda izquierda, ese fue André Schürrle, ni siquiera por ver el pase al hueco para la jugada en una increíble visión de juego e anticipación extraordinaria, ese fue Kroos. Sin embargo ahí hay un denominador común, ellos son tres jugadores de la generación Löw. Mientras él estaba al mando de la plantilla de la selección teutona, ha hecho debutar a más de 70 jóvenes -y algunos no tanto- futbolistas. Entre los cuales nombres como Philipp Lahm, Thomas Müller o Mesut Özil en el momento de su debut.

Joggi es un técnico que a pesar de lo que se dice, es muy consecuente, no creía que Stefan Kießling encajara en su esquema táctico y nunca lo llamó, a pesar de las numerosas criticas en la prensa alemana (y de los aficionados germanos), e incorporó siempre a las mejores promesas del país. Muy pocos debutantes bajo su mirada habían cumplido el cuarto del siglo en el momento de su debut vistiendo el águila en el pecho. Para ello se implementó un sistema informático de scouting que ha madurado hasta el presente -y ahora ve la luz en forma de aplicación para el iPad que usaba el cuerpo técnico durante la estancia en Brasil-. Un software que da todos y cada uno de los datos del futbolista: sprints, velocidad máxima, pases, temperatura corporal y ritmo cardíaco… Este software incorpora la biografía y datos personales del jugador con lo cual se informa no sólo de los detalles técnicos, sino de la personalidad de este y así imaginar si encajaría en la dinámica de grupo implementada por el entrenador.

 

“El espacio en el campo es cada vez más pequeño y el tiempo de reacción minúsculo. Por lo tanto, las habilidades individuales son lo más importante a trabajar en el entrenamiento, más que cualquier sistema” -declaraba Löw en un entrevista en 2011. No es de extrañar entonces que sus jugadores preferidos sean nombres como Gündogan, Götze o Kroos, cuyo estilo es lo que Joachim Löw busca imprimir en su juego: el control del balón, en abrir y aprovechar los espacios y dueños del tempo. “Debemos convertir lo simple en lo especial: el juego de pases, el tempo, la presión y la recuperación de balón. Como trabajamos sin el balón y como manejamos los uno-contra-uno, y cómo de rápido solucionamos en espacios muy pequeños”.

Alemania bajo el mando de Löw no presenta un sistema reconocible a lo largo de sus años, sino que demuestra unas características conjuntas muy marcadas sea cual sea el esquema táctico que Löw tenga en la pizarra: ‘gegenpressing’ es su palabra crucial. Esta técnica -la de gegenpressing- es mayormente asociada con el estilo de Jürgen Klopp, consistente en presionar al contrario para que cometa un error en un espacio pequeño y aprovechar al máximo ese milímetro para transformar un robo en un gol a favor de la Mannschaft. Las directrices son más que claras: hazte con el balón y presiona, ataca y muerde.

Quizás no sea un visionario, pero Löw planea, y vaya si planea, lo hace ya con años de antelación, de manera que en 2010 incluyó en la lista mundialista jugadores muy jóvenes en aquel entonces, sólo para que se acostumbraran al ambiente, para que no estuvieran nerviosos llegados el momento, algunos como Müller, o Kroos, llegaron a Sudáfrica llenos de ilusiones y siendo las nuevas joyas de Alemania. Y en Brasil lo volvió a hacer: Durm, Kramer, Ginter… Para sustituir paulatinamente jugadores que el propio Joachim ya había hecho debutar, nombres como Schweinsteiger o Podolski.

Joachim sonríe, y ya piensa en la Eurocopa de 2016, pero también con un ojo puesto en el Mundial de Rusia y la mente en los filiales de su país. Así es Löw, un hombre que vive el futuro de manera muy presente.

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