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La Villa Olímpica, un negocio para pocos

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Georg Ismar (DPA)Más de 10.000 deportistas de todos los rincones del planeta comenzarán a llegar a partir de mañana a la Villa Olímpica, un lugar que suele simbolizar la comunión y el espíritu del olimpismo. Sin embargo, el predio que recibirá a los atletas en Río 2016 será un negocio para pocos una vez que finalice el evento.

En el ingreso al predio, ubicado en la Barra de Tijuca, se puede ver aún un cartel con la firma “Carvalho Hosken S/A”. “Esto debe ser aún tapado”, explica uno de los trabajadores mientras continúa a toda prisa con las obras. El nombre de la empresa seguramente no sea conocida por la mayor parte de las alrededor de 700.000 personas que visitarán Río de Janeiro a partir del 5 agosto. Pero Carlos Carvalho, el millonario de 91 años que está detrás de la firma, sin dudas será uno de los grandes ganadores del evento. Aún cuando prefiera estar lejos de los focos.

La Villa Olímpica se encuentra localizada dentro de un predio denominado “Ilha Pura” (Isla Pura), propiedad de Carvalho. Cuenta con 31 edificios de hasta 17 pisos que luego serán reutilizados para negocios inmobiliarios. Los primeros deportistas comenzarán a llegar a partir de mañana, pero el lugar aún está muy lejos de ser una “isla pura”. El paraíso prometido -escenificado en un cartel que muestra a una pareja disfrutando en una piscina- está todavía en construcción. La zona es más bien un desierto de hormigón.

El lujo deberá esperar a después de los Juegos, cuando las empresas Carvalho Hosken y Odebrecht vuelvan a tomar el comando de la lucrativa zona. Mientras tanto, en Internet se promociona ya el mundo ideal que se ofrecerá en el predio ubicado en la Barra de Tijuca, la Miami carioca. Por ejemplo, el complejo Saint Michel, compuesto por cinco edificios con apartamentos entre 131 y 160 metros cuadrados, ofrece propiedades por 1,52 millones reales (unos 460.000 dólares). Todas, por supuesto, con piscina. Se trata, no obstante, de un precio relativamente económico para precios internacionales, aunque importante teniendo en cuenta la distancia de 35 kilómetros hasta las playas de Copacabana.

 

Los ideólogos de la zona buscar hacer realidad allí el proyecto de un nuevo Río, sin favelas, pobreza ni imágenes incómodas para el turismo. Muy distinto a lo ocurrido en Londres, donde la Villa Olímpica en East End fue reutilizada en favor de habitantes con billeteras algo menos abultadas.

Detrás de Carvalho Hosken está Carlos Carvalho, el “patrón de la Barra”, quien asegura tener diez millones de metros cuadrados en la zona. Su proyecto arrasó con todo a su paso, incluyendo el humilde asentamiento de Vila Autódromo, que estaba ubicado en la zona del Parque Olímpico y del que ahora sólo quedan escombros. Carvalho no es un hombre al que le guste salir en los medios, pero hace un año brindó una entrevista con la BBC y el diario británico “The Guardian” en la que expresó abiertamente sus ideas. “Ahora vivirán de acuerdo a sus estándares. Debían irse”, dijo sobre los desplazados habitantes de Vila Autódromo. Señaló además que en los alrededores de la ciudad hay suficiente espacio, dejando en claro que el centro pertenece a la elite.

El alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Paes, reaccionó entonces con indignación a sus palabras. “No entiende el significado de los Juegos para Río. Paes promocionó los Juegos, que tuvieron un costo total estimado en los 11.500 millones de dólares, como un regalo para la ciudad. Pero el negocio queda para hombres como Carvalho, quien tiene un patrimonio estimado en los 4.200 millones de dólares y es considerada una de las 13 personas más ricas de Brasil.

Los críticos señalan que el corazón de los Juegos podría haberse instalado en una zona más pobre de Río, de modo que el evento pueda ayudar a su desarrollo. Pero la cita transcurrirá en uno de los barrios más acaudalados y menos cariocas de la ciudad. No es casual que Paes, de 46 años, haya impulsado la realización de los Juegos en la Barra. Allí comenzó su carrera política en 1993 como vicealcalde de la Zona Oeste. Y pese a las críticas a Carvalho, el actual alcalde de Río se benefició con una donación de 650.000 reales que el empresario hizo para su reelección en 2012.

Las denuncias no se hicieron esperar. El abogado Jean Carlos Novaes, especialista en derecho inmobiliario, asegura que Carlos Carvalho compró los terrenos a un precio mucho más barato. “Carvalho es el principal beneficiario de la herencia olímpica. Se modificaron reglas en su beneficio, antes sólo se permitía construir edificios de hasta ocho pisos”, señaló. De esta manera, el valor de los predios aumentó artificialmente en beneficio del “patrón de la Barra”. Novaes señaló que buscará llevar a Paes ante la Justicia, ya que ve indicios de corrupción en el financiamiento de sus campañas electorales y las del PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño).

Mientras tanto, los obreros siguen trabajando a toda marcha en la zona. Pedro Osari martilla mientras avanza con los trabajos de desagüe. “Es un sistema complejo”, afirma el trabajador, que seguramente jamás podrá pagarse una propiedad en esa zona. El obrero luce la vestimenta de Cedae, la empresa pública de aguas residuales de Río de Janeiro. ¿Pero por qué financia el estado un proyecto con el que la empresa de Carvalho ganará mucho dinero?

Para Novaes, se trata de otra estafa a los contribuyentes. “El estado asume todos los costos de infraestructura de Ilha Pura y no recibirá ningún beneficio”, acusó el abogado. Sin embargo, no todas son buenas noticias para Carvalho, que ante la dura recesión que sufre Brasil podría ver recortadas sus ganancias. Al menos le queda el negocio de “Ilha Pura”, un paraíso con el que espera ganar mucho dinero tras los jouegos.

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