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La verdad que hizo libre a Thomas Hitzlsperger

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La verdad es una herramienta poderosa. Los que conocen tu verdad la pueden usar en tu contra si la has escondido. El conocimiento de ella te otorga el control. La verdad nos hace libres y esclavos. Hay gente que se condena a llevarla escondida, entre los bolsillos de las chaquetas, cómo un ladrón con su botín. Los hay que se entregan a la libertad de divulgar su verdad y así creen sentirse liberados. Pero en una sociedad cómo la actual, la verdad es algo que no se ha valorado como es debido. La verdad hoy en día es hablada, pero nadie la practica, y el pobre que ejerce su libertad es a menudo juzgado y señalado con el dedo.

Las verdades se tornan a veces contra uno y se debe luchar por atravesar tempestades y huracanes hasta llegar a casa. Al sitio dónde podemos ser nosotros, dónde nos sentimos seguros para recoger a nuestra verdad en brazos y protegerla como si de un pequeño infante se tratara. Las verdades son una parte del ser humano, tan o más profunda que el alma.
 

 

Enseñar la verdad es de valientes, es de gente con coraje. Es de esa gente que quiere ser libre y no vivir con las ataduras de vivir entre mentiras. Ser valiente da miedo. Decir la verdad da miedo. Thomas Hiltzlsperger vivía con miedo. Vivía atado a su verdad. Porque en un mundo como el suyo su verdad es cruda y cruel, su verdad, la de Thomas, es algo que el mundo del fútbol no estaba preparado para oír.

Hitzlsperger fue futbolista en clubes como Bayern München, Aston Villa, West Ham, Wolfsburg y Stuttgart -este último dónde ganó el único título de su palmarés: la Bundesliga-. Ex-internacional con la selección germana, participó en el mundial de 2006 en su país de origen y en la Euro 2008 de Austria y Suiza. Sin embargo es conocido más internacionalmente desde que en Enero de 2014 declarara abiertamente que es homosexual.

Thomas es valiente y adentra en un mar de tiburones que huelen la sangre a kilómetros. No tardaron mucho en llegar las bromas y los dedos acusadores. Ya que -como todo el mundo sabe (les pediría que leyeran esta parte con ironía y perdonen mi vocabulario)-: “el fútbol no es cosa para maricas”.
 

 

Sin embargo Thomas en 2001 se ganó en el apodo de “Hitz, the Hammer” -el martillo-. Uno de los mediocentros alemanes, que junto a jugadores como Philipp Lahm o Michael Ballack, llegaron a ser finalistas en una Eurocopa y terceros en un mundial -que no es poca cosa-. Actualmente se dedica a las organizaciones para evitar la discriminación de deportistas de élite en Alemania por su preferencia homosexual y ejerce de comentarista ocasional en algunas cadenas de televisión alemanas.

La verdad de Thomas inspiró a muchos en el país teutón. Durante meses no se habló de otra cosa. Recibió el apoyo de la federación de fútbol germana (DFB), y de muchos de sus ex-compañeros y de medios de gran peso como 11 Freunde, que lo puso como redactor jefe para un número especial redactado por jugadores de fútbol en vez de por periodistas. Él demostró que el fútbol no entiende otro lenguaje que no sea la pasión. No importa quien sea, con quién te acuestes, si eres pobre o rico, el fútbol siempre te acoge en sus brazos, porque esa es la única verdad que este deporte reconoce.

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