Fútbol inglés

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La última final del Little Tin Idol

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Lo llamaron Little Tin Idol y la orfebrería Martin, Hall & Co. se encargó de su diseño por un coste de 20£. Era pequeño, con dos grandes asas a los lados y coronado por un futbolista. El trofeo, que se entregaba al ganador de la FA Cup, se había convertido en un breve lapso de tiempo en un objeto muy codiciado por los diferentes equipos que entraban a participar en el torneo. La competición, que arrancaba oficialmente un mes de noviembre de 1871, ganaba adeptos con el paso de sus ediciones y su formato se pensaba implantar en otros países.

El Little Tin Idol original se entregó por primera vez a los míticos Wanderers. Pero este peculiar trofeo no llegaría a cumplir los 23 años de vida. La copa de la FA no volvería a verse después de la final de 1895, que enfrentó al West Bromwich Albion y al Aston Villa.

Tenía que ser en Inglaterra donde se desarrollase uno de los misterios más curiosos de la historia del fútbol. Desde luego, si Arthur Conan Doyle viviese, no dudaría en involucrar a su famoso detective para que intentase resolver qué ocurrió con el peculiar trofeo. Sin duda, sería un buen caso para Sherlock Holmes y su inseparable doctor Watson.

 

Birmingham, 11 de septiembre de 1895

Sus memorias llegarán a su punto final, Watson, el día en el que yo corone mi carrera con la captura o extinción del criminal más poderoso y competente de Europa. Seré breve, pero exacto, en lo poco que me queda por contar.

El problema final, Arthur Conan Doyle.

Era la quinta vez que el West Bromwich Albion alcanzaba la final de la FA Cup. Había caído en 1886 por dos a cero contra el Blackburn Rovers y al año siguiente, contra el Aston Villa con el mismo resultado. En 1888, el West Brom conseguía hacerse con la copa tras vencer al Preston North End y volvería a proclamarse campeón en 1892, ganando tres a cero al Aston Villa.

Por su parte, los Villanos llegaban a su tercera final. Y sí, era la tercera vez que se medirían al West Brom. El mismo West Brom al que habían ganado en 1887 y que se tomaría la revancha unos años después. Parecían destinados a encontrarse.

La final de 1895, jugada en el Crystal Palace de Londres, sería distinta a todas. Aunque no por ser un monumento al fútbol, precisamente. Un gol a los treinta segundos de partido del capitán John Devey -uno de los tantos más rápidos en la historia de las finales del torneo- bastó para que el Aston Villa levantase su segunda FA Cup.

El logro de los Villanos debía ser mostrado para regocijo de la afición. Para ello se pensó que el mejor lugar para exponerla era una tienda de material deportivo en Newtown Row, en Birmingham, propiedad de William Shillcock. El Little Tin Idol fue visto por última vez el 11 de septiembre de 1895. Cuando Shillcock regresó a su tienda a la mañana siguiente, el preciado trofeo ya no estaba.

Los hechos

Uno o quizá dos ladrones, entraron en la tienda de Shillcock y, además de la copa, se llevaron algunos chelines y también se echó en falta material deportivo. La misma mañana del robo, en un lugar como Birmingham, empezaron a correr mil versiones sobre lo ocurrido en el establecimiento del viejo William al mismo tiempo que la policía abría una investigación para reunir pistas sobre el paradero del Little Tin Idol y el autor (o los autores) del robo.

Las pesquisas llevaron a la detención de un buen puñado de ladrones de poca monta por los alrededores de Newtown, aunque la mayoría de ellos, que ya habían pasado por prisión, no hacía sino repetir las mismas historias que la policía había escuchado en la calle: una sucesión de hechos surrealistas que, unas semanas después, aún se seguían escuchando. Desde que los ladrones habían cavado un agujero para acceder a la tienda de Shillcock, hasta que el trofeo se había vendido en el mercado negro por una desorbitada cantidad de dinero. La única certeza que tenía la policía es que la copa podía haber sido robada para fabricar monedas falsas con las que apostar en las carreras de caballos. Todo ello, claro está, organizado por las famosas bandas que delinquían por aquellos días.

El Aston Villa ofreció una recompensa de 10£ a todo aquel que arrojara algo de luz sobre el suceso, pero todas las historias sobre el robo que llegaban a la policía o no llevaban a ninguna parte, o eran falsas. La Asociación de Fútbol multó a los Villanos con 25£ en concepto de pago por el trofeo, que costó en su día 20. Tras casi un mes de registros y detenciones, y al no poder reunir las pruebas suficientes, la policía redactó un informe y cerró el caso.

 

Un giro de los acontecimientos

Como en toda buena novela negra, llegando al final, el lector tiene que darse de bruces con un giro sorprendente que cambie el curso de la narración. O, al menos, es una de las reglas básicas para montar una buena historia del género.

60 años y unas cuantas finales de FA Cup jugadas después, The Sunday Pictorial publicaba una historia titulada Soccer’s Bigger Riddle. Era un 23 de febrero de 1958. Un hombre de 80 años llamado Henry James Burge confesaba ser el autor del famoso robo del Little Tin Idol. Burge, además, posaba para la ocasión en una fotografía demostrando cómo se las había arreglado para entrar en la tienda de Shillcock con la ayuda de una palanca.

Burge, que por entonces contaba 20 años, confesó que junto a otros dos hombres, entraron en la tienda y se llevaron el trofeo y varios pares de botas. Confesó también que la misma noche en la que robaron la copa, esta fue utilizada para fabricar monedas falsas. Pero el informe de la policía de Birmingham redactado en su día no concordaba con la versión de Burge. Según el informe policial, cuando Shillcock llegó a su tienda por la mañana, la puerta trasera estaba cubierta con yeso y el techo tenía un agujero. Los ladrones tuvieron que entrar por el tejado escalando a través del muro de uno de los laterales del establecimiento.

Henry Burge era un reputado ladrón que había pasado buena parte de su vida entre rejas, acusado por robos de viviendas y de coches. A pesar de su historial -y de su maña- nunca pudo probarse que fuera realmente el autor del robo del Little Tin Idol. Cuando Burge salió de la cárcel en 1961, donde había ingresado de nuevo tras un robo, se retiró a una residencia de ancianos. Murió en septiembre de 1964.

El nuevo trofeo de la FA Cup que se entregó en 1896 al Sheffield Wednesday fue realizado por la firma de plateros Vaughan, que trabajó a raíz de unas réplicas en miniatura del trofeo original que se habían entregado a cada uno de los jugadores de los Wanderers después de ganar la final de 1893. Utilizado hasta 1910, fue adquirido en una subasta por David Gold, presidente del Birmingham, en mayo de 2005. Gold pagó 488.620 libras.

122 años después del robo en la tienda de William Shillcock, el Little Tin Idol sigue desaparecido y nadie ha podido encontrar al responsable. Hay quien todavía piensa que una suerte de Peaky Blinders utilizaron el trofeo de la FA Cup para fabricar monedas con las que apostar y también quien cree que la copa todavía anda por ahí, en una colección privada de cualquier rincón del mundo después de ser subastada ilegalmente.

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