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La tropa de élite del Profe Ortega

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El viejo ex empleado del club Tino Callado me dijo una vez que al Profe Ortega lo echarían de un puesto como instructor del BOPE (Batallón de Operaciones Policiales Especiales) porque considerarían que sus métodos son excesivos. Una exageración, porque lo cierto es que los hombres que prepara no integrarán nunca el BOPE, ni sus soldados han de conquistar la favela de Morro do Turano. Los suyos conforman un ejército casi más disciplinado y con un escenario mucho más exigente: el Vicente Calderón. No utilizan armas, el Profe los tiene adiestrados para ser letales con sus cuerpos. Su munición: los cientos de kilómetros y ejercicios acumulados.

Desde que el Cholo se hizo cargo del Atlético de Madrid se puso como objetivo convertirlo en un equipo competitivo. Su carácter ganador pronto alcanzó y superó esa etapa y se exigió pugnar con los mejores, plantar cara a los principales equipos de la Liga — Barcelona y Real Madrid— y a los mejores clubes de Europa. Adonde no alcanza el presupuesto, Simeone improvisó para limar las distancias. Tiró de táctica: igualó los euros con motivación y obsesión por el detalle y, especialmente, por una forma física envidiable. Porque el sistema de juego del argentino exige no dejar barato ningún balón y ganar los duelos individuales, un esfuerzo y solidaridad colectivos, similar a la filosofía de los cuerpos de élite: Nunca se abandona a nadie. Y esa parcela es exclusiva de Óscar Ortega, el Profe.

Los entrenamientos del Profe (Montevideo, Uruguay, 1958) son imprescindibles para alcanzar ese nivel, especialmente, el trabajo que él diseña y se realiza en pretemporada, donde el equipo adquiere las bases físicas para afrontar los campeonatos. La exigencia de los mismos se ha comprobado año tras año con diferentes jugadores con problemas para terminar las sesiones. Algunos incluso abandonaron el barco, como los reclutas que no son capaces de superar el periodo de instrucción, porque nunca se adaptaron a los requerimientos del Profe. Pero sus métodos funcionan, y se demuestra al final de cada partido, cuando los rojiblancos siempre acumulan más kilómetros recorridos que sus rivales. Desde la llegada de Ortega, un analista de fútbol que no conociera a Koke —lo cual sería susceptible de un presunto delito— podría pensar, viendo las estadísticas de sus kilómetros, que Vallecas es una perdida aldea Senegalesa y el centrocampista un exótico jugador africano.

Su camino se cruzó por primera vez con el de Simeone hace más de una década, en el retorno del argentino como jugador al Calderón en 2003. Al poco de iniciar su etapa como entrenador en Racing de Avellaneda, el Profe se uniría a su cuerpo técnico, siguiéndole después en Estudiantes, River Plate, San Lorenzo, Catania y de vuelta al Atlético de Madrid. De figura delgada y bajita, no hay que dejarse llevar por su imagen. Contiene a un preparador físico de carácter, con genio. La clase de tipos que esconden dentro un volcán y te pueden recordar a Joe Pesci en las pelis de Scorsese o al mítico Begbie de Trainspotting. Bien lo han aprendido sus jugadores porque saben que bastaría un grito y dos palmadas para hacerles orinar agujetas. En los despachos del Calderón también conocen su personalidad, sobre toda tras el verano de 2015, cuando el uruguayo separó su renovación de la de Simeone y el resto de su cuerpo técnico, como siempre habían hecho hasta el momento. Aunque se habló de distanciamiento con el Cholo y de posible ruptura entre ambos, se sabe poco al respecto porque las negociaciones en los despachos del Calderón se suelen hacer con luz mortecina, en habitaciones insonorizadas y, si se necesitan traductores, se suelen emplear los de un colegio de sordomudos.

Ácido y agudo en sus arengas a los jugadores durante entrenos o calentamientos, Ortega tiene total confianza de Simeone para el diseño del trabajo en la parte física, y la supervisión de otros aspectos como el descanso o la alimentación. De hecho, antes de cada entrenamiento los jugadores han de pasar por la báscula, para comprobar que se encuentran en su peso ideal. Y no sería difícil imaginar al profe inspeccionando también las taquillas de los jugadores, en la línea del Sargento Hartman de La Chaqueta metálica, cogiendo un dónut relleno con dos dedos y gritando con repugnancia “¿pero qué carajo es esto?

Las actuaciones del Capitán Roberto Nascimento en el film brasileño “Tropa de élite” son criticadas por los que ven la utilización de una violencia desmedida en las acciones de este cuerpo. Otros consideran al BOPE necesario, capaz de actuar en conflictos y situaciones como el narcotráfico de las Favelas, en las que ningún otro cuerpo policial podría hacerlo. También el equipo del Cholo ha recibido acusaciones de violento y críticas de los repartidores de carnets del buen juego. Pero lo único cierto es que Simeone y El Profe han fabricado un equipo de sillería, capaz de competir con cualquier otro. Y al que, a día de hoy, dejarlo sin vida es sólo el primer paso para poder derrotarlo.

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