Motociclismo

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La timba de Jorge Lorenzo

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Como tantas cosas en la vida, MotoGP es una partida de póker. Cada Gran Premio es una mano y hay que saber jugarla lo mejor posible con las cartas que te da tu equipo. Lo estamos viendo esta temporada: Marc Márquez se está jugando un ‘all-in’ detrás de otro con proyectos de escalera o color que con frecuencia le están haciendo perder grandes cantidades de fichas.

En el otro lado de la mesa, la dupla de Yamaha: Valentino Rossi, el jugador más experto de la mesa. Prudente, sin más faroles que los justos para robar alguna ciega y sabiendo quedarse en paso cuando la situación lo requiere. Llegando al ecuador de la partida todavía lidera la tabla.

A su lado, Jorge Lorenzo. Gran jugador desde hace años; en más de una ocasión perdió manos de forma absurda buscando faroles innecesarios. Ganó dos partidas con maestría, ayudado por las buenas cartas que le daba el ‘croupier’; pero perdió otras mucho antes de tiempo por sus propios errores.

Sin ir más lejos, el año pasado. En Qatar se estrelló por apostarlo todo sin ni siquiera ver las cartas; y en Austin se tiró un farol descabellado. Con dos podios en ocho carreras, prácticamente había tirado la partida antes de la mitad de la misma. En el tramo final optó por una estrategia conservadora para salvar el tercer puesto, su peor resultado en seis años.

En 2015, todo ha cambiado. Absolutamente todo, empezando por la estrategia. Nada de farolear cuando vienen mal dadas. No le gustaron las cartas con las que tuvo que jugar en Qatar, Austin y Argentina; y optó por lo más inteligente: minimizar pérdidas. Mantener la calma mientras veía crecer los montones de Rossi sin ponerse nervioso, sabiendo que la partida es larga; al tiempo que observaba la cara de póquer de un Márquez que perdía fichas con la misma facilidad que hace un año las ganaba.

Llegó Jerez. De mano, el as de tréboles. Tercera victoria en el circuito que tiene una curva a su nombre. Pole, vuelta rápida y victoria -tras cuatro temporadas sin ganar allí- fueron las tres hojas que cambiaron su suerte. Una jugada incontestable, pero con ganancia mínima. Ni Rossi ni Márquez tenían cartas para pelear y el bote no fue demasiado grande, pero ya resultó toda una declaración de intenciones.

Le Mans fue el turno del as de diamantes. Segunda exhibición consecutiva en el trazado en el que un año atrás había acabado sexto y desolado al verse sin poder plantar cara a pilotos como Álvaro Bautista o Pol Espargaró. Esta vez no necesitó la pole ni la vuelta rápida para sumar otros 25 puntos y seguir recortando la desventaja con Valentino.

Tocaba volver a poner la pica en Mugello, y volvió a hacerlo sin casi oposición. El circuito italiano, en el que en 2014 vio cómo Márquez ponía fin a su racha de tres victorias seguidas, asistió a una nueva ‘master class’ del balear. Una vez más, llevaba la mano ganadora y no la desaprovechó; mientras Márquez se marcaba un nuevo farol estéril.

Montmeló se presentaba como la ocasión de saldar una deuda histórica: lograr cuatro victorias consecutivas en MotoGP. En esta ocasión, sus cartas eran casi idénticas a las de Rossi. Márquez se lo volvió a jugar todo y lo perdió; y la batalla entre las Yamaha se resolvió en favor de Jorge por la carta más alta -el as de corazones-, dejando la partida en un equilibrio casi absoluto.

España, Francia, Italia y Catalunya. 100 puntos en el inicio de la gira europea con un póquer de ases colosal que le sitúan como máximo favorito al título. A estas alturas de temporada, solamente presentaba mejores números en 2010 y 2012; los años de sus dos títulos:

Jorge Lorenzo MotoGP 2008-2015 - Sphera Sports

Ha pasado de firmar su inicio de temporada más pobre –nunca en MotoGP había empezado sin pisar el podio en las tres primeras carreras- a superarse a sí mismo –póquer de victorias y récord de vueltas consecutivas en cabeza-. Ha logrado invertir a tiempo una tendencia claramente negativa, algo que no había hecho en las siete temporadas precedentes.

La 2015 es, sin duda, la mejor versión de Jorge Lorenzo, coincidiendo con la época más dulce de Yamaha. Cuando no tiene buenas cartas, protege su bote con mimo. Cuando las tiene, lo aumenta de forma implacable.

Con Márquez prácticamente auto descartado, todo apunta a un mano a mano frente a Rossi. Una batalla que se presenta épica, pero para la que Jorge está sobradamente preparado. Su nivel de madurez está, por fin, a la altura de su inmenso talento. Ya no se siente un invitado a la partida, ahora la timba la organiza él. Pone el tapete, las fichas y el ‘croupier’. Reparte y se lleva la mejor parte.

Ahora, tendrá ante sí dos pruebas de fuego. Sus cuatro triunfos han llegado en escenarios propicios –en MotoGP ya ha ganado tres veces en Jerez y cuatro en Le Mans, Mugello y Montmeló-; pero llega a dos terrenos que siempre han sido especialmente hostiles en la clase reina: Assen, donde sólo logró ganar en 2010; y Sachsenring, donde todavía no se ha estrenado.

Los Países Bajos y Alemania darán lugar al parón veraniego. La tendencia actual invita a pensar que Jorge se irá de vacaciones como líder, pero los antecedentes en estos dos circuitos le pueden hacer volver a la versión conservadora de inicio de año. Dependerá de las cartas que tenga en cada mano. Lo que es seguro es que, tenga las que tenga, sabrá jugarlas.

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