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La soledad del extremo diestro

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La solitudine dell’ala destra. Así se titula una de las obras del escritor romano Fernando Acitelli. Las composiciones que aparecen en este libro constituyen un verdadero Canzionieri consagrado al fútbol, una auténtica historia lírica del calcio mundial.

Garrincha: rey de reyes

El nombre de este poemario invoca precisamente la figura de unos de los mejores “sietes” de todos los tiempos: Manuel Francisco dos Santos, más conocido como Garrincha. Y es que esta posición dentro del terreno de juego, la de ala o extremo diestro, ha estado siempre rodeada de un halo de soledad y, en muchas ocasiones, acompañada de un destino fatal para quien la ocupa. La “Alegria do Povo”, como llamaban a este ángel brasileño de piernas torcidas, fue un jugador de los que casi no quedan. De regate infinito, sorteaba a todos los adversarios que le salían al paso liberado de los corsés tácticos que oprimen al genio en el fútbol moderno. Era un extremo puro, un puesto que a día de hoy necesita una protección especial, pues es una especie amenazada, un animal en peligro de extinción.

En este sentido, son varias las voces que nos han advertido sobre esta situación y, por encima de todas ellas, se escucha todavía la del uruguayo Eduardo Galeano, un teórico del fútbol sin gritos, un ecologista del balón que describía la historia del deporte rey en el siglo XX como “un viaje desde la osadía hacia el miedo”. Tan solo unos meses después de su muerte, el tiempo no hace más que confirmar todas sus tesis sobre el negocio del deporte mundial. En esta época que nos ha tocado habitar, en este claroscuro histórico, de las cloacas de la FIFA comienzan a “surgir los monstruos”, como diría Antonio Gramsci.

 

Sin embargo, el poema dedicado a Garrincha en este volumen no se centra en la libertad de su juego, sino en otro de los peligros del futbolista: el paso de la gloria al olvido. “Mané”, un Abdón Porte devorado por el alcohol. Unos pocos versos traducidos bastan como homenaje:

Hasta el día antes
jadeaba torcido entre los tejados
y la luna.
Sus fintas eran de artrosis, de cirrosis.
Pálido el rostro.

Gigi Meroni: la farfalla granata

Luigi Meroni también llevaba el ‘siete’ a la espalda cuando lucir un determinado número aún no estaba vacío de significado. Revolucionó la posición de extremo en el calcio de los 60. Jugó en el Como y en el Genoa. Fue mito en Torino. Un irreverente de pelo largo, el quinto Beatle italiano. El combativo grupo Yo Yo Mundi le dedica una canción, ‘Chi si ricorda di Gigi Meroni?’, una crítica en clave futbolística a los sectores más conservadores de la sociedad italiana: “deja que se escandalicen enfadados por una vida sin fantasía, dejémosles hablar para que se diviertan, démosles más cuerda y que se ahorquen”. Gigi era uno de los jugadores más prometedores del país pero, ¿cómo no renunciar a la selección si el precio a pagar es tu libertad?, ¿cómo respetar el rigor táctico y las convenciones sociales si en casa te espera Cristiana, la chica rubia que conociste en el Luna Park?

No hay final feliz para el ala destra y la tragedia llega irremediablemente la tarde del 15 de octubre de 1967. Muere atropellado por un Fiat 124 Coupé cuando cruzaba la calle acompañado de su compañero de equipo Fabrizio Poletti. Tenía 24 años y ese mismo día habían ganado a la Sampdoria. El conductor del coche era Attilio Romero, un joven que, casualidades del destino, se convertiría en presidente del Toro en junio de 2000. El poeta Maurizio Cucchi recordaba así su muerte:

Chi ti ha falciato in area,
lieve discolo amato, danzatore garbato,
emblema in movimento,
caro e indifeso, di pieno Novecento?

Pier Paolo Pasolini: calciatore amateur

Las aportaciones de Pasolini han significado auténticas revoluciones en muy diferentes ámbitos. Cineasta, literato, apasionado hincha del Bologna y ala destra amateur llegó a afirmar en una entrevista para La Stampa que el fútbol, tras la literatura y el erotismo, era uno de los mayores placeres. También su visión sobre este deporte, plasmada en multitud de artículos periodísticos, es revolucionaria.

 

El primer libro que tuve en mis manos durante mi estancia en Italia fue Scriti corsari, una recopilación de sus mejores artículos en la prensa, pero curiosamente en aquel momento no llegué a leer el texto que posteriormente más me impactaría: “Il calcio è un linguaggio con i suoi poeti e prosatori”. Publicado por  el periódico Il Giorno en enero de 1971, compara en un tono humorístico el fútbol con el lenguaje. Lo define como un sistema de signos con todas las características fundamentales del lenguaje escrito-hablado.

Cual Barthes o Greimas, a los que cita, va introduciendo estas originales comparaciones: la unidad mínima ya no sería aquí el fonema, sino el “podema”, es decir, cada uno de los veintidós futbolistas que usan los pies para chutar el balón; la doble articulación de este lenguaje, esto es, las infinitas posibilidades combinatorias de los podemas (pensemos en un desplazamiento en largo o en una asistencia de gol), le permite hablar en este caso de “palabras futbolísticas”, que formarán auténticos discursos regidos por normas sintácticas (la sintaxis será el propio partido, que no es otra cosa que un discurso dramático). Así, los codificadores serían los jugadores expresándose sobre el terreno de juego y los descodificadores seríamos nosotros, los espectadores, en las gradas. Ambos, emisores y receptores, compartiríamos un mismo código.

En este mismo artículo, que se puede leer en español, junto a otras de sus reflexiones, en el maravilloso libro “Pier Paolo Pasolini. Sobre el deporte”, de la editorial Contra; divide el fútbol en dos géneros: “por razones de cultura y de historia, el fútbol de algunos pueblos es fundamentalmente prosaico: prosa realista o prosa estetizante (este último es el caso de Italia), mientras que el fútbol de otros pueblos es fundamentalmente poético”.

Este ala destra intelectual que soñaba con recuperar los espacios ya perdidos por el fútbol es asesinado brutalmente el 2 de noviembre del ’75 en un descampado de Ostia, cerca de Roma. Su cruel muerte, rodeada de misterio y de motivaciones políticas, continúa siendo un enigma. En la oración fúnebre pronunciada en su funeral por Alberto Moravia, casi con la misma veneración que sentía aquel joven Agostino por su madre, se siente la pérdida de un poeta, de un director de cine, de un “uomo prezioso che era nel fiore degli anni”.

Acitelli, en el último verso del poema que dedica a Garrincha, nos deja la siguiente interrogación: “e tutto questo per un’ala destra?” (¿y todo esto por un extremo diestro?).

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