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La receta del cambio de entrenador funciona en Génova

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Joel SIERRA – Los cambios de entrenador en plena temporada no acostumbran a ser remedios purificadores contra los males clasificatorios endémicos. Bologna, Catania, Chievo, Livorno, Sassuolo o, incluso, Milan son ejemplos actuales que lo constatan a la perfección. La apuesta, sin embargo, ha resultado ganadora en los dos clubes genoveses y tanto la llegada de Gian Piero Gasperini al Genoa, como la de Sinisa Mihajlovic a la Sampdoria, han servido para que sus respectivos conjuntos hayan sumado tantos puntos como confianza. Ni el más acérrimo hincha de cada equipo hubiera predicho entonces que, con nueve encuentros por delante para finalizar el campeonato, la certificación de la permanencia iba a ser un simple trámite.

La victoria por 0-3 en el derbi de la primera vuelta fue la única alegría que Liverani ofreció a los tifosi del Genoa antes de su despido en la sexta jornada. El Grifone acumulaba tan sólo cuatro puntos de dieciocho posibles y coqueteaba con la zona de descenso. Con Gasperini, el cuadro rossoblù empezó a ofrecer mejores prestaciones, a clarificar sus ideas y a esgrimir un juego más intenso, una idiosincrasia más competitiva y un balance defensivo más sobrio. Características que les han permitido crecer de manera exponencial hasta habitar en una total tranquilidad.

Este Genoa de nuevo cuño asienta sus bases sobre un colectivismo esforzado, un ritmo de presión notable y la explotación de las transiciones ofensivas, el juego aéreo y los envíos largos o laterales para que el rejuvenecido Gilardino -paradigma de la garra y el oportunismo que Gasperini requiere a los suyos– gane las batallas a los defensas y envíe los balones a las redes. Con un 3-4-3 de una apariencia ‘zemaniana’ sobre el papel que nada tiene que ver con el fútbol aguerrido y despojado de florituras que desarrollan en cada partido, el equipo ha dado carpetazo a sus problemas y se ha convertido en un duro hueso para cualquier rival -como se vio en Parma o ante la Juventus- aunque siga sufriendo más de la cuenta cuando se ve obligado a tener que llevar la iniciativa. Una carencia que le ha supuesto feos lunares ante adversarios de la parte baja de la tabla.

Trabajar y tapar agujeros sin dejar de ser insistente e incisivo en ataque cuando las circunstancias del partido lo permiten. Ese es el estilo renovado y de réditos comprobados que el Grifone pone en funcionamiento a través del uso coral y polifacético de los efectivos del plantel. Con contrato hasta 2016, Gasperini quiere volver a construir un proyecto a largo plazo como ya hizo en su primera etapa, en la que transportó al club del ascenso de 2007 a posiciones europeas dos años después. “El Parma es nuestro modelo a seguir, tenemos que seguir creciendo”, ha declarado el míster, que ya busca un nuevo salto de calidad porque sabe que el anterior, alejar a los suyos del abismo, ya lo ha dado y consolidado.


El Genoa mejoró su rumbo desde el retorno de Gasperini | Getty Images

Un punto y dos escalones por delante en la clasificación están sus vecinos y rivales blucerchiati. Mihajlovic, desde su aterrizaje, ha hecho valer el peso de su personalidad de tal forma que la Sampdoria gira en torno a su figura y despliega sobre el césped el carácter ganador del que fuera su antiguo futbolista. El serbio se hizo cargo de un grupo sumido en puestos de descenso, con nueve puntos en trece jornadas, y ha sabido voltear la situación radical y exitosamente, trasladando a cada uno de los jugadores de cada una de las líneas al tope de su rendimiento individual para alcanzar una solidez y una fiabilidad grupal que estaba resquebrajada bajo la manija de Delio Rossi. Es obvio, creen en él.

La Samp es, hoy por hoy, uno de los contendientes más en forma y temibles del Calcio, como comprobó el Verona, que se llevó un 5-0 inapelable de Marassi. Con un 4-2-3-1 de esencia valiente y vistosa que está siendo poco menos que un dogma inquebrantable, el efecto Sinisa no cesa y sigue expandiendo su imperio. Éder marca y hace marcar, Gabbiadini saca cada vez más lustre a su calidad, Mustafi ha alcanzado la internacionalidad con la Mannschaft, De Silvestri se ha convertido en uno de los laterales mejor valorados de la Serie A, Soriano acumula galones en la sala de máquinas, Da Costa se hace grande bajo palos y nombres como Okaka, Renan o Sansone parecen resucitar de las sombras de la mediocridad de su pasado reciente.

Aunque su contrato se extiende hasta 2015, a Mihajlovic no le faltarán pretendientes a de cara al próximo curso. Pese a ello, su continuidad supondría un buen escaparate para seguir exponiendo las virtudes de un técnico exigente y ambicioso como él y también un augurio de bonanza para la sociedad, que parece haber encontrado la estabilidad deportiva buscada -tras siete entrenadores desde 2010- y la horma perfecta para su zapato. “Tenemos que aspirar a algo más que la salvación, el equipo tiene capacidad”. Mihajlovic no permite bajadas de tensión y sabe que con sus directrices, sus toques de atención y su temperamento, la Sampdoria puede hacerlo todavía mejor.

Los fantasmas se han ido. Los apuros de la campaña pasada han volado lejos de la capital ligur, en uno y otro bando. Tras tiempos de anhelos, las dos grandes pasiones de Génova están demostrando buenos visos, gratas sensaciones e ilusionantes perspectivas. La ciudad en particular y el fútbol en general, merecen una disputa igualada entre ambos enemigos íntimos por escalafones superiores a los de los últimos años que les permita mirar al horizonte del Mediterráneo con la cabeza alta desde la Torre della Lanterna, el faro de Génova. Una ciudad dividida en lo futbolístico, unida ahora en una idéntica satisfacción.

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