Fútbol italiano

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La quimera mundial de la Italia de Ventura

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15ª en el ranking FIFA, 10ª en el ranking UEFA y lejísimos de la líder España, Italia llegaba a la repesca del Mundial contra Suecia aferrándose más a su tradición que su talento actual. Los esquemas experimentales del seleccionador Giampiero Ventura no han definido todavía las líneas maestras del equipo y no le han dado una identidad táctica en dos años, a pesar de la proximidad teórica a su predecesor en el cargo, Antonio Conte. Una parte cada vez mayor de la opinión pública se divide entre las limitaciones técnicas de la plantilla y la culpa del entrenador.

 

El fútbol de Ventura

Ventura llegó al banquillo azzurro con la incómoda etiqueta de ‘Maestro del Calcio’, una figura mística entre el brujo y el demiurgo, entre el padre de familia y el profesor. En realidad, es una categoría en la que los italianos incluyen a los entrenadores veteranos, con un larga carrera -no tiene por qué ser de éxito- y cuyos equipos siempre han tenido características precisas y a quien sus ex jugadores han quedado afeccionados, aun más si propone un juego agradable. En esta categoría se encuentran entrenadores como Zeman y Sacchi, técnicos de gran personalidad, si bien muchos se preguntan hoy qué hace Ventura junto a estos.

Los sistemas de Ventura siempre han estado bastante definidos. Su marca de fábrica siempre ha sido el 4-2-4, un sistema ofensivo sobre el papel, pero que nada tiene que ver con el que afamó la Brasil de Garrincha. En el caso de Ventura, no es más que una derivación del 4-4-2, en el que los extremos reciben en una posición más alta, con más espacio por cubrir detrás que delante. Durante la fase de clasificación, Ventura situó a Candreva -el más indicado para ese rol- e Insigne en esas posiciones.

El mediocampo de dos no cuenta con apoyo lateral, razón por la cual el entrenador apostaba por jugadores de contención más que por creadores. En italia, encontraron espacio Gagliardini y Parolo antes que jugadores más talentosos con el balón como Verratti. De este modo, a menudo el juego se desarrolla más por bandas, tanto por una razón cuantitativa -la mayoría de jugadores ocupan posiciones laterales- como por indicación táctica. No por casualidad, Italia en 2017 se sigue acogiendo a los centros como arma táctica, cuando numerosos estudios confirman su escasa eficacia.

Los movimientos sincronizados de los dos delanteros deberían conducir hacia un elástico en el mediocampo, pero al mismo tiempo a una gran presencia en área rival. ¿Para qué servirían todos esos centros sin al menos dos puntas para rematarlos? En este contexto táctico, en 2016 se le pidió a Ventura promover a una nueva generación, los nacidos a partir de 1994.

 

La realidad

Actualmente podemos afirmar con tranquilidad que este sistema táctico no ha permitido a sus jugadores rendir al máximo, sino que encima a entorpecido su talento. Italia no tiene el mínimo rastro de una identidad táctica. Insigne, probablemente el mayor talento de su generación, ha sufrida la falta de espacio y sobre todo la necesidad de tener que bajar demasiado para recibir balones limpios. De hecho, contra Suecia, como él mismo admitió, se le pidió jugar como volante en el mediocampo. El juego vertical y poco trabajado, que deriva a menudo en pases en largo, ha castrado el talento combinativo del jugador napolitano, relegándolo incluso al banquillo.

En efecto, el 4-2-4 es un sistema que penaliza enormemente la fase de consolidación y creación propia tanto como la rival. Al mismo tiempo, exalta el juego de transición. EL problema es que el equipo debe estirarse mucho para ser eficaz, con resultados horripilantes en transición defensiva: véase el último partido contra Macedonia. La clara voluntad de saltarse el mediocampo en la fase de construcción de la jugada ha dejado fuera de juego a Verratti, al que una una gran parte de la opinión pública italiana ha cubierto constantemente de elogios a pesar de las continuas rendimientos negativos -no totalmente imputables al jugador, claro-.

Pero, ¿qué ocurre contra defensas cerradas, como la mayor parte a las que se debe enfrentar Italia? Véase el partido contra Israel como ejemplo: circulación de balón perimetral, donde los únicos jugadores con un poco de espacio para maniobrar son los defensas, contribuyendo a una combinación lenta e ineficaz, lo que Guardiol denomina “la odiosa circulación en U”.

Los dos delanteros, por su parte -Immobile y Belotti, de lejos los mejores puntas italianos- no son complementarios y no engañan sus goles contra Liechtenstein. Su convivencia forzada ha obligado a Belotti a jugar de segundo delantero, obligándole a bajar al centrocampo, con escasa eficacia dada su dificultad con la circulación y alejándole de la portería. De hecho, esto no ha hecho más que remarcar sus defectos. Incluso cuando Ventura se ha visto obligado a jugar con 3-5-2, los dos delanteros, nunca han desaparecido del once inicial. Como demostró el partido contra Suecia, ambos terminaron molestándose y el equipo jugaba prácticamente con diez.

Para terminar, es increíble remarcar que un entrenador elogiado por su capacidad de hacer progresar a los jóvenes alinea a una Italia con una edad media de 31 años, perdiéndose por el camino talentos como los de El Shaarawy, Bernardeschi, Rugani, Pellegrini y sobre todo Caldara. Jugadores que están entre los 21 y los 25 años prácticamente sin haber podido destacar nunca en la selección.

De este modo, es complicado ver lados positivos en la gestión de Ventura. Los más optimistas dicen que se han perdido dos años de crecimiento -colectiva e individualmente-, mientras los más negativos piden la cabeza del entrenador y de todo el estrablishment de la federación. Si bien es verdad que Italia, tradicionalmente, ofrece su mejor versión en tiempos difíciles, quizá esta vez se ha exagerado al provocarlos.

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