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La presión ganó al tiki-taka

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En el trepidante partido visto ayer entre el Manchester City de Josep Guardiola y el Barcelona de Luis Enrique se pudo ver una gran disputa técnica. Por primera vez, seguramente en toda su carrera, Guardiola renunció a la posesión y el Barcelona cayó en la trampa.

Lo cierto es que el partido disputado entre ambos en el Camp Nou dejó un resultado abultado, que no mostraba muy bien lo que se había vivido sobre el terreno de juego. La calidad de Messi y las contras dejaron al equipo citizen tocado. Le tocaba a un Guardiola, muy criticado en Inglaterra por la mala racha de resultados, realizar algún cambio. Ese cambio no fue de jugadores sino de estilo.

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El Manchester City dejó al Barcelona llevar el peso del partido, pero realizando una presión en campo contrario que agobiaba a los de Luis Enrique. Sin embargo, al igual que en el partido de la ciudad condal, el Barcelona se adelantó en el marcador de la forma más cruel para Guardiola, al contraataque. La conexión entre Messi y Neymar puso por delante al Barça, que seguía intentando tener la pelota, aunque difícilmente pasaba a campo contrario.

Silva y Gündoğan se encargaron de frenar a Busquets, que realizó uno de los peores partidos desde su incorporación al primer equipo, debido al ahogamiento del rival. Por detrás, Fernandinho tapaba todas las líneas de pase y Otamendi se convertía en un mediocentro con sus anticipaciones. Ter Stegen, que dio más pases que Rakitic y André Gomes, se negaba a enviar el balón arriba y Umtiti y Macherano se abrían hasta el lateral de la banda, dejando a Busquets solo en el medio, pues ni Rakitic ni André Gomes bajaban lo suficiente para ayudar en la salida del balón. De este modo llegó el empate, debido a un error en la defensa azulgrana. El pase de Sergi Roberto nunca llegó a Busquets y los delanteros del City se adueñaron del partido desde ese momento.

Avalancha citizen

El planteamiento de Luis Enrique duró 40 minutos, hasta que llegó la avalancha del Manchester City. En el descanso, ninguno de los dos planteó muchas modificaciones y ahí pudo haber estado el partido. Los de Guardiola, animados por la frenética grada skyblue, salieron a presionar desde el primer minuto. Continuaron intentando robar el balón en campo contrario y cerrando líneas para que los tres de arriba pudieran recibir un pase en condiciones.

Por el contrario, el Barça siguió con el ambicioso planteamiento de tener el balón, y lo tuvieron. Sin embargo, eso no les garantizó tener el control del partido. Los errores en la salida del balón debido a la alta presión por parte de los jugadores del City, provocaron fallos que se convirtieron en goles. Además, las únicas ocasiones que pudo tener el Barcelona para meter gol fueron a la contra. Luis Enrique no supo ver bien esa faceta del juego y siguió jugando sin renunciar al estilo.

Parece que renunciar al estilo de juego de un equipo es perder su ADN, su identidad, pero no es así. Renunciar al estilo siempre y cuando sea para poder ganar un partido es una gran seña de personalidad y atrevimiento. El partido estaba en los focos de toda Europa y Guardiola se atrevió a entregar el balón al rival. El entrenador con más posesión del esférico en todo el mundo arriesgó y le salió bien. Luis Enrique, fiel a sus ideales, no corrió la misma suerte.

Se puede decir, por tanto, que el tiki-taka perdió ante la presión. Dos facetas muy importantes del juego que sirvieron para ver un partido roto en varias ocasiones, pero de gran espectáculo. Puede que el Barça haya encontrado su punto débil, ya que no es la primera ocasión en la que le ganan un partido jugando de esta manera. El Celta de Vigo ya lo planteó cuando le endosó cuatro goles hace unas semanas y el Atlético alternó el año pasado esa presión arriba con la defensa conjunta.

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En cualquier caso, en esta ocasión Guardiola venció a Luis Enrique, quien debería tener diferentes estrategias para no tropezar con la misma piedra. El partido ha podido servir a ambos equipos para hacerse más fuertes. El Manchester City para ganar confianza y el Barcelona para aprender de sus errores.

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