Sevilla

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La posición franquicia

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En términos baloncestísticos, el jugador franquicia es aquella pieza en la que compañeros de equipo, entrenador e incluso secretaría técnica y directivos del club, centran todas sus esperanzas. El eje en el que gira toda una institución, la partitura de la principal obra maestra de un compositor. En fútbol, el Cristiano Ronaldo o el Messi de turno.

En Sevilla, Monchi, que ya de por sí es franquicia, ha decidido dar un giro al término. El director deportivo de moda en Europa se ve obligado a reinventarse cada año. El buen hacer del vigente campeón de UEFA Europa League provoca seísmos en la capital andaluza en cada apertura de mercado. El club confía en su proyecto y es consciente que, al menos a día de hoy, es inevitable retener a futbolistas que multiplican por 20 su valor inicial en una o dos temporadas. Por ello es complicado tener un jugador franquicia, ese jugador que año tras año sea, sin necesidad de crear debate alguno, el mejor futbolista del equipo sin dejarse seducir por el oro de los grandes clubes europeos, ese jugador que anteponga el escudo al hambre de títulos y que observa cómo sus compañeros que deciden emprender un camino diferente, reparan en que quizás habría ganado más trofeos jugando en la colina de Nervión.

En dicho ambiente hostil, Monchi también ha sabido innovar. El ‘león de San Fernando’ ruge más fuerte que nunca cuando se le plantean retos de alta exigencia. Saber qué hacer cuando se marcha tu mejor jugador cada temporada es un don innato, como saber levitar en un lodazal sin ni siquiera ensuciar tus pies de barro. Y es ahí cuando Ramón Rodríguez Verdejo actúa, y piensa que ante la imposibilidad de disponer de esa figura, lo mejor es generalizar el término franquicia en una posición más que en un solo futbolista. Y es ahí donde Rakitic, Banega o Nasri pierden protagonismo para que sea la posición de organizador de juego, la que adquiera sentido.

 

En enero de 2011, un croata nacido en Suiza que jugaba en banda en el Schalke 04 alemán, llegaba a Sevilla a cambio de algo menos de 1,5 millones de euros. En su primer año, y jugando pegado a la línea de cal, Rakitic ya demostró su calidad en los apenas 13 partidos que llegó a disputar con la elástica sevillista. Cinco goles y mucho protagonismo ofensivo. En su segundo año, y ya como centrocampista encargado de elaborar el juego, ningún tanto en liga pero imprescindible para un Unai Emery que parecía haber encontrado al futbolista que todo entrenador desea tener. El internacional croata parecía llevar años mamando la idiosincrasia del club y de la ciudad, y se encargó de adquirir el rol de protagonista principal en un largometraje de éxito. Consolidación en 2012/2013 y uno de los futbolistas más destacados del mundo en la siguiente temporada, acabaron con el idilio entre el croata y el Sevilla FC. Y llegó Éver.

Monchi siempre dijo que para sustituir a Rakitic, el club buscaría un ‘perfil Banega’. En las pertinentes reuniones entre dirección deportiva y secretaría técnica, el nombre del argentino siempre estuvo sobre la mesa como el ‘ejemplo’ de futbolista a fichar. Emery lo solicitó con la certeza de poder encauzar a un jugador que había destacado más por su mala conducta, que por su juego en los últimos meses. Y lo consiguieron. Todos. Monchi trajo a Éver, Emery rescató al mejor Banega, y el argentino se encargó del resto. Una vez más, 2’5 millones de euros habían bastado para asumir un fichaje arriesgado en cuanto a lo deportivo para cubrir el hueco de Ivan. Y vaya si lo cubrió.

Dos años después -y dos títulos de Europa League, también-, Banega abandona Andalucía con destino Milán. Una vez más, el reto para un Monchi que reconoce estar cansado, estaba en encontrar al sustituto del jugón del equipo. La posición franquicia estaba de nuevo huérfana y la afición, confiada en que el nuevo ‘mejor jugador’ del equipo estaba al llegar. Ganso fue la primera apuesta, Nasri el que llegaría sobre la bocina en forma de cesión tras la falta de entendimiento con Pep en el Manchester City. Ya desde el primer momento, recordaba al caso anterior.

Y así ha sido. De igual manera que su antecesor, el francés ha logrado despertar de su letargo a tiempo, y el Ramón Sánchez-Pizjuán vuelve a ser el escenario que vea el renacer de una estrella mundial. Una vez más, la posición franquicia tiene dueño. El organizador de juego, el eje por el que gira el equipo, el ‘Rey’ del ajedrez. La melodía del Sevilla en forma de exquisitez futbolística tiene nombre y apellidos, aunque quizás mañana tenga otros diferentes.

Con el permiso de Vitolo, el jugador franquicia no es perenne en el Sevilla FC. Con el permiso del canario, el jugador que elabora todas y cada una de las jugadas del equipo nervionense es ése organizador que por norma general, suele deslumbrar a Europa sorprendiendo a quienes no apostaban ni un solo céntimo por él . La posición más determinante del Sevilla más determinante, la del creador de fútbol. Esa posición que verá como cambia de dueño sin variar ni un ápice de importancia. La posición franquicia de Monchi.

 

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