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La NFL, contra Donald Trump: el espíritu de Kaepernick

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26 de agosto de 2016. Los San Francisco 49ers reciben a los Green Bay Packers en el último partido de pretemporada de ambos equipos. Como es costumbre en todas las ligas estadounidenses, va a sonar el himno nacional antes de que comience el choque. Todo el mundo –público, jugadores, entrenadores, árbitros­– se pone en pie. ¿Todos? No. Hay alguien que permanece sentado, impasible, en el banquillo. Se trata de Colin Kaepernick, quarterback de los 49ers. “No me voy a levantar para mostrar orgullo por la bandera de un país que oprime a la gente negra y personas de color”, señaló Kaepernick después en sala de prensa.

El país norteamericano llevaba una pésima racha de violencia policial contra los afroamericanos, asesinatos incluidos. No era una situación nueva, ni mucho menos, pero no por ello deja de ser sorprendente. El QB de la franquicia californiana afirmó que “Para mí, esto es más grande que el fútbol y sería egoísta por mi parte mirar para otro lado. Hay cadáveres en la calle y gente pagada los deja salirse con la suya con un asesinato”.

El lío estaba montado. Antipatriota debió ser lo más bonito que le dijeron a Kaepernick quienes no apoyaron su postura ante el himno. El QB no se amilanó y siguió protestando antes de cada choque, pero cambiando el gesto: en vez de sentarse, hincó la rodilla. Según él, para ser más respetuoso con los miembros del ejército.

El tema Kaepernick generó un debate que dividió a la nación. Muchos jugadores (en su mayoría afroamericanos) de la NBA y la NFL mostraron su apoyo al jugador de los Niners y algunos comenzaron a imitar su gesto de protesta. En cambio, algunos propietarios (muchos de ellos, republicanos) manifestaron su rechazo y afirmaron que no querrían a un jugador con una actitud así en sus equipos. También los hubo que no se mojaron y se limitaron a decir que “cada uno es libre de hacer lo que quiera, pero yo eso no lo haría”. Mientras, a Colin Kaepernick no pararon de abuchearle en prácticamente todos los estadios de la NFL.

Entretanto, Donald Trump se convirtió en el cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América. Trump no gozaba de muchas simpatías en el mundo NBA. No así en el de la NFL. Propietarios como Robert Kraft (New England Patriots), Woody Johnson (New York Jets) o Shahid Khan (Jacksonville Jaguars) mostraron su apoyo al candidato republicano aportando dinero durante la campaña electoral. Una vez investido como presidente, The Donald (no muy partidario precisamente de protestas como las de Kaepernick) se jactaba de ser el motivo por el cual el ya ex QB de los 49ers no encontraba un nuevo equipo en la NFL. “El QB de San Francisco, estoy seguro de que nadie ha oído hablar de él… Me han pasado las noticias y hay un artículo en el que dicen que los dueños de la NFL no quieren apoyarle porque no quieren recibir un tuit ofensivo de Donald Trump. ¿Lo podéis creer?”, manifestó Trump en un mitin.

Una vez terminada la temporada 2016 de la NFL, Colin Kaepernick optó por convertirse en agente libre. Deportivamente hablando, no fue el mejor año de CK. Los 49ers acumularon un balance de 2 victorias y 14 derrotas (1-10 con Kaepernick de titular). 2241 yardas de pase, 16 touchdowns y un 59’2% de pases completados. Unos registros discretos, tirando a malos. Su 2015 fue similar. Si a eso le sumas todo el revuelo formado en torno a su figura, todo hacía indicar que Kaepernick iba a tener muy difícil encontrar equipo para 2017. El mismísimo Joe Montana alegó que los entrenador de los equipos lo que buscan en los vestuarios es tranquilidad.

¿Tan mal QB es Kaepernick como para no estar entre los 64 mejores –entre titulares y suplentes– de la liga? En absoluto. No hay que olvidar que CK lideró a los 49ers a la Super Bowl de la temporada 2012. Se quedaron a 6 yardas de lograr la que hubiera sido la mayor remontada de la historia del partido final de la NFL.

Entraron en juego las teorías conspirativas. Básicamente, que Kaepernick estaba fuera de la liga por temas políticos. Si no, no se entendía como quarterbacks con números similares a los suyos, como Ryan Fitzpatrick, sí habían encontrado hueco en la NFL. Durante el verano, Kaepernick sonó con fuerza para los Baltimore Ravens y los Seattle Seahawks, pero finalmente no se concretó nada. El propio QB había manifestado que iba a dejar de arrodillarse “porque ha habido mejorías en el tema racial”.

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Llegamos al inicio de la temporada 2017 y los incidentes de Charlottesville todavía estaban recientes. Además, Michael Bennett, DL de los Seahawks, había sufrido en Las Vegas un lamentable episodio de empleo de exceso de fuerza por parte de la policía. Ahora ya no eran uno o dos jugadores de rodillas durante el himno, eran grupos de cinco o seis. En el caso de los Cleveland Browns, hasta una docena. Aun sin equipo, el espíritu de Colin Kaepernick estaba más presente que nunca.

22 de septiembre de 2017. Huntsville, Alabama. Donald Trump se supera a sí mismo. ¿No os encantaría ver a uno de esos propietarios de equipos de la NFL, cuando alguien falta el respeto a nuestra bandera, que dijera: ¡Sacad a esos hijos de puta del campo ahora mismo! ¡Fuera! ¡Está despedido! ¡Despedido!?”, espetó el presidente. Las reacciones de la liga no se hicieron esperar. Primero, la NFL emitió un comunicado defendiendo a los jugadores y catalogando las declaraciones de Trump como “falta de respeto”. Las franquicias, cómo no, también se posicionaron a favor de sus jugadores.

Los propios jugadores fueron menos políticamente correctos. El ejemplo más claro, el de LeSean McCoy. Nuestro presidente es un gilipollas, soltó el RB de los Buffalo Bills en Twitter. Aaron Rodgers, que semanas antes defendió que Kaepernick merecía un sitio en la NFL, colgó una foto en Instagram arrodillado con varios de sus compañeros. En la NBA, LeBron James, Chris Paul y Kobe Bryant (entre otros) también criticaron a Trump. Al POTUS se le juntaron el tema de los insultos a los jugadores de la NFL con la no invitación a los Golden State Warriors a la Casa Blanca tras unas declaraciones de Stephen Curry dudando sobre su asistencia a la recepción presidencial.

Más allá de las reacciones en redes sociales, había mucha expectación a cómo responderían los jugadores cuando sonase The Star-Spangled Banner antes de los partidos de la tercera semana de competición. El primer gran gesto de unidad se vio durante el Jaguars-Ravens celebrado en Londres. La gran mayoría de los jugadores de ambos equipos aparecieron arrodillados. Los que no, estaban cogidos del brazo los unos a los otros con la cabeza agachada. En este último grupo estaba el anteriormente citado Shahid Khan, dueño de los Jags y defensor de Trump. Un gesto con una gran carga simbólica.

En suelo estadounidense se repitieron las mismas imágenes. Hubo equipos que fueron más allá. Los Pittsburgh Steelers, los Tennessee Titans y los Seattle Seahawks ni siquiera salieron del vestuario durante la interpretación del himno. La excepción en los Señores de Acero fue Alejandro Villanueva, quien escuchó en pie The Star-Spangled Banner desde el túnel de vestuarios. Una acción que se puede entender, debido a la formación militar del LT (sirvió en la Guerra de Afganistán y jugó para el equipo de football del ejército estadounidense). Sin embargo, horas después confesó sentirse “avergonzado” por no haberse unido a sus compañeros.

Y si la escena de un republicano como Khan sujetándose con sus jugadores tuvo su impacto, más la tuvo la que se vio durante el clásico partido del lunes. Los Dallas Cowboys al completo, su propietario Jerry Jones incluido (un republicano de pro), se arrodillaron en los prolegómenos del encuentro. Una imagen histórica teniendo en cuenta que los Cowboys son el equipo de América y la escuadra deportiva más valiosa del mundo.

¿La respuesta de Trump? Una serie de tuits criticando a la NFL y pidiendo a la gente un boicot a la liga. Además de señalar el bajón de las audiencias y el pobre juego de la competición, pidió a Roger Goodell que cambiase la política de la NFL para sancionar a quienes no respetasen la bandera y el himno de Estados Unidos. También retuiteó una foto de Pat Tillman, un jugador de la NFL que dejó la liga en 2002 tras los atentados del 11-S para alistarse en el Ejército y que falleció en Afganistán dos años más tarde (fuego amigo).

El deporte estadounidense está viviendo una situación impensable hace apenas un par de años: jugadores protestando poniéndose de rodillas durante la interpretación del himno nacional. Es más, el kneeling ya ha llegado al deporte nacional, el béisbol. Bruce Maxwell, de los Oakland Athletics, se convirtió el 23 de septiembre de 2017 en el primer jugador de la MLB en unirse a estas protestas.

Lo que empezó siendo un gesto ante las injusticias raciales que todavía existen en el país ha acabado siendo todo un desafío al mismísimo presidente. Hay una fuerte división de opiniones. ¿Falta de respeto o libertad de expresión? En cualquier caso, no parece que esta fractura vaya a resolverse a corto plazo, y menos con alguien como Trump al frente del país. Mientras, Colin Kaepernick, el hombre que lo empezó todo, viéndolo desde el sofá de su casa.

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