Fútbol italiano

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La música de Allegri: oda a la fluidez

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En Italia, como en todo el mundo, los entrenadores que quieren sacarse el carnet de entrenador UEFA A, indispensable para trabajar al más alto nivel, deben superar una defensa de tesis, como en la universidad. El de Allegri –aquí disponible online– muestra los pilares en los que se basa la primera parte de su carrera entre Cagliari y Milan en Serie A: un mediocampo rigurosamente a tres, en triángulo con vértice bajo, y posiblemente con un cuarto hombre como vértice alto. En definitiva, el 4-3-1-2 que raramente se ha había visto tras un período de moda a inicios de siglo.

El técnico del último Scudetto milanista se sentó en el banquillo más importante de Italia con la tradición -ya en desuso- de un mediapunta atípico. Este fue el primero de muchos equívocos tácticos, cuya corrección está ahora definiendo a Allegri como un maestro del transformismo táctico.

Ese verano, en Turín se devanaron los sesos para buscar un perfil que respondiese a las peculiares características en un 10. Sin embargo, durante estos años, el entrenador toscano ha demostrado que puede prescindir de los sistemas, sobre todo de los auto-impuestos, dejando a prensa y aficionados confundidos y maravillados a la vez. La Juventus ha sabido adaptarse a los hombres disponibles -ni Pereyra ni Hernanes daban garantías-; así, Allegri desempolvó el 3-5-2 que había triunfado en la Juventus precedente, puliendo la estructura típica de Antonio Conte.

La dilatación de los espacios en defensa dejó espacio a la centralidad de la técnica y la expresividad, con Pogba y Tévez -luego Dybala- como centros de gravedad del juego; la apertura del campo y las combinaciones dieron paso a los diálogos en la ‘Zona 14’. El partido contra el Chievo Verona es una oda a la liquidez de su fútbol, cuando los intérpretes más técnicos pueden asociarse libremente.

Allegri también ha tenido que componer una obra en la que en cada acto se le quitaban notas. Y para un compositor que busca la armonía, no es fácil prescindir de sus tonos principales, de sus pilares. Las marchas de Pirlo, Tévez, Vidal, Morata, Pogba, Bonucci y Dani Alves fueron golpes duros a su idea de fútbol, su voluntad de “buscar notas que se gusten” (W.A. Mozart). Así, Allegri se ha destacado como uno de los mejores del mundo en el saber adaptarse a sí mismo y sus convicciones a sus jugadores disponibles, primero; y a sus rivales, después.

En los 11 últimos meses ha pasado con fluidez del 3-5-2 al 4-2-3-1 al 4-4-2 y al 3-4-2-1, a menudo incluso en el mismo partido. Por otro lado, “los esquemas son números de teléfono” (Pep Guardiola). El Barcelona sabía que la Juventus ataca con un 4-2-3-1 asimétrico, casi 3-4-3, para luego reorganizarse en un 4-4-2 escolástico. Todo según la necesidad, para aprovechar al máximo las virtudes de sus futbolistas (en ese partido para poner a Dani Alves al hombre con Neymar y para cerrar la portería a Messi).

En el último año, cuando necesitaba solidez defensiva, defender los half-space y negar profundidad y amplitud, recurrió a la BBC; cuando debía buscar nuevas soluciones para frenar a los rivales, se inventó a Mandzukic como extremo y luego volante para poder jugar con todos los jugadores ofensivos; cuando tuvo que proteger el mediocampo con líneas estrechas, apartó su amado (?) mediocampo a tres con un revival 4-4-2.

Este año, cuando necesitó jugar más posicional recuperó la defensa de tres, pero adelantado a los centrales laterales y tomando el mediocampo con jugadores más técnicos. No necesitaba sacar el balón jugada desde atrás porque el baricentro estaba más alta, con el rol de líbero ocupado por Benatia, un buen marcador pero de poca técnica. Así, apartó cualquier integrismo táctico y esperó a ver la orquesta para comenzar a componer, y no al revés.

El punto más característico de su música es saber variar la dinámica de la ejecución sin impactar en la calidad de la pieza, a menudo en el mismo partido. Su Juventus no tiene igual cuando se trata de gestionar los ritmos del encuentro: sabe acelerar y frenar al gusto, defendiendo la aplicación del contexto de juego que más se adapte al equipo, un contexto que sabe imponer. Es espectador se da cuenta y la palea de intensidades que su equipo propone es tardo-romántica, casi expresionista.

Más allá de los jugadores, Allegri adapta su equipo al rival. Hace un tiempo esto estaba considerado una debilidad, cuando se consideraba que una ideología debía ser buena en cualquier ocasión (¿recuerdan a Lobanovski?). Hoy, sin embargo, en la era del postmodernismo, en la que ninguna teoría puede explicar la multidimensionalidad del mundo, saberse adaptar es una fortaleza (como para Simone Inzaghi). Allegri no es nuevo en compromisos tácticos, pequeños detalles que cambian el contexto del momento, para hacer frente a los puntos fuertes rivales).

Pensamos en cuando se tuvo que enfrentar a equipos como Atalanta (marcaje al hombre a todo el campo en 2017 y gran intensidad): abandonó la circulación de balón y pagó a Gasperini con su misma moneda. De hecho, el mejor fue Mandzukic, que hace de la garra una de sus mejores armas. O el reciente triunfo contra el Napoli, donde Allegri no dudó para colocar un 4-4-2 solidísimo para ensuciar las combinaciones cortas de Sarri. Así, sube a ‘primer violín’ tanto al arquitecto como al resto, según el partido.

Allegri es un compositor y director lejos de cánones clásicos, no encierra a su música en una tonalidad definida, sino que ama modular, cambiar en el momento y adaptarse a las exigencias de los músicos, antes que a los gustos del público. Por otra parte, como suele decir, citando más o menos deliberadamente a Cruyff, “en el campo juegan los jugadores”, ellos tocan. Él, por su parte, les hace divertir mostrándoles la música, siempre nueva y divertida.

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