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La Masía produce grandes jugadores, pero no paciencia

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El Barça siempre se ha caracterizado por tener un modelo de juego definido. El modelo creado por Johan Cruyff y ejecutado a las mil maravillas por Pep Guardiola, el discípulo avanzado. Un canto de dioses que extasiaba a sus adeptos y atormentaba a sus rivales. Un estilo único, ganador, con unos valores más allá de lo deportivo que hacían del Barça mès que un club. Unas características únicas que están muriendo, lentamente, involucionando desde lo excepcional a lo banal. Tan solo resucitadas para grandes ocasiones por genios, genios caducos que algún día, desgraciadamente, no estarán, llamados Leo y Andrés.

Un estilo donde la posesión de pelota y el juego ofensivo son actores principales. Buscando siempre la portería contraria, presionando lo más cerca de ésta posible en caso de pérdida, cocinando las jugadas a fuego lento en el mediocampo, la sala de máquinas, con el 4-3-3 por bandera y la cantera como principal fuente de jugadores. Chicos jóvenes, con ganas de comerse el mundo que llevan el estilo en el ADN. Crear jugadores adecuados a tu estilo, un estilo cuasi indefendible, por lo que nunca morirá. La clave del éxito del mejor Barça de toda la historia y uno de los mejores equipos desde que el futbol se creó en un pub londinense allá por el siglo XIX.

Desde la llegada de Luis Enrique, y no es ni mucho menos el culpable, para mí es un entrenador excepcional que se adecua a los jugadores que tiene, el Barça ha pasado de ser el equipo de los centrocampistas al de los delanteros. Normal que tengan mucha importancia, con los tres monstruos que tiene arriba, pero que el día que no estén, especialmente el ‘10’, tendremos un problema y Houston igual no es capaz de ayudarnos. Que no derive esto en una reflexión sobre el estilo, ese es un tema mucho más complejo que necesitaría de varias tomas enciclopédicas para tratarse, por expertos, y nunca desembocaría en acuerdo, sino un análisis de cómo la cantera culé va perdiendo fuerza e importancia año tras año.

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La generación de oro no se va a volver a producir en La Masía. Es obvio. Muhammad Ali o Michael Jordan no se repetirán jamás. Messi tampoco. Y si además es coetáneo de Magic Johnson o George Foreman -por continuar el símil-, la superioridad es abismal. Xavi, Messi e Iniesta a la vez no volverán a producirse. Seguramente ni por separado. Por lo que noches como la final de Champions de Wembley ’12 o el 5-0 al Real Madrid no se repetirán. Al menos en forma, que si es posible en resultado. Pero La Masía no solo ha producido genios. Jugadores como Pedro o Jordi Alba son secundarios de lujo que permiten precisamente a los genios brillar. Y no son producto de un día. Hubo alguien que tuvo que poner a Pedro o Busquets cuando no eran conocidos y pulirlos hasta hacer aflorar el diamante. Y si ese genio, de los banquillos en este caso, tampoco está, porque solo habrá uno, bueno dos; Pep y Johan, la tarea es doblemente complicada.

La cantera culé ha seguido produciendo futbolistas válidos para el primer equipo azulgrana. Por poner varios ejemplos. En los últimos años el Barça ha fichado, y no baratos precisamente porque este club no se caracteriza por ser un genio de las finanzas, de ahí la importancia de la cantera, a jugadores para aumentar la profundidad de plantilla como Alex Song, Lucas Digne, Mathieu o André Gomes porque rindieron en otros equipos pero que no conocen la filosofía del Barça. Oriol Romeu, Grimaldo, Bartra o Thiago tienen calidad suficiente para desempeñar ese rol y sin pagar millonadas. Pero el entrenador ha de confiar en ellos, sino es imposible. Un chico de 18 años, salvo que se llame Leo, no va a ser un crack desde el primer entrenamiento.

Entonces, ¿cuál es la solución? O seguir trabajando y confiando en el estilo “sin importar” los resultados -entiéndase que ganar es el único objetivo de un club grande, pero el Barça del sextete perdió en Soria y empató contra el Racing en sus dos primeros partidos, paciencia-, o se cambia levemente el estilo, se hace más resultadista y se invierten cantidades por encima de los 50, 60 o 70 millones para contratar estrellas consagradas. Ambos son totalmente válidos y te llevan al mismo camino, la victoria, porque el Barça es un club gigante y si no gana un año lo hará al siguiente. Pero no se puede pretender acabar la Maratón de Boston saliendo a correr al trote diez minutos al parque de debajo de casa dos días a la semana. El que algo quiere, algo le cuesta, y el Barça ha sido especialista en trabajar y tener paciencia con los canteranos. Algunos, los más nostálgicos, creemos que es posible volver a brillar de esta forma y compaginar el hecho de fichar estrellas únicas de fuera; como Neymar, Luis Suárez, Eto’o, Ronaldinho, Henry con estrellas fabricadas en casa, como Pedro, Piqué, Busquets, Valdés, Puyol, Jordi Alba…

Un ejemplo de alineación que saldría con futbolistas criados en La Masía que no triunfaron en el Barça en los últimos años. ¿Ninguno de ellos es válido para el primer equipo? ¿Ni tan siquiera con un rol secundario, para aportar frescura y profundidad desde el banquillo? Permítanme que lo dude.

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