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‘La Masia’ mira hacia atrás con nostalgia

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El Barça siempre se ha caracterizado o, como mínimo, hasta hace unos años se caracterizaba por anteponer la cantera a la cartera. El propio Josep María Bartomeu hizo bandera de ello en las pasadas elecciones. Sin embargo, la realidad a día de hoy es que la cantera blaugrana no pasa por su mejor momento y necesita redefinirse con urgencia. Mucho talento, tanto en el ámbito futbolístico como en el apartado de entrenadores, se ha marchado en los últimos años sin que nadie hiciese mucho por evitarlo. La llegada, además, de cracks internacionales al primer equipo, como Mascherano, Bravo, Rakitic, Suárez o Neymar, han dificultado mucho que gente de la casa cuente con oportunidades reales en la primera plantilla. La sanción de la FIFA y el descenso, la temporada pasada, del filial fueron las gotas que colmaron el vaso. “Siete juicios, La Masía no existe, Unicef no existe… yo digo que había unos valores en 2010 y ahora no”, sentenció Johan Cruyff.

Es importante a la hora de analizar La Masía realizar un pequeño inciso: la formación de los niños/jóvenes es más relevante que los resultados deportivos. Si nos fijamos en esto último, por ejemplo, repetir los éxitos de la temporada 2013/14 era prácticamente imposible: se lograron 13 de las 14 ligas que se jugaron, además de 3 Copas Catalunya, y el “B” terminó en una meritoria tercera plaza en la Liga Adelante. Ese no es el problema y solo hay que ver los torneos de los más pequeños para comprobar como la idea futbolística la tienen más que asumida. El problema va mucho más allá que eso.

Actualmente, los niños/jóvenes están más consentidos que nunca; no en La Masía, pero sí a nivel general. Desde bien jóvenes se les hace un contrato profesional y hay quiénes suben al filial con fecha de caducidad, al saber que al año siguiente estará con el primer equipo por que el contrato así lo establece (caso Halilovic). Esto provoca que el “B” pase a ser un equipo de pasada y los jugadores se dejen ir. A ello ha contribuido esta temporada la sanción de la FIFA que provocó que jugadores importantes se creyesen que al año siguiente tendrían sí o sí ficha de la primera plantilla (caso Samper o Adama).

Por si esto fuera poco, cuando llegan al primer equipo muy pocos cuentan con oportunidades. Desde la llegada de Rijkaard tan solo Messi (2005/06), Bojan (2007/08), Pedro y Busquets (2008/09), Montoya y Thiago (2011/12), Bartra (2012/13), Sergi Roberto (2013/14), Rafinha (2014/15; tras un año en el Celta), y Munir y Sandro (2015/16) han tenido cierto protagonismo en el primer equipo tras subir del filial. Y, de ellos, tan solo Busquets, Pedro y Messi han sido piezas fundamentales. Otros, como Piqué, Alba o Cesc, también regresaron al Barça tras marchar de La Masía de pequeños y probar suerte en otros clubs. Jugadores como Valdés, Puyol, Xavi e Iniesta ya estaban en el primer equipo antes de que llegara el holandés.

El paso de los años, la llegada de cracks internacionales – con el objetivo de mantener el nivel de la plantilla y optar año tras año a todos los títulos posibles – y la consecuente falta de oportunidades para los canteranos, ha provocado que futbolistas como Montoya, Cesc, Thiago, Deulofeu, Tello, Bojan o Pedro, por citar algunos, hayan tenido que cambiar de aires.

Actualmente, en condiciones normales, únicamente Piqué, Alba, Busquets, Iniesta y Messi tienen lugar en el XI de gala. A simple vista, la cifra no está mal (5 de 11), pero lo que sí resulta preocupante es lo que viene detrás: se hace difícil de imaginar que los Roberto, Bartra, Munir o Sandro cuenten con oportunidades en el futuro.

Atrás queda la época de Guardiola en la que el Barça jugaba con 6, 7 u 8 jugadores de la casa la mayoría de partidos, finales incluidas, y siempre tenía alternativas en el banquillo. En la memoria de todos los culés quedará, por ejemplo, ese 10 de enero de 2011 cuando Messi, Iniesta y Xavi completaron el Top 3 del Balón de oro. O el 25 de noviembre de 2012, día en el que, tras la lesión de Alves, Tito Vilanova introdujo a Montoya y completó un XI de jugadores de La Masía: Víctor Valdés; Martín Montoya, Gerard Piqué, Carles Puyol, Jordi Alba; Sergio Busquets, Xavi Hernández, Cesc Fàbregas, Pedro Rodríguez, Lionel Messi y Andrés Iniesta. De hecho, infinitas han sido las alabanzas al modelo: Joachim Löw no dudó en afirmar, tras perder en las semifinales del Mundial de Sudáfrica 2010, que “se puede ver en cada pase, como juega España es como el Barcelona juega. Difícilmente pueden ser derrotados, son extremadamente seguros y muy tranquilos en su forma de circular el balón”; l’Équipe, por su parte, consideró en 2014 La Masía como “una verdadera fábrica catalana de campeones”, ya que aportó 43 futbolistas profesionales, 13 de ellos en la plantilla azulgrana y el resto repartidos en distintos equipos de las cinco grandes Ligas europeas esa temporada.

Por otro lado, gracias a un excelente informe del periodista Rubén Uría, sabemos que el Barça ha invertido 705.5 millones de euros en las últimas 8 temporadas; eso significa que, tras obtener 329 millones en traspaso, el club se ha gastado un total de 376.5 millones de euros en reforzar al equipo y mantener el nivel. Eso es 83.7 millones menos que el Real Madrid en el mismo periodo, aunque entra dentro de lo lógico y normal, ya que el conjunto blanco apenas apuesta por la gente de la fábrica. El problema es que ese dinero invertido se ha convertido en una barrera complicada de traspasar para los jugadores de la cantera: siempre tienen a otros por delante de ellos.

En definitiva, a medida que el Barça se ha ido globalizando, el peso de los canteranos ha ido perdiendo fuelle, cosa que no parece que vaya a cambiar a corto plazo. Es más, probablemente, la cosa ira a más.

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