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La mano dura de Wenger se instaura en el Arsenal

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Esteban GÓMEZ – Toda organización debe mantener unos mínimos de orientación y orden para que su funcionamiento sea el más cercano al perfecto, para que todo fluya en una corriente cercana a lo productivo. Evidentemente, cuando se trata de un conjunto de personas debe aparecer la figura de una persona que adquiera poderes de control sobre el resto, ya sea a nivel intelectual, psicológico, dentro de unos márgenes lógicos.

Aparecerán pronto términos como "jefe" o "líder". Dos palabras que muchas veces, demasiadas, tienden a la similitud, a tratarlas como iguales, mientras que su significado no precisamente debe ser el mismo. Siempre se tenderá a ver un jefe como alguien que impone unas decisiones, que impone un ritmo de trabajo, y evidentemente esas imposiciones acabarán afectando a sus subordinados. Sin embargo, cuando se trata de un líder, aparece la figura de alguien que emocionalmente es el representante de un grupo determinado, el que motivará a la consecución de un objetivo.

Arsene Wenger debe dar pocas explicaciones en el Arsenal. Su andadura en el conjunto de Londres dura ya 17 temporadas, con su estado destacado dentro del fútbol inglés. Tiempo suficiente para que tenga el mando total de la parcela deportiva, en la toma de decisiones, en la lista de necesidades temporada tras temporada. El técnico francés es el auténtico líder del club, sin lugar a dudas.

Tras unos años en los que la figura del técnico francés era relacionada directamente con la filosofía de jóvenes valores dentro del fútbol (sirvan de ejemplo los Cesc Fàbregas, Wilshere, Walcott o Chamberlain), el conjunto Gunner ha entrado en una dinámica de resultados cada año en la que la histórica temporada 2003/04 queda muy lejos.

En la campaña que más cerca tienen el título de sus propias manos en la última década, peleando el título junto a Chelsea y Manchester City, el técnico francés está dejando claro que en el Emirates, tonterías las justas. Wenger está demostrando tener la personalidad suficiente en su trabajo para tomar todo tipo de medidas, sean más populares o impopulares, que provoquen más o menos críticas, pero que quiere jugadores motivados, comprometidos, y sobretodo profesionales.

Las últimas semanas han tenido a Olivier Giroud como protagonista de la actualidad Gunner, pero en términos extradeportivos. Sus goles, sus partidos, no eran noticia, sino temas alejados de los terrenos de juego. Varias fotografías durante una concentración del Arsenal confirmaban que el delantero francés había mantenido encuentros cercanos con una mujer, saltándose una de las reglas de convivencia impuestas por Wenger en las concentraciones del equipo.

Desde entonces, Giroud ha sufrido dos suplencias con el Arsenal. Analizando deportivamente la situación parece una decisión que para nada llama a la lógica. El delantero galo es el máximo goleador del equipo en Premier League, con 12 goles, pero saltarse las normas impuestas por Wenger hizo que su más que positivo estado de forma quedara en nada. Tras el castigo de dos suplencias (jugando sólo 2 minutos en total en esos dos partidos) volvía a la titularidad frente al Sunderland, ante su público, logrando un meritorio doblete.

Mesut Özil saltaba la banca del Emirates en el último día del mercado de fichajes en verano, convirtiéndose en uno de los grandes traspasos, dejando el Real Madrid con destino el Arsenal. Cerca de 42 millones de euros le convertían, al mismo tiempo, en un foco de toda crítica si su rendimiento estuviese por debajo de lo esperado. Precisamente, es lo que está ocurriendo. El estado de forma del centrocampista alemán está muy por debajo de las expectativas y, tras el error desde el punto de penalti frente al Bayern de Múnich con 0-0 en el marcador (con posterior derrota por 0-2 en casa), Wenger decidió que debía descansar, o ser castigado, según se mire. Özil no fue ni siquiera suplente, sino que tuvo que ver el Arsenal-Sunderland desde uno de los palcos del coliseo Gunner.

Dos casos que dejan claramente reflejado el dominio y el poder que maneja Wenger dentro del Arsenal. No importa que sea un joven jugador (popularmente estimado como de fácil solución) o un futbolista importante (vital para el equipo). Si rinden por debajo de lo esperado o tienen alguna conducta que no es la esperada, se toman medidas, sin importar consecuencias, sin importar su  status.

La mano dura de Wenger, en una de las mejores temporadas del equipo que se recuerdan en la última década, hace acto de presencia. El técnico francés ejerce de jefe, de dominador del club en la parcela deportiva, y jugadores como Giroud o Mesut Özil en las últimas fechas ya han sufrido sus medidas.

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