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La maldita vida futbolística de Wolfram Wuttke

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El pasado domingo nos despertábamos con la triste noticia del fallecimiento de Wolfram Wuttke. Poco antes de las 5 de la madrugada su corazón dejó de latir en un hospital de Lünen, una pequeña y desconocida ciudad de Renania del Norte-Westfalia, en el que había sido ingresado unos días antes tras sufrir una cirrosis hepática. No pudo superar el coma en el que cayó debido al mal estado en el que se encontraban varios de sus órganos como consecuencia, probablemente, del cáncer de mama que padecía desde el año 2000.

Para quienes tuvimos la fortuna de seguirle prácticamente durante toda su carrera, no hay duda de que se fue para siempre un genio del fútbol. Nunca será recordado por sus títulos ni por las gestas realizadas en algunos de los grandes clubes europeos, simplemente porque en su carrera nunca hubo ni lo uno ni lo otro. Tuvo la oportunidad de haberlo hecho y sus condiciones futbolísticas de sobra se lo hubieran permitido, pero Wuttke simplemente optó por ser él mismo. Su carácter difícil le convirtieron en un jugador siempre complicado de llevar y al que los problemas, si no los buscaba, le venían solos.

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Nacido hace 53 años en Castrop-Rauxel, a orillas del Ruhr, comenzó a jugar al fútbol en uno de los equipos locales hasta que, con 15 años, el Schalke 04 se fijó en su inmenso talento. Su progresión fue meteórica. Con penas 18 ya estaba debutando con el primer equipo minero en un partido de la DFB Pokal y, apenas tres semanas más tarde, lograba marcar su primer gol en la Bundesliga. Corría la temporada 79/80 y su nombre comenzaba a sonar con fuerza en el panorama nacional. Aquel año se asentó entre los profesionales, disputando nada menos que 32 partidos de liga, pero la delicada situación financiera del Schalke obligó a su traspaso al Borussia Mönchengladbach en diciembre de 1980.

Cuando íbamos a correr al bosque con el preparador físico, solía esconderse para escaquearse de entrenar. Finalmente le pillaron y Heynckes le obligó durante una semana a salir a correr solo conmigo” (Wolf Werner, ayudante de Heynckes)

De la mano de Jupp Heynckes seguiría su camino ascendente, convirtiéndose en una buena alternativa dentro de una plantilla altamente competitiva. Tuvo la oportunidad de jugar mucho (58 partidos) y de mostrar sus condiciones para el juego de ataque (9 goles), si bien ya comenzaba a dar muestras de su carácter rebelde, lo que la trajo más de un problema con su técnico. La situación finalmente derivó en un regreso al Schalke 04 en diciembre de 1982. El conjunto de Gelsenkirchen se encontraba inmerso en la lucha por la permanencia, y a pesar de la magnífica aportación de Wuttke (7 goles en 16 partidos), aquella campaña tampoco pudieron evitar el descenso.

Sus actuaciones individuales no pasaron desapercibidas para otros clubes. El HSV, que venía de lograr un espectacular doblete Bundesliga-Copa de Europa en 1983, se había deshecho de su pareja atacante Hrubesch-Bastrup y necesitaba encontrar reemplazantes adecuados. Los elegidos resultaron ser Dieter Schatzschneider (Fortuna Köln) y el jugador que hoy nos ocupa: Wolfram Wuttke. Y a orillas del Elba regresaron los problemas, en este caso con un técnico duro y exigente como Ernst Happel, que no toleraba que un jugador, por mucha calidad que tuviese, no trabajase cada día al 100%. En Hamburgo dejaría una aceptable tarjeta de visita de 15 goles en 58 partidos, unida a la sensación de que las expectativas depositadas en él no se habían cumplido. Además, Happel no quería saber nada más de aquel “enfant terrible” al que las multas y otras sanciones disciplinarias no terminaban de meter en vereda.

 

Günter Netzer, que por aquellos años era el manager del HSV y responsable de su fichaje, llegó a declarar en la cadena ARD que Wuttke es uno de los jugadores alemanes más talentosos de todos los tiempos, pero su carácter le va a impedir tener una carrera exitosa. En noviembre de 1985 se marchó cedido al Kaiserslautern, donde su técnico Hannes Bongartz retrasó su posición de delantero para convertirle en el encargado de llevar la manija del equipo en la parcela ancha. Su protagonismo y consecuente rendimiento mejoraron tanto que acabó siendo llamado para jugar con la Mannschaft, si bien solo vestiría en cuatro ocasiones la camiseta nacional (“Prefiero cuatro partidos a buen nivel antes que cincuenta de los que nadie se acuerde…”).

Sin embargo, para un jugador como Wuttke era imposible que lo bueno durase demasiado. Las magníficas actuaciones con el 1.FCK, su debut internacional con la selección absoluta y su presencia en los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988, donde rayó a un gran nivel y logró la medalla de broce, dieron paso a nuevos problemas. Tras la marcha de Bongartz, la relación con los nuevos inquilinos del banquillo del cuadro de Renania-Palatinado (Josef Stabel primero y Gerd Roggensack después) volvió a enquistarse. Wolfram perdió la ilusión y el fútbol dejó de ser lo más importante. Sus actuaciones en el terreno de juego se volvieron insustanciales.

Es imposible que haya estado en la Fiesta del Vino. Todo el mundo sabe que yo solo bebo cerveza” (Wolfram Wuttke)

En la temporada 89/90 fue apartado del primer equipo por el Kaiserslautern después de jugar 112 partidos y marcar 32 goles. La única salida era hacer las maletas y buscar un destino en el que poder reencontrarse con el fútbol. De esa manera le llegó una oferta para jugar en la segunda división española con el Español de Barcelona, con el que logró ascender a la máxima categoría y disputar una campaña en Primera División. Apenas fueron 37 partidos (12 goles) los que jugó con la camiseta de los periquitos, pero su inmensa calidad y muchos de sus increíbles tantos tardarán en ser olvidados por los aficionados que le disfrutaron en el viejo estadio de la Avenida de Sarriá.

Ya con 31 años regresaría a Alemania para militar una última campaña en el 1.FC Saarbrücken. Allí tuvo la fortuna de coincidir con Peter Neururer, otro de los pocos entrenadores que supo amoldarse a la manera que tenía Wuttke de entender el fútbol. Sin embargo, otra vez el destino le depararía una nueva fatalidad: después de jugar 23 partidos con los del Sarre, se rompió el hombro y tuvo que abandonar el fútbol tras ser declarado inválido para la práctica deportiva.

Fue una figura trágica. Tenía clase y talento para haber jugado 100 partidos con la selección. Dios le regaló todo lo que un futbolista necesita. Su manejo de balón, su disparo y sus regates encandilaban a los aficionados, pero fuera de los campos no tenía remedio” (Peter Neururer)

Wolfram Wuttke siempre fue un fumador empedernido que tuvo, además, frecuentes problemas con la bebida. Era bien sabido que siempre llevaba algún cigarrillo metido en las medias para fumárselo a escondidas en el baño justo antes de saltar al campo. También es de sobras conocida la historia de su convocatoria para los JJOO de 1988, ya que el seleccionador alemán Hannes Löhr no las tenía todas consigo a la hora de llevarle. Fue finalmente otro jugador, Frank Mill, el que medió en el tema: Míster, tiene que convocar a Wolfram. Póngalo conmigo en la habitación y yo me encargo de vigilarle para que ni beba ni fume”.

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Además, no le gustaba entrenar, fuente perenne de problemas con varios de los que fueron sus entrenadores, y tampoco se cuidaba en exceso en lo que se refiere a su alimentación, razón por la cual siempre jugaba “pasado de peso”. En este sentido, se cuenta que Jupp Heynckes en más de una ocasión le puso a dieta cuando militaba en el Borussia Mönchengladbach. En su etapa en el HSV el austriaco Ernst Happel llegó a catalogarle de “gusano” y de “parásito”. El propio Wuttke se defendió años después señalando que “para el viejo yo solo era un gilipollas…”.

Cuando uno recuerda la vida de Wuttke siempre resulta tentador compararle, salvando las distancias, con el gran Mané Garricha. Y no solo por su vida azarosa y desordenada. También Wuttke tenía una constitución física poco agraciada: sus piernas estaban arqueadas en forma de O (como quien monta a caballo) y tenía un pie increíblemente pequeño. Sin embargo, de la ‘desgracia’ supo hacer virtud, y su cuerpo era la clave de su juego a la hora de desorientar al defensor rival con un regate o de sorprender al portero con un disparo tremendamente preciso. Wolfgang Kleff, portero y compañero suyo en Gladbach, comentó en su momento que “es uno de los pocos jugadores capaces de golpear el balón con tanta precisión casi exclusivamente con el exterior del pie. Y ello solo es posible gracias a ese pie tan peculiar que tiene”.

Y por si faltaba algo, a nivel privado la vida tampoco le sonrió en exceso a Wuttke. Una serie de malas decisiones llevaron en 1994 a la quiebra a su empresa deportiva “Wolfram Wuttke Sportline”. Por otro lado, su generosidad le llevó a prestar dinero a amigos y compañeros de equipo que nunca se lo devolvieron. Y para cerrar el círculo, fue abandonado por su mujer, con la cual tuvo un único hijo, Benjamin Wuttke, hoy en día jugador profesional de golf.

En el año 2000 le fue diagnosticado cáncer de mama, y aunque todo daba a entender que lo había superado con éxito, nunca se supo a ciencia cierta cuál era su estado real.

Wuttke nunca quiso escribir una biografía, si bien en una ocasión dijo que ya tenía pensado el título para la misma: “La maldita vida futbolística de Wolfram Wuttke”. Viendo como fue su vida, resulta evidente que ningún otro título resumiría mejor lo que fue la suya…

 

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